DOMINGRILLA
¿Quién está decidiendo candidaturas?; las frases del presidente; otro uso deshonroso a expriístas
Por Francisco Chiquete Cristerna
Desde Mazatlán, Sinaloa
Desde Mazatlán, Sinaloa
¿El presidente aún está a cargo de los detalles en el manejo del partido?
Sinaloa podría ser el ejemplo de que las cosas ya cambiaron. La famosa lista que no resultó tan lista fue sacudida como si hubiese sido una ocurrencia de las autoridades locales, y no algo autorizado desde arriba.
Las cosas en Morena están lejos de quedar resueltas. El grupo fundamentalista que se lanzó a la revuelta está dispuesto a llevar las cosas al extremo, porque creen que en la otra lista, la de candidatos locales, pueden alcanzar cambios que les beneficien, porque en la de candidatos a diputados federales se vieron satisfechos con el tropezón de las propuestas del gobernador, pero a ellos no les dieron espacios, sólo vieron cómo las candidaturas cambiaban de manos.
Aunque los rumores vienen y van, a estas alturas la única novedad que de aparecer es la del segundo distrito, para el que se maneja la posible postulación del alcalde ahórmense Gerardo Vargas Landeros, quien se consideraba más que amarrado para la reelección.
Graciela Domínguez Nava es la única sobreviviente del primer círculo rochista. Ella va por el primer distrito, que hace tres años fue ganado de calle por la coalición morenista pero que hoy está considerado dentro de una zona de alto riesgo electoral.
Fernando García, en el tercero, responde al Partido del Trabajo, que peleó con todo por dos espacios, pero sólo consiguió este.
En el cuarto aterrizó Felícitas Pompa, de muy escasa presencia y conocimiento, pero que originalmente había sido beneficiada con la precandidata a la alcaldía de Guasave, para cumplir el trámite de la equidad de género.
Para el quinto distrito hubo una reubicación muy sensata: Jesús Ibarra fue puesto ahí, sacándolo del sexto, donde no lo conocían ni los cobradores. Ibarra presume que debe la posición al dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, no a las instancias locales.
En el sexto revivieron a doña Olegaria Carrasco, quien va por su tercer periodo consecutivo. Ya había quedado fuera, pero aparentemente no tuvieron a nadie más a la mano. Al parecer Mario Delgado volvió a hacer de las suyas.
En el séptimo apareció Merary Villegas, quien inicialmente fue colocada en el quinto. La señora Villegas encabeza la rebelión. Ha sido la activista que lleva y trae inconformidades ante el comité nacional, pero ya no es tan frontal en su trato el gobernador, de modo que en algún momento llegó a pasar por aliada o al menos como negociadora.
Si la lista original fue negociada con el presidente o con sus operadores directos, ya se ve que no funcionó. La pregunta es si se están aprovechando los espacios que deja la sucesión, o ya hay capacidad de desobediencia aprovechando que “ya se va”.
LAS ÓPTICAS DEL PRESIDENTE
Durante dos semanas el hastag más destacado fue el que rezaba “narcopresidente” que por supuesto irritó al primer mandatario de la. Nación. El siguiente asunto de escándalo fue el paro nacional de transportistas, que extrañamente también generó enojos en Palacio.
López Obrador sostuvo que la acusación tan recurrente en redes (usada más de 300 millones de veces), es producto de los bots que pagan sus enemigos políticos. De la protesta en las carreteras sostuvo, como hace muy frecuentemente que se trata de politiquería, que los contrincantes (otra vez) quieren desprestigiar a su gobierno y al movimiento que encabeza, por la sencilla razón de que estamos en campaña electoral.
La verdad es que el término “narcopresidente” sí tuvo mucho éxito. Probablemente su incidencia en redes fue mayor porque los contrincantes en efecto, le metieron dinero y lo hicieron circular con una fuerza mayor de la que normalmente podía tener.
Pero en el caso de los transportista ni cómo atender la proclama presidencial. Cincuenta asaltos diarios en las carreteras del país, 19 choferes asesinados y millones y millones de pesos en pérdidas son imposibles de disimular.
El presidente dice que se ha platicado con los afectados, que hubo una mesa de diálogo con sus representantes, pero eso no resuelve nada. Desde hace años los asaltos se dan en los mismos tramos carreteros y no hay quién ponga un operativo especial de vigilancia o por lo menos genere un escándalo disuasivo.
A estas alturas es inútil que el presidente o alguien del gobierno pretenda ocultar o disimular los hechos de sangre, o el clima de inseguridad que se vive en muchas regiones del país. Su versión de que los desplazados por la violencia en Chiapas no son un número significante es francamente ofensiva. Por pocos que fueran, no se les puede calificar de insignificantes. Los propios organismos oficiales hablan de diez mil personas.
El presidente inició su sexenio culpando a los antecesores de todos problemas con los que se topa su gobierno. Conforme avanzó el tiempo, fue incorporando otras muletillas, de entre las que destaca la de sus contrincantes como incitadores de todo mal y precursores de todo fracaso gubernamental. Lo curioso es que la culpa de los anteriores no ha desaparecido, pese al paso del tiempo. La culpa de los anteriores sigue firme en todos los niveles de la cuarta transformación.
Pero hubo otra expresión presidencial que fue bien recibida, a pesar de lo francamente peligrosa que es.
Alguien le preguntó a AMLO si respetaría el resultado electoral en el caso de la Presidencia aún cuando no ganara su partido. Claro que sí, si así lo decide el pueblo, dijo. Hubo quienes no le creyeron, pero le dieron por buena la respuesta.
El problema está en la parte que dice “sí así lo decide el pueblo”. ¿Quién establece que en efecto, así lo decidió el pueblo? Tendría que ser el INE, pero normalmente, tras cada elección en que ha participado, es el propio López Obrador el que determina si a victoria fue real o fraudulenta. Y encima usa su típico tono burlón para citar a Chava Flores “¿a qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
¿TAMBIÉN POR LA DE PRIMERA MINORÍA?
La aparición de Jesús Estrada Ferreiro como posible candidato del PT al Senado de la República ha echado a andar las especulaciones. Se habla de que por esa vía se buscará ganar también el escaño correspondiente a la primera minoría, dando por descontado que las dos de mayoría relativa corresponderán a Morena.
Por si fuera poco, se habla de que Jesús Valdez iría también como candidato a senador pero por el partido Verde.
Dejar al partido de origen por mal trato, por falta de oportunidades, por desacuerdos, es muy válido, lo mismo que ir a otro lado a buscar mejores destinos, más cuando hay interés de la contraparte, pero es el colmo permitir que se les use para tareas tan deshonrosas, sobre todo cuando antes fueron exhibidos y despreciados.
Por lo demás, si de veras existe esa intención, o por lo menos la de restar votos a la oposición, hay que remitirse a la explicación que dio el gobernador para explicar su discrepancia con el Partido del Trabajo: quieren dos posiciones en el estado, cuando tienen sólo el 0.5 por ciento de las simpatías (entre el electorado). Y el Verde debe andar por las mismas, si acaso un poco más, muy poquito.
¿Qué les puede dar entonces esa estrategia, que además los exhibe?
