SIMPLEMENTE MELITA 4° PARTE
Por: Roberto Montoya Martínez
Nos quedamos en la parte donde Melita se despide de su público, siendo ese día toda una gran fiesta. Ella se retiró en plenitud de facultades, íntegra, completita. Antes de dar lástima. Ella se mostró jovial y alegre hasta el final de la transmisión. Ahora que vive la vida serena, lejos de ir a la cabina, y disfrutando más a la familia, ella da gracias a Dios por permitirle retirarse a tiempo, sin que sus facultades fueran mermadas, ya que lo que buscaba es que la gente la recordara como lo que sigue siendo. Una mujer optimista y feliz. Vamos a la última parte de esta interesante entrevista.
ME ENCANTA ESTAR EN MODO DOÑA
“Soy una feliz ama de casa. Me encanta hacer las labores del hogar. Tengo una hija que vive en Los Cabos. Con ella estuve recientemente, allá literalmente pasé el verano, regresé hace poco, y si Dios no dispone otra cosa, regreso allá entrando el año. Con el afán de distraerme un poco, salgo por las tardes, ya sea al café, o a la iglesia, rezo el santo Rosario, es decir, darle a Dios un granito de arena por colmarme de bendiciones, y no solo a mí, sino también a la gente que quiero”.
ESTE FUE MI ADIÓS
“El movimiento de mi retiro estuvo fríamente calculado. Hubo colegas que tomaban a broma lo de mi retiro del ambiente, pero les tapé la boca cuando el mes de noviembre de 2015, el sindicato mandó a la empresa mi solicitud de retiro voluntario de la industria. Hasta entonces me creyeron, al grado de que ellos comentaban que nunca se había dato un retiró de forma semejante. Mi hija y un amigo decoraron la cabina pusieron en diversos idiomas la palabra Éxito y su significado, cosa que atrajo la atención del Ingeniero Rafael Borbón. La gente se desbordó, una estilista fue a arreglarme a la cabina, en lo que yo trabajaba ella me estaba arreglando. El encargado de Bocadillos Castro, se ofreció a llevar el ambigú, llevando a los estudios diversos bocadillos, de costa rica me trajeron un pastel con la forma de un monitor de radio y un micrófono, en fin. Más agasajada, imposible. Tuve siete pasteles, ramos de flores hasta para tirar arriba, ¡Híjole! Como dijera el Perro Bermúdez, estuvo versallesco. Me estuve despidiendo del público de las 9 a.m. hasta las 7 p.m. Se armó la pachanga en cabina. Una despedida kilométrica. Digna de Ripley”.
VALE MÁS DECIR AQUÍ CORRIÓ, QUE AQUÍ QUEDÓ
“Enrique Torres, ejecutivo de Radiorama me decía -Para qué se va Melita, si todavía tiene jicamo, enjundia- Yo le respondí que precisamente por eso me marchaba, para disfrutar de la vida, recorrer el mundo, darle más tiempo a mi familia por los años que estuve alejada de ellos por cumplir con mi deber. Igual Ramón Pérez, secretario general del Stirtt, trataba de disuadirme, pidiendo que me esperara para poderme ir con el 100% de los ahorros acumulados durante toda mi vida laboral, y yo le respondí que en ese lapso pudieran suceder muchas cosas, y puse en duda el llegar a ese momento, porque siempre así pasa, que muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia el retiro. No olvidemos al Negro Valdivia, que justo partió cuando tramitaba su retiro. Uno propone, pero Dios dispone, y yo si tengo temor de dios, por eso insistí en retirarme, y lo logré. Cuando dejé los micrófonos tenía la friolera de 62 años. Para el efecto recibí el 75% de lo que ahorré durante muchos años de darle a la talacha”.
PÉRDIDAS IRREPARABLES
“He visto partir a muchos compañeros muy queridos. Ya citamos al Negro Valdivia, a mi querido “Pilo” Espinoza que se fue en pandemia, Doña Maggy que falleció también en ese periodo, Rossy Medina que murió mientras estaba yo de viaje en Puerto Vallarta. Montijo fue quien me avisó que ella estaba muy mal y que era cuestión de tiempo para que partiera, tenía cáncer. Quien también me pesó que se marchara fue Jesús Aguilar Padilla, que empezó muy chavalo en este negocio. Se ha ido tanta gente muy querida mientras estaba en Cabo San Lucas. Te puedo citar a Juan Castaños y Humberto Astorga, ellos partieron mientras estaba con mi hija. Déjame que te cuente limeño. En 2019 fue a dejarle una camioneta a mi hija, íbamos por el rumbo de Topolobampo cuando me enteré de la muerte de Ángel Martínez, que era operador de consola en XENW. Otra muerte que me pesó en el alma fue la de Manuel Apodaca. Él falleció justo el día en que iba a partir a Los Cabos. Me resistí a creerlo. Un hombre tan sano, tan fuerte, en fin. A todos se nos pinta la raya, y al chino le tocó que le bajaran el switch. Solo Dios sabe por qué hace las cosas, y si fue su voluntad llevárselo, lo tenemos que aceptar”.
La voz de Melita no se ha apagado. Simplemente está retirada del servicio activo. Después de 41 años de actividad, la alegre señora Ibarra dejó las cabinas para dar paso a la juventud, teniendo por patrimonio sus recuerdos. Aunque se la pasa más en Los Cabos que en Culiacán, mantenemos la comunicación. Ella sigue siendo más rápida que una bala, más fuerte que un huracán, y puede saltar edificios altos de un solo brinco. No es SÚPER CHICA. Es simplemente Melita.
