UNA RETIRADA A TIEMPO ES UNA VICTORIA
Por: Roberto Montoya Martínez
Bien es cierto que nada es para siempre, y que, como todo en la vida, lo que empieza termina. Tal es el caso de una relación por demás tormentosa, donde hubo engaño mentira, maldad y falsedad. Una pareja bien avenida en otros tiempos, se convierte ahora en estadística, gracias a un macho alfa que se sonó a su mujer, y cuyos abusos fueron del conocimiento público gracias a una señal de auxilio. Eso es lo que pasa por andar besando sapos. Pongan ojo al parche.
El pasado 8 de agosto presente lo tengo yo, en un juzgado capitalino, Alicia Villarreal se divorció. La cantante regia puso punto final a la historia que escribió con Cruz Martínez, que le salió lo “hombre” por ejercer violencia doméstica. La güerita consentida tomó esta drástica decisión, porque no iba a permitir que ese tipejo con ribetes de pachuco, le volviera a poner la mano encima. La señal de socorro que ella hizo en una de sus presentaciones fue el principio del fin de un matrimonio que terminó siendo una pésima parodia de EL SEÑOR Y LA SEÑORA SMITH. El ex colega de A. B. Quintanilla tuvo que apechugar, pues la gente se le echó encima en redes sociales, propiciando su cancelación por violento. Por dársela de muy “hombre” le va a salir caro el chistecito, pues, aunque no quiera, la ley le exigirá que repare su falta, aunque sea a punta de billetazos. Que de perdida le pague al dentista. Alicia demostró que donde hay violencia y rencor, en un castillo no se puede a fuerza estar. Todo con amor se puede construir, pero si uno de los dos va a andar echando brava, un adiós hay que decir.
Una retirada a tiempo es una victoria. Alicia recupera la paz del alma, y eso no se compra con dinero. En cambio, Cruz Martínez recibió de su ex esposa un pase para que aborde el Ypiranga para que se vaya a la porra por ser un mal hombre. Tan ruin es su alma que no tiene nombre. Aquí se vuelve a demostrar que hasta los matrimonios más sólidos tienen fecha de caducidad, sobre todo si la violencia hace su aparición en escena. Cruz Martínez olvidó esta premisa: A una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa.
