10 AÑOS SIN JUAN GABRIEL

 

Por: Roberto Montoya Martínez

Hay ausencias que no se acostumbran y despedidas que, por más que pase el tiempo, siguen pareciendo irreales. Este 28 de agosto se cumplen 10 años de la partida física de Juan Gabriel, uno de los artistas más importantes, queridos y trascendentales que ha dado México. Una década después de aquel inesperado 2016, su voz, sus canciones y su particular manera de entender el espectáculo permanecen vigentes.

 

Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel, murió el 28 de agosto de 2016 en Santa Mónica, California, a los 66 años, víctima de un infarto. Su fallecimiento tomó por sorpresa al mundo artístico y provocó una auténtica conmoción entre millones de admiradores que durante décadas hicieron de sus canciones parte de la banda sonora de sus propias vidas.

 

Un compositor fuera de serie

Hablar de Juan Gabriel es hablar, antes que nada, de un compositor extraordinario. Su talento para convertir sentimientos universales en canciones sencillas, directas y profundamente emotivas fue uno de los secretos de su enorme popularidad. El amor, el desamor, el abandono, la nostalgia, el arrepentimiento y la esperanza desfilaron por sus composiciones. Canciones como Amor eterno, Querida, Hasta que te conocí, No tengo dinero, Se me olvidó otra vez, Costumbres, Abrázame muy fuerte y Así fue, entre muchas otras, trascendieron generaciones y fronteras.

 

Y hay un mérito adicional: Juan Gabriel consiguió algo que pocos compositores logran, hacer que una canción pareciera escrita específicamente para quien la escucha. Sus letras podían acompañar tanto una serenata como una ruptura amorosa, un funeral, una celebración o simplemente una noche de recuerdos. Su obra tampoco se limitó a su propia voz. Como compositor, sus canciones fueron interpretadas por numerosos artistas de México y otros países, demostrando que su capacidad creativa estaba muy por encima de cualquier género o época.

 

El artista que convirtió el escenario en espectáculo

Juan Gabriel no fue solamente un cantante y compositor. Fue un showman. Sus conciertos eran verdaderos acontecimientos. Con sus movimientos, sus gestos, sus trajes, su energía y esa comunicación tan particular con el público, consiguió construir una personalidad artística inconfundible. El escenario era su territorio. Ahí podía pasar de la balada al mariachi, de la canción romántica al pop y del drama a la celebración en cuestión de minutos.

 

Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera ocurrió en el Palacio de Bellas Artes, recinto que conquistó con presentaciones que terminaron convirtiéndose en acontecimientos históricos de la música popular mexicana. Aquello representó, además, la consolidación de un artista que durante mucho tiempo tuvo que abrirse camino en una industria que no siempre supo entenderlo.

 

Juan Gabriel, un fenómeno que rompió etiquetas

Parte de la grandeza de Juan Gabriel estuvo también en su capacidad para desafiar convenciones. Nunca necesitó ajustarse completamente a los moldes establecidos para convertirse en una estrella. Su personalidad, su forma de vestir, sus movimientos y su manera de expresarse fueron motivo de comentarios durante buena parte de su carrera. Sin embargo, terminó imponiéndose el talento.

 

Y ahí estuvo una de sus mayores victorias: consiguió que su obra fuera más poderosa que los prejuicios. Juan Gabriel demostró que para convertirse en ídolo no era indispensable encajar en el estereotipo tradicional del cantante masculino. Bastaban una voz reconocible, canciones memorables, disciplina, personalidad y una conexión extraordinaria con el público.

 

Una partida que dejó un vacío

La noticia de su muerte cayó como un balde de agua fría. Juan Gabriel se encontraba todavía activo, ofreciendo conciertos y trabajando en nuevos proyectos. Su fallecimiento, por ello, tuvo un componente especialmente doloroso: parecía que todavía había mucho Juan Gabriel por delante.

Las imágenes de admiradores cantando sus canciones después de conocerse la noticia dieron la vuelta al mundo. En México, las muestras de cariño se multiplicaron. Desde las calles hasta los grandes escenarios, su música volvió a sonar con una intensidad que confirmó algo que ya era evidente: Juan Gabriel había dejado de ser solamente un artista para convertirse en parte de la cultura popular.

 

Su muerte también provocó que nuevas generaciones se acercaran a su repertorio. Aquellos que quizá no habían vivido el fenómeno de sus grandes años descubrieron canciones que, lejos de envejecer, continuaron encontrando nuevos públicos.

 

Diez años después, sigue presente

A diez años de su partida, resulta difícil hablar de Juan Gabriel en pasado. Su cuerpo se fue, pero su obra permanece extraordinariamente viva. Sus canciones siguen siendo interpretadas, grabadas y escuchadas. Continúan apareciendo en películas, programas de televisión, fiestas familiares, bares, serenatas y plataformas digitales. Y cada vez que alguien canta Amor eterno o se desahoga con Hasta que te conocí, el llamado Divo de Juárez vuelve a aparecer.

 

Quizá ese sea el verdadero privilegio de los grandes artistas: conseguir que la muerte no tenga la última palabra. Juan Gabriel partió físicamente hace diez años, pero dejó un catálogo que parece tener la extraña capacidad de viajar en el tiempo. Sus canciones siguen diciendo lo que millones de personas sienten y muchas veces no saben cómo expresar.

 

Diez años sin Juan Gabriel, sí. Pero también diez años con Juan Gabriel. Porque mientras exista alguien dispuesto a cantar sus canciones, recordar sus conciertos o

emocionarse con alguna de sus composiciones, el Divo de Juárez seguirá haciendo lo que mejor supo hacer: estar presente.