PARA CONOCER A ANDRÉS, BASTA CON VIVIR CON ÉL UN MES
Por: Roberto Montoya Martínez
LO DIJO MONTOYA, en su sección estrella MERCADO DE LÁGRIMAS, presenta un capítulo más de LA CÁSCARA GUARDA EL PALO. De la autoría de Johnny supe. Ana Bárbara ya conoció a quien fuera su mariachi. Se le cayó la venda gracias a unas grabaciones que se filtraron, donde el amigo mostró su verdadera faz. Este compa enseñó muy pronto el cobre. Sin embargo, nunca es tarde para levantarse después de caído. Bonita sabandija metió a su casa. Pongan ojo al parche.
Ángel muñoz no hace honor a su nombre, es el mismísimo diablo. Adriana Toval, amante del susodicho, dio a conocer los audios de la conversación que tuvo ella con él, donde cínicamente dio a conocer sus siniestras intenciones. Este señor, de alguna forma hay que llamarlo, hizo público su propósito, no solo de separarse de la reina grupera, sino que piensa cobrarse a lo chino por el tiempo que estuvo con la cantante. Al filtrarse esta información, Ana bárbara cayó en cuenta de que fue engañada, estafada, burlada, timada, y si se deja, en poco tiempo robada. Le vieron la cara. Pero lejos de arredrarse y ponerse a llorar, sacó del archivo un viejo clip, donde cita una canción de Juan Gabriel que en una de sus partes dice: Sé bien que los dos se entienden, que los dos se ríen de mí. Creen que no me daba cuenta, pues ya ven que no es así. No es por nada, pero esta culta dama perdió sin querer lo mejor que tenía por culpa de este bato, que bien sabía lo que estaba haciendo. Al final enseñó muy pronto el cobre. Ya ni llorar es bueno.
Para conocer a Andrés, basta con vivir con él un mes. Pero Ana Bárbara le bastaron dos años para percatarse de que el dizque hombre que escogió como marido le salió golfo y canalla. Esta clase de vividores conocen bien a sus víctimas, y la reina Grupera resultó ser un pichón que cayó en las garras de ángel muñoz, cuyo divorcio le va a salir caro, pues el compa no se piensa ir con las manos vacías. Aprovechado y cínico como él solo. Que disfrute lo robado, pero que no olvide, lo que siembra algún día cosechará. Ay Ana Bárbara. Tantos años de marquesa y no saber mover el abanico.
