El cubano más mexicano

 

Por: Roberto Montoya Martínez

El mundo artístico mexicano vuelve a cubrirse con el negro crespón del luto. Otto Sirgo falleció este 29 de septiembre de 2026, a los 79 años, dejando tras de sí una trayectoria de más de cinco décadas dedicada al teatro, el cine y, particularmente, a la televisión mexicana. La noticia fue confirmada por la Asociación Nacional de Actores y la Asociación Nacional de Intérpretes. Fue todo un primer actor. Escribió páginas importantes en el cine y la televisión. Hizo de todo. Lo mismo transitó en el drama, lo mismo nos dio de beber de las aguas frescas de la risa. Una figura entrañable, cuya presencia nos brindó momentos de sano esparcimiento. Por algo fue grande entre los grandes. Vamos a recordarlo con la fuerza del corazón.

 

Nacido el 19 de diciembre de 1946 en La Habana, Cuba, Otto Sirgo llevaba el arte en la sangre. Era hijo de los actores Otto Sirgo y Magda Haller y nieto, por línea materna, de la actriz Conchita Gentil Arcos, una figura vinculada a la Época de Oro del cine mexicano. Aquella herencia artística encontró en México el escenario donde habría de desarrollarse plenamente su carrera.

 

Llegó a México en 1968, y prácticamente desde entonces hizo de este país su casa, su escuela y su público. Debutó en televisión con Honor y orgullo y comenzó una carrera que terminaría extendiéndose por más de medio siglo.

 

Un actor de muchas generaciones

Otto Sirgo fue mucho más que un rostro recurrente de las telenovelas. Fue un intérprete que supo transitar por diferentes géneros y formatos. Su nombre quedó asociado a algunas de las producciones más recordadas de la televisión mexicana, entre ellas Los ricos también lloran, Rosa salvaje, Alcanzar una estrella, Lazos de amor, Niña amada mía y Por un beso. Su interpretación de Ángel de la Huerta en Rosa salvaje, junto a Verónica Castro, es particularmente recordada por el público que siguió aquel exitoso melodrama.

 

Su trayectoria televisiva alcanzó alrededor de 50 telenovelas, además de numerosas series y programas. Pero limitar su legado a la pantalla chica sería injusto: también participó en más de 30 obras teatrales y en alrededor de una decena de películas. Entre sus trabajos cinematográficos aparecen La maestra inolvidable, El monasterio de los buitres y Nosotros los pelados.

 

Y hubo otra faceta que demostró su amplitud profesional: la dirección. Sirgo dirigió producciones y episodios para televisión, entre ellos trabajos relacionados con Agujetas de color de rosa, El alma no tiene color y Mujer, casos de la vida real.

 

Los reconocimientos a una carrera

El trabajo de Otto Sirgo también fue distinguido por la industria. Recibió el Premio TVyNovelas como Mejor Actor de Reparto en 1992, por Alcanzar una estrella II, y volvió a obtenerlo en 1996 por Lazos de amor. En 2015 recibió además el Micrófono de Oro, en reconocimiento a su trayectoria.

 

Su permanencia durante décadas en una industria que cambia constantemente habla de la dimensión de su oficio. Fue parte de aquella generación de intérpretes que convirtió a la telenovela mexicana en un fenómeno que trascendió fronteras.

 

En 2017 terminó su larga etapa de exclusividad con Televisa. Lejos de retirarse, continuó trabajando y participó en producciones de distintas plataformas y empresas. Incluso formó, junto con otros actores, Talento Libre Latino, un colectivo creado para abrir nuevas oportunidades a intérpretes independientes. Su carrera llegó prácticamente hasta el final. Su último trabajo correspondió a El precio de la fama, estrenado en mayo de 2026.

 

México lo hizo suyo

Hay artistas que llegan a un país para trabajar y otros que terminan formando parte de la identidad cultural de ese lugar. Otto Sirgo pertenece a la segunda categoría.

 

Era cubano de nacimiento, pero mexicano por elección, por trayectoria y por cariño de su público. México le abrió las puertas cuando llegó en 1968 y él respondió entregando más de medio siglo de su talento a la escena artística nacional.

 

Por eso, llamarlo “el cubano más mexicano” no es solamente una frase de despedida: resume una historia de integración artística en la que las fronteras terminaron perdiendo importancia.

 

Otto Sirgo construyó aquí una carrera, una familia artística y un legado. Fue galán, villano, padre, esposo, personaje de carácter, director y compañero de escena. Fue, sobre todo, un actor de oficio, de esos que entendieron que la televisión podía ser una escuela y que cada personaje, por pequeño que fuera, podía dejar una huella.

 

Hoy se apaga una voz y un rostro reconocible para varias generaciones. Se va Otto Sirgo, el actor nacido en La Habana que encontró en México su segundo hogar y que terminó convirtiéndose, por derecho propio, en parte de la historia de nuestra televisión. El cubano más mexicano se ha marchado, pero sus personajes permanecen. Buen viaje Otto, hermano. Si eres mexicano.

 

POR TODO LO QUE NOS DISTE Y LO QUE EN VIDA FUISTE

MUCHAS GRACIAS OTTO SIRGO DONDE QUIERA QUE ESTÉS

(1946-2026) Q. E. P. D.