SE SALVÓ DEL RAYO, NO DE LA RAYA 

Por: Roberto Montoya Martínez 

LO DIJO MONTOYA en su gustada sección MERCADO DE LÁGRIMAS, presenta un episodio más de este drama de bolsillo: TOMA CHOCOLATE Y PAGA LO QUE DEBES. De la pluma austera del autor Gastón A. Varo. Si Livia brito creyó desafanarse del asunto del paparazzi, perdonen que los desmienta, pero está en un error. La suprema Corte falló en su contra, y ahora tendrá que soltar la mosca, y algo más, pues el ser famosa dejó de ser sinónimo de impunidad, y ahora más con esta renovación que se dio en la judicatura federal. No le sacó a la demandada, sino a la pagada. Pongan ojo al parche. 

Todo comenzó hace cinco años, cuando Ernesto Zepeda la retrató mientras la actriz cubana disfrutaba de lo lindo en Cancún con su entonces novio. Nomás la intérprete de LA PILOTO fue sorprendida por la lente del fotógrafo, su pareja en turno la golpeó hasta casi matarlo. Y no solo eso, le decomisó el equipo. Tuvieron que pasar tres años para que al artista de la lente le hicieran justicia. En lo que el celebra que le van a pagar hasta la risa, la señorita Brito tendrá que pagar un titipuchal de lana, tanto por despojar al señor Zepeda de sus instrumentos de trabajo, como por la lana que le hizo perder ante la falta de trabajo. Afortunadamente ya se puso a trabajar para poder pagarle a este bato, ya que de nada le servirá meter amparos y recursos legales inválidos. Ni modo mi niña. Tarde o temprano tenías que pagar el precio de la fama. 

Livia Brito se salvó del rayo, no de la raya. Ahora tendrá que becar por tiempo indefinido a Ernesto Zepeda, que ahora está que trina de alegría, pues no solo su honor está reivindicado, sino que también dejará en la vil chilla a la protagonista de AMANECER. Todo por haber golpeado y esquilmado a un hombre que solo hacía su trabajo. Con la pena Livia. O la bebes o la derramas.