Agenda Política
MILLÁN-AGUILAR-ABRAHAM Y LA LUCHA POR LA SUCESIÓN EN 2010
– Jesús Aguilar Padilla «incumplió un compromiso», sostiene Francisco Arizmendi.
– Lo de MaLoVa, para impedir el arribo de Vizcarra al gobierno.
– «Será uno de los dos y si no se pelean serán los dos…».
– Un sólido grupo, roto por ambiciones políticas y la lucha por el poder.
Jorge Luis Telles Salazar
El compañero y amigo Martín Mendoza Flores, columnista estelar de la cadena regional de periódicos de El Debate, dio la primicia en torno al inminente nombramiento del doctor Gonzalo Armienta Calderón como secretario general de Gobierno, por parte del propio gobernador electo, Juan S. Millán. La nota causó escozor en las esferas políticas del estado, puesto que se daba como un hecho que la posición estaba reservada para Jesús Aguilar Padilla, uno de los hombres más cercanos al futuro mandatario sinaloense. Ya estábamos en diciembre de 1998.
Cuando le formulé a Millán un reclamo en tono amistoso y de respeto, sobre la exclusiva para Martím, me prometió:
—No te preocupes, a ti te voy a anticipar el resto del gabinete.
—¿Sí? ¿Cuándo?
—Mañana mismo. Tengo que ir a México a ultimar unos detalles. Nos vemos en el aeropuerto, a las diez de la mañana. Si te parece.
Ya en este entendido, con la adrenalina al tope y a la hora convenida, me transporté a la terminal aérea a bordo de una camioneta, conducida por Abraham Velázquez Iribe, en la que también viajaba , como pasajero, Jesús Aguilar Padilla, dos de los hombres más cercanos a Millán Lizárraga; pero que aún no recibían ninguna invitación, en ningún sentido, para incorporarse al nuevo gabinete gubernamental.
A ambos se les veía nerviosos, inquietos, expectantes y, en algún momento, hasta molestos por no conocer todavía su destino en la próxima administración , cuando la toma de posesión estaba en puerta. Cosa de días ya.
—Mira, compadre —se decían y contestaban los dos al mismo tiempo , durante el traslado—, yo sé que así es el licenciado, pero son chingaderas de su parte que a estas alturas todavía no nos diga nada. Lo que sí te preciso es una cosa: ¡o una secretaría o nada! Ya nos la hemos jugado mucho con él como para no merecer una oportunidad. Escritorio y oficina grande, no pendejaditas.
Por aquellos años, el aeropuerto de Culiacán era una cosa pequeñita, chiquitita, quizás la vigésima parte de lo que es en la actualidad, y eso que ya habían sido ampliadas sus instalaciones: los mostradores de registro, la sala de abordaje, un modesto restaurante y pare usted de contar. Es más, todavía se conserva a un lado del edificio principal.
Al llegar al destino, Aguilar Padilla y Abraham Velázquez ni siquiera hicieron el intento de descender de la unidad. Lo que querían era esconderse. Estar lo más lejos posible de la siempre inquisidora mirada de Millán. Se quedaron lejos, en el área del estacionamiento.
—Aquí lo esperamos, doctor —me dijeron—. ¡Mucha suerte!
—¿Yo qué? ¡Suerte para ustedes! —les contesté.
El gobernador electo ya estaba en el aeropuerto, con el pase de abordar entre sus manos. Solo y su alma. Con la mirada me invitó a que lo acompañara al restaurante, y ahí comenzaron los «destapes» de quienes serían sus colaboradores. Fue rápido porque la hora de partida se acercaba.
—Pues como ya sabes, el doctor Gonzalo Armienta Calderón será el secretario general de Gobierno.
—Todos ubicábamos ahí a Jesús Aguilar Padilla —le comenté.
—¿Jesús? No. En realidad, nunca pensé en él para esa posición. En mi gobierno, estará el mejor sinaloense para cada posición.
Y comenzaron a fluir los nombres de los elegidos:
Óscar Lara Aréchiga para la Secretaría de Administración y Finanzas; Jesús Vega Acuña para la de Desarrollo Agropecuario; Heriberto Félix Guerra para la de Desarrollo Económico; Víctor Díaz Simental para la de Salud; Rosa del Carmen Lizárraga para la Coordinación General de Comunicación Social…, y así, uno por uno, hasta que solo le quedaron dos nombres en la lista:
—Abraham Velázquez Iribe para la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP ) y Jesús Aguilar Padilla para la de Desarrollo Social —concluyó Juan Millán, al tiempo en que buscaba en mi cara una reacción.
Ahí terminó la conversación. El vuelo del gobernador electo estaba próximo a salir. Se despidió y se trasladó rápidamente a la sala de abordaje. El columnista, por supuesto, le agradeció la deferencia que, además de constituir material de lujo para Agenda Política, sería la nota principal —la de ocho columnas— para la edición de El Sol de Sinaloa del día siguiente.
—¿Que te lleven? ¿, Tienes o tienes en qué irte? —me preguntó.
—No gracias, traigo carro. Buen viaje, señor.
Allá, en el fondo del estacionamiento, arriba de la unidad, agazapados, ansiosos y nerviosos, me esperaban Jesús y Abraham. Aún no abordaba bien el vehículo y, ya me preguntaban:
—¿Siquiera nos dejaron algo? ¿Quedó algo para nosotros?
—Sinceramente —les acoté—, no creo que ustedes no lo sepan, si son los más cercanos a Millán. Me cuesta trabajo pensar que no estén enterados.
—Pues no. Aunque no lo creas, no lo sabemos. Se nota que no conoces al licenciado.
—Pues bueno, ambos serán secretarios: usted, Abraham, de Comunicaciones y Obras Públicas; usted, Jesús, de Desarrollo Social. No se podrán quejar, son de las dos mejores secretarías de toda la estructura del gobierno del estado.
Aquella tarde y buena parte de la noche, la celebración fue en grande , en casa del arquitecto Arturo Manjarrez, en Colinas de San Miguel, en la parte más alta de la ciudad.
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Bien. Durante el periodo gubernamental de Juan S. Millán, Jesús Aguilar y Abraham Velázquez consolidaron su cercanía con el mandatario y fortalecieron su posición como sus hombres de confianza. Tanto así que, con el curso de los años, comenzó a darse como un hecho que uno de ellos se convertiría en su sucesor. Las apuestas daban doble contra sencillo.
Hacia el 2001, Aguilar Padilla renunció a la Secretaría de Desarrollo Social, para convertirse en candidato del PRI a la diputación local por Cosalá. A su arribo al Congreso, asumió la presidencia de la Comisión de Puntos Constitucionales y la Comisión de Gobernación, por ende, y obtuvo el liderazgo de la bancada priista.
Por su parte, Velázquez Iribe, en el 2003, dejó la titularidad de la SCOP en el 2003 —en la realidad siempre estuvo detrás— para aceptar la candidatura del PRI a diputado federal por el cuarto distrito electoral federal, que incluía a Navolato y a toda la franja del Évora. Abraham, meses después, también fungió como coordinador de la fracción priista sinaloense en la cámara baja del Congreso de la Unión, frente a puros gallos de palenque.
Así , se cumplió un requisito que el PRI exigía. por aquel tiempo, para los aspirantes a la candidatura al gobierno de Sinaloa: haber desempeñado , antes , un cargo de elección popular; seguían firmes en el ánimo de Millán. Sí, más clara ni el agua de manantial. El objetivo común, sin embargo, comenzó a destruir lo que era una sólida y franca amistad.
Sobre este tema, nuestro compañero y amigo , Francisco Arizmendi Martínez, muy cercano al gobernador Millán, relata que, en cierta ocasión, cuando ya comenzaban a acercarse los tiempos de la definición, el propio Juan le confió:
—Como ya ustedes lo han escrito mucho, será, en efecto, uno de los dos será mi sucesor. Uno de ellos me lo agradecerá para siempre; el otro, me va a odiar toda su vida.
En enero de 2004 Aguilar Padilla solicitó licencia al Congreso del Estado para ausentarse de su cargo como diputado local, y su lugar , en la coordinación de la Cámara, lo ocupó el diputado Francisco Javier Luna Beltrán. Ya no había dudas, era el «bueno».
—¿Entonces el que lo va odiar toda su vida va a ser Abraham Velázquez? —le preguntó Pancho Arizmendi a Millán Lizárraga.
—Bueno, depende. Ahorita es uno. El otro también puede serlo. Y si no se pelean entre ellos, cada uno, en su tiempo, será gobernador. Es un compromiso sellado.
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Y bueno. Abraham Velázquez se separó de su cargo como diputado federal en la primavera de 2004 para convertirse en el coordinador general de la campaña política del candidato gubernamental Jesús Aguilar Padilla. Este cargo lo desempeñó hasta el final de la campaña, a pesar de haberse encontrado con muchas piedras en el camino. Uno deseos escollos, lo fue , Rafael Oceguera Ramos, una especie de subcoordinador, con un buen número de facultades y atribuciones, por cierto, más que la del propio Abrahám.
Al arranque de la administración de Aguilar —tras el veredicto en su favor por parte del tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación—, Velázquez Iribe volvió a la SCOP , y Oceguera Ramos fue nombrado secretario general de Gobierno. La posición de Abraham era buena para aspirar de nuevo a la candidatura gubernamental, tal y como era el planteamiento de Juan Millán. Incluso, cuando los tiempos se le vinieron encima a Jesús Aguilar, incluyó a Abraham en una lista de cinco aspirantes a su propia sucesión. También estaban ahí los nombres de Jesús Vizcarra Calderón, Mario López Valdez, Aarón Irizar López y Óscar Lara Aréchiga. Y a los cinco, según parece, Aguilar Padilla les dio la misma indicación:
—Uno de ustedes será el candidato. A partir de hoy están en libertad de hacer el juego que consideren conveniente. El mejor posicionado, de aquí a la fecha, será el elegido.
Sin embargo, cuenta Francisco Arizmendi que «Juan Millán advirtió, desde el principio, que Jesús Aguilar no estaba en la mejor disposición de cumplir el compromiso, al inclinarse, gradualmente, del lado de Jesús Vizcarra, cosa que comenzó a ser notoria no solo en las esferas políticas del estado, sino también en los medios de comunicación.
«Millán no estaba con Mario López Valdez —agrega Arizmendi—, sino del lado de Abraham, pero las circunstancias del momento lo orillaron a pronunciarse por Malova, a tal grado de impulsarlo por una alianza opositora para frenar los planes de Aguilar, por su incumplimiento a un pacto de amigos y caballeros. Fue tanto el encono por la actitud de Aguilar, que si se inclinó por Mario fue precisamente porque este ofrecía mejores condiciones para impedir el arribo de Vizcarra al gobierno del estado».
Lo anterior trajo como resultado un serio quebranto en la salud de Abraham Velázquez, que terminó por sacarlo de la competencia, aunque mantuvo una línea institucional y redondeó los seis años de Jesús como titular de la SCOP , su relación con Aguilar nunca volvió a ser igual. Y la de Millán con Aguilar, tampoco. Evidentemente hay un antes y un después.
Así fue.
