Hiromi: una voz que se apagó cuando apenas comenzaba a darlo todo
Por: Roberto Montoya Martínez
Hay historias que parecen escritas para celebrar la vida y que, de manera inesperada, terminan convertidas en relatos de profunda tristeza. La de Marla Hiromi Hayakawa Salas es una de ellas. La cantante y actriz, conocida por su participación en la tercera generación de La Academia, murió el 27 de septiembre de 2017, a los 34 años, víctima de complicaciones durante el parto. Su hija, Julieta, tampoco sobrevivió.
Hiromi había nacido en Fukuoka, Japón, el 19 de octubre de 1982, pero desde muy pequeña su vida quedó ligada a México. En Torreón, Coahuila, comenzó a desarrollar una vocación que con el tiempo la llevaría a los escenarios, primero como estudiante y después como una de las jóvenes figuras del teatro musical mexicano.
En 2004 llegó La Academia. La tercera generación del programa reunió a jóvenes que buscaban una oportunidad para demostrar su talento, entre ellos Hiromi y quien posteriormente se convertiría en otra de las grandes figuras surgidas del reality: Carlos Rivera. Hiromi concluyó su participación en el séptimo lugar, pero su salida del programa no significó el final de su carrera; por el contrario, fue el comienzo de una trayectoria que encontraría en el teatro musical uno de sus principales escenarios. Y es precisamente ahí donde Hiromi comenzó a demostrar que era mucho más que una concursante de televisión.
Participó en montajes como Avenida Q, Bule Bule y, de manera particularmente significativa, Mentiras, el musical, producción en la que llegó a consolidarse como una intérprete reconocida por su capacidad vocal y actoral. También incursionó en televisión y en el doblaje, prestando su voz a distintas producciones, entre ellas Valiente, donde interpretó vocalmente a Mérida.
Quienes trabajaron con ella la describieron como una mujer disciplinada, trabajadora y con una enorme pasión por el escenario. Juan Carlos Alonso, director de aquella generación de La Academia, la recordó como una de sus mejores alumnas y destacó su
dedicación y compromiso con sus sueños. El actor Juan Ríos, por su parte, la definió como una de las luces brillantes del teatro musical mexicano.
Lo paradójico es que cuando llegó el momento de su muerte, Hiromi parecía estar viviendo una de las etapas más felices de su vida. Había contraído matrimonio con Fernando Santana y esperaba con ilusión el nacimiento de su primera hija, Julieta. El parto estaba previsto para octubre, pero durante la madrugada del 27 de septiembre surgieron complicaciones. La bebé murió y posteriormente Hiromi falleció a consecuencia de una grave hemorragia interna asociada al parto.
La tragedia fue doble: una joven madre que esperaba conocer a su hija y una niña que nunca pudo llegar a vivir fuera del vientre materno. Pero quizá lo que más conmueve al mirar la historia de Hiromi desde la distancia es pensar en todo aquello que todavía le quedaba por hacer.
Tenía apenas 34 años. Seguía trabajando, seguía cantando, seguía actuando y acababa de incorporarse al proyecto musical Ellas, junto a otras intérpretes del teatro musical. Semanas antes de su muerte había continuado vinculada a Mentiras y se encontraba construyendo nuevos proyectos profesionales.
No se trata solamente de recordar a la mujer que apareció en un reality de televisión. Se trata de reconocer a una artista que logró transformar aquella oportunidad inicial en una carrera propia. Hiromi tenía todavía mucho que cantar, mucho que interpretar y, sobre todo, mucho que vivir. Su muerte dejó una pregunta inevitable: ¿hasta dónde habría llegado aquella joven que todavía tenía tantos sueños por cumplir? Nunca tendremos la respuesta.
Lo que sí permanece es su trabajo, su voz y el recuerdo de una artista que, en palabras de quienes compartieron escenario con ella, irradiaba luz y alegría. Hiromi llegó a los escenarios buscando una oportunidad y terminó dejando una huella mucho más profunda de lo que quizá imaginaba. Su historia quedó truncada demasiado pronto, justo cuando la vida parecía abrirle nuevas puertas.
Hiromi y Julieta se fueron juntas, pero el recuerdo de ambas permanece como una de esas historias que el tiempo no consigue borrar.
