¿Y Ahora? ¿Dónde Carajos está la Realidad?
Parte VII Constituida, Transformada, Manipulada

José GaxiolaLópez @GAXILO

La joven de doctorado que nos lanzó la rara cuestión ¿dónde está la realidad? Ella buscaba respuestas sobre la realidad social. A la mayoría de los humanos, sin importar lugar y posición es “real” lo que “conocen”. Hacen suya una “realidad” constituida e inmutable, sin importar edad o sexo. Aquí intento un resumen de lo tratado sobre el tema sumando mis indagaciones sobre el mismo. Hay especialistas en el SNI sobre particularidades de esa realidad que el lector tal vez conozca y/o puede informarse sobre aquellas de su interés.

La primera realidad la sentimos en el cuerpo cuando nos quejamos del frio, del calor, cuando olemos el perfume y la peste, cuando oímos la música que nos hace mover partes del cuerpo, cuando degustamos platillos y bebidas, cuando inferimos al ver nubarrones o multitudes, cuando juzgamos a las personas y a los hechos por su apariencia. Así pues, la realidad está organizada alrededor de mi cuerpo, en el “aquí y ahora”, porque vivimos en tiempo presente, en un espacio que fija nuestra atención, interés y preocupación por las cosas y objetos más próximas, sean producto de la naturaleza, las sociales o las culturales. Por ello nos interesa más un asesinato en nuestra cuadra que una masacre en Gaza.

Percibimos la realidad en aspectos visuales, táctiles, acústicos, gustativo de nuestro cuerpo. También participan en el campo de esta corporeidad nuestros órganos con capacidad de movimiento y acción.

El Yo activo de la experiencia corporal transcurre consciente e inconscientemente. Ya sea afección, impulso o acción motivada, sentimos nuestro Yo de manera inmediata, sin mediación y en un sentido de ser único.

Cuando nacemos la realidad ya está, ha estado y estará ahí, por donde naveguemos como telón de fondo, como escenario o soporte pedagógico para poder ser y estar en el mundo. Incluso cuando no estemos los humanos el mundo y su realidad continuaran existiendo. Nosotros vivimos dentro de procesos permanentes de aprendizaje desde el ámbito familiar, pasando por el escolar, laboral, cultural y continua hasta la muerte.

Aprendemos a nombrar las cosas, los objetos, las situaciones, los fenómenos creados socialmente. Nuestros padres nos enseñan a mover los pies, las manos y la boca. Nos dan el primer lenguaje para decir lo que sentimos y deseamos. Después aprendemos los sinónimos y significados, las preposiciones, los adagios y consejas, reconocemos las herramientas para el juego, para el trabajo, las de referencia para la vida. Sabemos que nos pone en riesgo y en peligro.

Todo influye en moldear la realidad personal (la única con probabilidad de cambiar), para poder interactuar socialmente, en solidaridad o en protesta. De ese mundo próximo obtenemos la experiencia corporal, profesional, recreativa, deportiva y las propicias para mi mejora, también las adversas y distorsionantes conductuales. Luego sabremos que hay muchas experiencias que compartimos con el resto de las personas, que nos marcan e imitamos. Independientemente de la edad hay hechos naturales incorporados a nuestra forma de vida; que hay objetos que nos condicionan (semáforos, celulares, etc.) que hay hechos sociales que nos agradan y/o molestan. Todo formará parte de nuestra biografía conocida para los de mi entorno y, será tema de opinión para los que no me conocen.

El mundo de la vida es el reino de las evidencias y vivencias. Es lo que está en la percepción experimentada, en la presencia inmediata de entes o en el recuerdo. Es lo que alimenta la intuición directa, definida en sí misma o recordable por haberla percibido. El mundo de la vida es uno que tenemos que vivir con otros seres. Es el que existe y tiene validez para nosotros, al que pertenecemos, es uno para todos y que nos es da ese sentido de ser y de pertenecer, un mundo donde tomamos en consideración uno-con-otro los objetos dados en común, pensamos, valoramos, tenemos propósitos y actuamos en relación a los otros. Bergson caracterizó el mundo de la vida analizando la experiencia individual en el tiempo y espacio empírico (real). Para Husserl el mundo de la vida es el basamento de lo vivido, de la experiencia con otros en ese mundo.

Para Dilthey, son formas de vida. Para Schütz es la vida vivida de manera consciente, en forma espontánea o en actitud natural. Para Habermas es uno de los dos elementos de su concepción de sociedad, el otro es el sistema. Es una realidad inmediata, que intuimos y experimentamos. Somos sujetos que tomamos al mundo en consideración, lo valoramos y damos sentido con nuestros pensamientos y acciones, además de poseerlas, algunas llevamos como hábito que podemos actualizar, cambiar. Hay pues un realismo social, en donde los límites están en lo que las cosas son, en los hechos impuestos por la sociedad que nos exige pensar y obrar dentro de ciertas posibilidades preestablecidas relativas a la cultura dentro de la cual nacemos y crecemos.

El humano nace rodeado en de congéneres sin cuestionarlos (al principio), da por fijas y aceptadas muchas cosas, desde sus comportamientos hasta la naturaleza en la cual se encuentra.

Aprehendemos de una realidad cotidiana. Vivimos en un lugar que tiene un nombre, utilizamos tecnologías parecidas, nos movemos en espacios públicos, en el campo y en la sierra la flora y la fauna son la referencia. En nuestro mundo tiene lugar lo dado por supuesto y conocido como: mundo del sentido común, mundo de la vida diaria, mundo cotidiano, mundo de la vida cotidiana, el mundo del trabajo cotidiano, la realidad mundana, la realidad eminente de la vida del sentido común, entre otros. Así que vivimos en una urdidura de relaciones humanas ordenadas. Siguiendo
a Dilthey “en la vida cotidiana puede constituirse un mundo circundante, común y comunicativo. El mundo de la vida cotidiana es entonces la realidad fundamental y eminente del hombre”. Este mundo compartido no se compone solo de sensibilidades sino también de las interpretaciones realizadas por los sujetos de esas sensaciones. La forma en que el sujeto interpreta su mundo circundante, de los elementos que condicionan, hacen posibles estas interpretaciones y las acciones llevadas a cabo en él para mantenerlo o cambiarlo. Schütz denomina “mundo de la realidad social directamente vivenciada” donde los seres coexisten en un espacio al mismo tiempo. Una presencia física percibiendo cómo se manifiestan los otros. En este compartir, de cierta manera, vivimos la experiencia del otro en paralelo a la mía. Se presupone que hay simultaneidad de intereses, de ideas, de inquietudes atravesadas por la inmediatez espacio-temporal. Esta situación puede ser
cara a cara, al lado del otro u atrás de algunos, como cuando hacemos fila para un evento. Claro está, en ese momento, la realidad se vivencia diferente por todos en intensidad, intimidad y conocimiento. Siempre habrá en la cola alterados y/o aprovechados.

En la experiencia social directa los humanos son mis semejantes, pero el mundo se extiende al de mis contemporáneos en la formación escolar, profesional y/o del trabajo. Coexisto con ellos en el tiempo, pero no necesito experimentar su presencia física en un lugar. Igual existe el mundo de mis predecesores, que tal vez ni conozca, pero cuyas acciones pasadas interpreto y me influencian. Y existirá el de mis sucesores hacia los cuales puedo orientar mis acciones en su beneficio o maleficio anticipado. En el mundo de los contemporáneos, el otro solo nos interesa, queremos saber tanto como sea necesario según el tipo de relación que quiero establecer con ella o él. Las relaciones entre contemporáneos se determinan mediante las probabilidades de complementariedad para hacer equipos, clubes, grupos, etc. Cuando creemos haberlo entendido a veces nos sorprende cuánto se le desconoce y no hay manera de echarlo del equipo. Ese saber lo comparamos con un tipo ideal que hemos construido a partir de nuestras experiencias registradas en significados que nos brindan
seguridad, en términos de Giddens, una coopresencia que genera sentimiento de continuidad y de orden. Nos da tranquilidad al dar por hecho que la conducta del otro es predecible (sea de un dentista o de un policía). Leer sus “La Constitución de la Sociedad” y “Consecuencias de la modernidad”. Asimismo, puedo sentir empatía con alguien con quien no tengo ningún vínculo, como pasa al coincidir en espacios turísticos. Así vivimos en la cotidianidad tratando de mover la frontera que definen la inclusión y la exclusión de los otros capaces de darme alegría o penas. El mundo en el que actúo a fin de modificar mi realidad, mi atención está determinada por lo
que hago, lo que he hecho o pienso hacer. En lugar conde la cotidianidad es dominada por la impunidad, corrupción, violencia, maldad y mediocridad, los otros son culpables de mi sufrimiento.

Y “si dependo de otros para ser feliz, mi dicha es fugitiva e inestable” Lipovetsky leer “La Era del Vacío” “El Imperio de lo Efímero”.

En la interacción y relación con los otros entramos en otro nivel de realidad social en la vida cotidiana, interpretada a partir de nuestra experiencia corporal, la de las personas que viven conmigo, la de mis semejantes y con los aparatos que utilizamos. En todo se manifiestan impulsos, vivencias, actitudes, hechos, símbolos, tecnologías, adagios, etc., construyendo significados, rutinas, hábitos, incluso acciones inconscientes. Rutinas que pueden ser efectuada sin poner atención en ellas, como tomar siempre la misma ruta para trasladarnos a un lugar. Todos tenemos rutinas y accionamos repetitivamente desde al levantarnos hasta acostarnos, ya sea siguiendo guías y/o a un conocimiento valido, confiable y realizable.

La mayoría tiene la idea de que este mundo ha sido naturalmente ordenado, por lo que es irrelevante preguntarse acerca de su constitución. Es donde el sentido común (tratado en otra parte de este ensayo) resulta central porque organiza gran parte de la vida cotidiana en coherencia con los otros, tipificando hechos y personas, juzgando actos y relaciones. O como recetas para controlar cientos de acciones cotidianas con respuestas satisfactorias frente a las problemáticas de la vida diaria. Estereotipos, tipologías y aconsejas pertenecen al sentido común articulado de saberes prácticos heredados y a la mano, para explicar y justificar por qué las cosas son y se hacen de cierta manera, suponiendo un entendimiento compartido con el resto comunitario. Todos acudimos a la bodega del conocimiento del sentido común. Almacén de significados sin la cual no se podría existir y, entre más grande y surtida esté, más alternativas de solución tendrá.

De esta cotidianidad surgen muchas teorías sobre la realidad social; la de las relaciones (de autoridad, de parentesco, de poder, etc.) de la interacción (de amistad, de amor, de identidad, motivación, etc.) sobre los grupos (cooptación, pertenencia, etc.), de la acción (acto, actitud, rol, función, etc.) le estratificación social, el cooperativismo, etc., etc. Y muchas tecnologías de análisis social, análisis socio-técnico, redes técnico-económicas (Callon); el ensamble socio-técnico, políticas de ciencia y tecnológica (Bijker); la adecuación socio-técnica (Thomas) y la economía del cambio tecnológico y trayectorias tecnológicas (Freeman, Dosi), Bienes comunes, diversidad institucional (Ostrom). Pero también dicha cotidianidad en una ciudad puede ser rota, provocando en su población inseguridad, incertidumbre, miedo. Por otro lado, se dice que la cotidianidad incide
en el pensamiento conformista de los pobladores del lugar, cuando tienden a normalizar incluso la adversidad.

La realidad de la vida cotidiana abarca fenómenos más allá del “aquí y ahora”, como el lenguaje que proporciona objetivaciones indispensables, marca las coordenadas de nuestra vida en sociedad, la llena de objetos significativos, dispone el orden dentro del cual éstas adquieren sentido y significado en la vida cotidiana. Para Husserl, Schütz y Habermas el mundo de la vida se funda de toda experiencia y del lenguaje. En Habermas, apoyado en la hermenéutica de Gadamer y en la lingüística de Wittgenstein, define el mundo de la vida como “un acervo de patrones de interpretación transmitidos culturalmente y organizados lingüísticamente”. Suscrito en la intersubjetividad del entendimiento apela a las nociones de conciencia colectiva y diferenciación social de Durkheim que deben entenderse al delimitar la práctica comunicativa cotidiana de los actores al realizar sus actividades, con capacidad de responder por ellas, en base a su formación, entendimiento e interpretación.

Los sujetos accionan cotidianamente orientados al entendimiento de los hechos el mundo objetivo, de las normas mundo social y las vivencias subjetivas. El primero comprende la totalidad “de entidades sobre las que son posibles enunciados verdaderos”, el segundo la totalidad “de relaciones interpersonales legítimamente reguladas” y el tercero la totalidad “de vivencias a las que cada cual tiene un acceso privilegiado y que el hablante puede manifestar verazmente” Habermas, propone funciones atribuidas al lenguaje en la reproducción social: la cultural, la integración social y la socialización. Estas funciones corresponden a los componentes estructurales de la vida, por ello, el entendimiento lingüístico entre sujetos es requisito fundamental para la reproducción de la vida social.

En su “Teoría de la Acción Comunicativa”, distingue el aspecto teleológico de realización de fines del aspecto comunicativo en la interpretación de la situación para obtener acuerdos que permitan la acción. Cada acto en habla moviliza patrones de interpretación y de determinación tácitamente presupuestos. Chomsky va a fondo sobre las bases del lenguaje en “Rules and Representations”. En ese sentido Searle en su explicación de la realidad señala que el lenguaje crea realidades sociales. Cita la obra “Palabras y Acciones” de John Austin, no estoy de acuerdo con Searle, el lenguaje no crea realidad social, ya ni en la poesía, solo la describe como señaló Austin en su obra. De hecho, el lenguaje deforma la realidad cuando se emplea el incorrecto, el vulgar para interpretarla, traducirla en experiencias cotidianas y suprema realidad.

Para Habermas, la modernidad implica una racionalización de la vida mediante: a) la diferenciación estructural del mundo entre sociedad, cultura y personalidad; b) la separación entre las formas y los contenidos culturales transmitidos y c) la especialización funcional de los procesos de reproducción vinculados a la cultura, la integración social y la educación. Las consecuencias de esta racionalización analizadas por Weber como pérdida de sentido y libertad, por Durkheim como anomia, por Marx como alienación, fetichismo y reificación.

En los procesos sociales que pueden ser coyunturales o estructurales. La acción o conducta social, en el sentido de M. Weber o, de vivencias intencionales conscientes como lo hizo Schütz o, de funciones “manifiestas” y “latentes” como lo hizo Merton. La clasificación weberiana de los tipos de acción: a) racional con arreglo a fines o a valores, b) emocional y tradicional. Busca establecer diferencias entre las conductas con sentido y con aquellas reactivas. La primera es pensada como la conducta racional por excelencia y la que es reactiva estaría desprovista de significado. Schutz, en sus obras “Las Estructuras del Mundo de la Vida”, “El Problema de la Realidad Social” y “La Construcción Significativa del Mundo Social” aborda lo subsecuente que aquí escribo. Él recalca que el significado de la acción no es idéntico al motivo de la acción. Que las acciones de la vida cotidiana no están desprovistas de significado ni de racionalidad. Y por otro lado toda conducta tiene significado. La acción social, por su parte en Weber, es “aquella en la que el sentido mentado por su sujeto está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”. Y la relación social como aquella “conducta plural que, por el sentido que encierra, se presenta como recíprocamente referida, orientándose por esa reciprocidad”.

Weber sostiene que el comportamiento humano de la acción social en un individuo hacia Otro(s), provee de sentido a sus actos recíprocamente orientados en la relación social. Esto incluye los actos intencionales hacia el otro, hacia los objetos, en el trabajo y otras. Las orientadas hacia otro(s) no implica que haya reciprocidad del o efecto externo o acto comunicativo. Pueden incluso ni pelarnos.

Pero las que tienen como motivo en la producción o en la provocación de una vivencia en otro(s), ocurre por lo menos comunicación. Y cuando hay reciprocidad (o pago) de otro(s) entonces hay una relación social que puede ser formal o informal. La acción social tiene que ver al menos con; la intención, la proyección y los motivos que determinan la acción. La acción está dotada de un propósito y busca resultados. Exige una mínima reflexión para decidir combinando alternativas el curso de acción considerado con mayor probabilidad de éxito. Y en ello juega papel importante
tu biografía, tus motivaciones y tu sentido común. Actuar conforme a fines implica llenar de sentido la acción, alejarnos de del actuar azaroso o sin sentido al tomar una decisión sobre una actividad a realizar. Empero, hay actores que accionan sin sentido, sin intención significar algo, aun así, su actuar puede ser interpretada por otro(s). Y cuando el actor le da un significado a su acción es probable que sea distinto al significado al que los otros le dan. Cosas subjetivas en las cabezas de todos nosotros.

La actitud y los motivos se conjugan al realizar la acción. Husserl en “Investigaciones lógicas” y “Meditaciones Cartesianas” distingue entre la actitud natural y actitud trascendental. La primera es la que vivimos cotidianamente, mientras que la segunda se deriva del proceso de reflexión sobre la intencionalidad de dicha(s) actitud(es). Él se refiere a que el mundo es siempre objeto de nuestra experiencia y practica intencional. En cuanto a motivos, los hay de diferentes; motivos para y motivos porque y los contextuales (actuar porque los otros lo hacen). Husserl en torno a la temporalidad de la acción describe las de tipo pasivo (los reflejos o los apuros del cuerpo), las espontáneas no guiadas por un proyecto (por recibir un estímulo) y las intencionalmente
planeadas (como el matrimonio) definidas por él como “acción”.

El término “acción” para designar la concebida de antemano por el actor, es diferente al de “acto” que es el resultado del accionar en curso o la acción cumplida. La primera corresponde a la secuencia en curso de hechos en tiempo presente. La segunda, es el objetivo cumplido de la acción, está en el tiempo pasado. La acción puede ser latente, por ej., el intento resolver mentalmente un problema, o manifiesta la insertada en el mundo del trabajo, por ej. Puede llevarse a cabo por comisión o por omisión, la abstención intencional de actuar es una acción en sí. Los fines y objetivos son denominados motivos “para” se refieren al futuro. Los motivos “porque” son convicciones de aspectos que rodean a la acción, a la predisposición del sujeto que, por su carácter causal,
refieren al pasado del contexto socio-histórico en las que él se desarrolla. De manera que la temporalidad, la corporeidad de la acción y la relación social varían según ocurran en el mundo de los contemporáneos o de los antecesores. Schütz describe como el aspecto notable de las relaciones causales específicas vinculadas al interés o a un problema social, de ahí sus relevancias que pueden ser de tres tipos según él; motivacionales, temáticas e interpretativas. Los significados de la relación y de la acción social son difícil de entender ahora que hay muchas anónimas, aparentes y motivadas por algoritmos en las redes “sociales” la mayoría irrelevantes.

A nivel estructural, la institucionalidad actúa como cemento en las acciones operativas; en las relaciones y; en los procesos de estratificación y los de oposición que dan sentido a la vida. Nacemos, crecemos y morimos en instituciones. Las hay de aspecto normativo y las de tipo organizativo. Las normativas están ahí, en nuestra realidad, querámoslo o no, soberanas de nuestras inclinaciones, no podemos desaparecerlas, individualmente.

Resisten intentos de cambio o evasión; ejercen poder y coerción por su actividad o por sus mecanismos legales.

El carácter controlador les es inherente, con o sin las sanciones establecidas para sostenerla.
Según Searle en “Intencionalidad”, toda acción, hecho, objeto y relación social están institucionalizados. La institucionalización aparece en la tipificación recíproca de las acciones habituales por los actores y, se eleva a tipificar a estos en cuando actúan en las instituciones. Hay jueces, alcaldes, rectores, etc. Estas tipificaciones son compartidas por grandes colectividades. Las instituciones, originadas en la tradición cotidiana son como dadas, inalterables y evidentes. Buena parte de dicha institucionalidad es transmitida por los padres y familiares.

La mayor parte por procesos de socialización y educativos que no hacen más que fortalecer el sentido de la realidad de los ancestros y contemporáneos, porque “Así se hacen o son estas cosas”.

De la institucionalidad hay que distinguir: a) la creación inicial, b) su existencia continuada, c) representación en forma de status y d) funciones y perfiles agentados (instituidos). Del primero para sectores de la población pueden resultarles incomprensibles, oprimentes y opacas. Por ello requieren legitimidad, coherencia y probidad para evitar conflicto con otras legitimidades. La legitimación explica el orden institucional atribuyendo validez a sus significados y justifica sus imperativos prácticos. A pesar de que una vez formadas tiendan a persistir no es
un proceso irreversible, por varias razones sus alcances pueden disminuir y producir una regresión.

A mayores desviaciones, mayores modificaciones en el significado institucional y/o en su funcionamiento. Lo vemos cuando el orden institucional es trastocado cuando individuos que las ocupan realizan acciones de conocimiento específico reservado, que no poseen, por ejemplo. O cuando un movimiento político las desaparece y crea otras. Igual en el cambio de valores en la vida cotidiana. Pero no es solo cuestión de valores; implica conocimiento de los roles y temas que definen tanto las buenas como las malas acciones dentro de la estructura y el sistema institucional, lo vimos en la elección de unos jueces.

Para su continuidad requiere de la socialización, de la internalización de significados institucionales.

Por el significado socialmente compartidos se llega a la necesidad de la integración institucional socialmente admitida.

La transmisión del significado de una institución se basa en el reconocimiento social de aquélla como solución permanente a problemas de la colectividad, como la existencia de los juzgados. Los actores deben enterarse del significado de los hechos institucionales para asegurar su existencia continuada, eso requiere de la acción comunicativa y educativa. Puesto que hay humanos indolentes y olvidadizos deben existir medios para que dichos significados se recuerden reiteradamente, si es necesario coercitivamente, en general desagradables.

Los hechos institucionales poseen estatus y poderes que van más allá de las propiedades físicas de las cosas y de los individuos. Establecidos y constituidos por acuerdo humano, estos hechos responden apelando a las causas que los producen, cómo dispositivos para encausar la realidad social. También hay objetos institucionales con poderes más allá de su naturaleza física. Como el crucifijo al representar la imagen de Jesús sacrificado, sin importar el material con que esté elaborado. O de la bandera del país se le reconoce impresa en cualquier material o proyectada en cualquier parte.

En la actualidad las imágenes, más que las palabras representan a los hechos, las relaciones y a la acción institucional. El papel de la imagen es determinante, lo escribí en “Recovecos de la conciencia y el imaginario”.

Un simbolismo relacionado con la legitimidad, trasciende la esfera de la acción practica y muchas veces trastoca la realidad. Los hechos institucionales constituidos de simbolismo revelan creencias, deseos compartidos, intencionalidad colectiva e identidad social. Searle en “La Construcción de la Realidad Social” incluye las expresiones preformativas en ciertas oraciones configurando un estado de cosas y propósitos institucionales.

Frases como “protesto hacer cumplir la ley”, o “se clausura la sesión”, etc., pueden crear hechos institucionales.

Respecto la imposición intencional de funciones agentivas (asignadas) a objetos físicos, como los símbolos patrios, la campana de la independencia, el escudo, los logos institucionales y la heráldica implica la imposición colectiva de funciones a objetos. La función de los hechos institucionales está muy vinculada al status. Igual a los perfiles se les confieren algún poder. Hay objetos en que la función asignada al objeto es observada internacionalmente, o significan lo mismo en varios países como sería el caso de las señales de tráfico en las carreteras. Algunos hechos institucionales entrañan un status puro, sin ningún poder, es honorífico. Y muchos se confunden al considerar inteligentes e importantes solo a quienes están al frente de las instituciones.

Los hechos institucionales están jerárquicamente estructurados existen en conjunción de relaciones sistémicas con otros hechos. Se explica con objetos institucionales como; el dinero o la mercancía, cuya existencia en sociedad se debe a procesos productivos que regulan su intercambio. Y jerárquicamente, las relaciones sociales están sobre los hechos sociales y estos sobre los objetos sociales. Y el objeto es la viabilidad continuada de la actividad. A Marx le interesaba la actividad humana en el trabajo, en las relaciones sociales que deriva, lo cual incluye la socialización y la interacción provocadas por dicha actividad. Marx escribió “La falla de todo el materialismo precedente reside en que sólo capta la cosa, la realidad bajo la forma del objeto o
de la contemplación, no como actividad humana sensorial, como práctica; no de un modo subjetivo.” Desde entonces la subjetividad ha sido el talón de Aquiles en las teorías de la realidad social. Nietzsche desarrolló su teoría de la “falsa conciencia” con sus análisis del significado social del engaño y el autoengaño y de la ilusión como condición necesaria para la vida. El concepto de Nietzsche del “resentimiento” como generador para ciertos tipos de pensamiento fue adoptado por Scheler, aplicando lo que Nietzsche llamó “arte de la desconfianza”. Scheler argumentó que la relación entre los factores ideales y los factores reales (del esquema infraestructura/superestructura) no era más que una relación reguladora. Los factores reales regulan las condiciones en que ciertos factores ideales pueden aparecer, pero no afectan el contenido de los últimos.

La estructura social suma las tipificaciones, los hechos, las acciones, las instituciones, las normas y los recursos institucionalizados. La expresión empírica de la estructura no se da ni física ni biológicamente. Aunque algunos de sus rasgos biológicos y conductuales puedan ser factores para inferir que son de cierto orden social. Este orden no forma parte de la naturaleza de las cosas, no se deriva de sus leyes, aunque la influyen y puedan condicionar (lo vivimos en la pandemia). Por lo tanto, la socialización no es sólo el procesamiento de la naturaleza, sino que, para garantizar la reproducción material de la vida es imprescindible mantener un acuerdo
entre interacción social y el trabajo.

La estructura construye las relaciones, los medios y los fines de las acciones. El ser se encuentra dentro de una estructura social que determina su accionar. El enfoque marxista de base estructuralista analiza el sistema económico, las estructuras sociales y de poder que causan la desigualdad, la exclusión y la pobreza, en consecuencia, son el almacigo para una lucha de las clases sociales. Para el marxismo la observación de la realidad debe centrarse en los elementos decisivos de la infra-estructura y la superestructura en las condiciones económicas. Transformar o realizar cambios radicales en la infraestructura tendrá consecuencias en la superestructura religiosa-jurídica-política-ideológica-cultural. Cambiar las estructuras ha sido lo más difícil en
las sociedades, pero es fácil cambiar a las personas responsables de las instituciones, es lo que hace la democracia. Los cambios más o menos radicales o transformadores que se intentan en el occidente democrático, tienen que ver con ciertos procesos sociales en el trabajo, en las relaciones de participación social que constituyen la infraestructura, en palabras de Marx “la actividad humana”.
La economía desde entonces atiende a las apariencias, se mueve entre ellas, dado que tienen a su favor el aparecer consuetudinariamente en la cotidianidad y de algunas incrustarse en el sentido común. En la diferenciación entre realidad y apariencia Marx utiliza a la esencia de las cosas “el valor no lleva escrito al frente lo que es. Lejos de ello, convierte a todos los productos del trabajo en jeroglíficos sociales”. El mercado está formado por apariencias, dice Marx, el valor real no existe, pero se realiza. El vender el trabajo por un salario para comprar productos y reproducir la vida cotidiana, no rompe la dependencia cuando no se pueden satisfacer las necesidades básicas. No posibilita la transformación del mundo individual y no se comprende la pasividad
de los sujetos que no se reivindican.

Para comprender la realidad Marx propone la categoría del fetichismo de la mercancía. Lo que implica que en la sociedad capitalista determinadas realidades aparezcan con una apariencia engañosa, como dice el “Teorema de Thomas”, de W. I. Thomas y su esposa Dorothy “Si las personas definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”. Explica cómo las creencias, las percepciones subjetivas de una situación pueden producir efectos reales, incluso si aquellas son erróneas o falsas. Si se corre el rumor de que un banco va a quebrar, la gente puede entrar en pánico, retirar su dinero provocando realmente la quiebra.

Para Marx, la realidad es posible cuando el ser humano se concibe como tal en el trabajo individual o colectivo. Marx niega la positividad de la definición del ser humano en Hegel, propone el fetichismo mercantil, que deviene en la cosificación de las relaciones sociales. En una sociedad como la nuestra las relaciones se determinan por el capital y sus componentes, donde la reciprocidad no se da en relación al valor de uso sino con el valor de cambio. El intercambio mercantil se realiza con base en la fantasía, incluso con productos innecesarios. Las necesidades reales deben satisfacerse en la realidad, dice Marx, no en la enajenante apariencia.

La mercancía es producto del trabajo y al mismo tiempo es medio de producción. Como objeto, satisface las necesidades humanas, pero esconde el secreto de la apariencia. La apariencia mercantil constituye una realidad social, dicha ilusión forma parte de las relaciones sociales cotidianas y se refleja en la conciencia del individuo enajenado. De acuerdo con Marx, lo que significa que el humano no puede, desde esta perceptiva, librarse de la enajenación, pues nunca llega a constituirse como sujeto poderoso que irrumpa la historia de la explotación y la alienación al capital para construirse otra realidad. La apariencia de propiedad social inherente
a la mercancía se da naturalmente en esta modernidad, de hecho, las relaciones están mediadas por objetos, por cosas, por mercancías. Significa que hay una mudanza en los valores en la vida de los humanos, en las relaciones sociales, en la interacción entre personas que aparecen como un objeto entre las cosas en unas relaciones independientes a nosotros, que no podemos controlar. Leer al respecto a Baumann “Vida de Consumo”, “Trabajo, Consumismo y Nuevos pobres” y “La Posmodernidad y sus Descontentos” y otros. P. Berger y T. Luckmann en “La Construcción Social de la Realidad” señalan que los seres en “la interacción social aprenden los significados y los símbolos que les permiten ejercer su capacidad de pensamiento distintivamente humana. Las personas pueden procurar otras vías a las de supeditarse en las relaciones de autoridad, puesto que el individuo en su vida cotidiana o en su mundo construye sus propias relaciones
sociales”. Señalan el peso constrictivo de las estructuras sobre los individuos en primer lugar, la constricción material, derivada del carácter de mundo físico y biológico. Segundo, la constricción ligada a las sanciones, punitivas que realizan unos agentes institucionales sobre nosotros. Tercero, la constricción estructural, derivada del contexto de la acción y de las propiedades estructurales frente a los actores. La estructura para ellos sostiene tres ideas centrales:1) La estructura es entendida como un elemento que constriñe a los individuos, pero también como un elemento que facilita la acción.2) No establece una identificación que lleve a una distinción entre la acción y la estructura, un vínculo entre diferentes niveles sociológicos. 3) La acción no puede vincularse automáticamente con las intenciones, entendiendo la acción como la capacidad que poseen los individuos para realizar hechos sociales.

Una posición opuesta al estructuralismo es la teoría autopoiética de H. Maturana, en “La Realidad: ¿Objetiva o Construida?” y con F. Valera “De Máquinas y Seres Vivos; Autopoiesis and Cognition”.

La autopoiesis significa la capacidad del ser de reproducirse y mantenerse a sí mismo. Un sistema autopoiético es: “aquel que continuamente produce los componentes que lo especifican al tiempo que lo realizan como unidad concreta en el espacio”. Se regula mutuamente para conservar su organización. Esa organización es un ciclo cerrado de procesos, que a su vez producen los componentes que mantienen la organización. Cualquier acción del organismo (movimiento, respuesta, adaptación) es un modo de conservar su organización autopoiética. En la
autopoiesis de un sistema vivo “pretende capturar los mecanismos o procesos que generan la identidad de lo vivo (…) frente a los no-vivo”. Un ser vivo no recibe instrucciones del entorno para su funcionamiento interno, sino que interactúa con el ambiente, pero mantiene su propia organización mientras lo hace. El resultado es que se configura por medio de un “acoplamiento estructural”.
Luhmann en sus libros los “Sistemas Sociales” y “La Sociedad de la Sociedad” recoge la idea de la autopoiesis en los términos de la “conservación de la estabilidad de los sistemas de acción; o de la identidad; de la definición de mundo real”. Luhmann aporta una serie de explicaciones de cómo opera y se definir el sistema en su entorno.

Dada la multiplicidad y pluralidad de sistemas autopoiéticos, operando cada uno de estos en virtud de sus propias observaciones. Siguiendo su principio sistémico “no puede operar ya bajo premisas existentes, puesto que presuponen que lo que existe es o que es”. Luhmann ofrece posibilidades de una opción clara para entender la realidad material (allí fuera), construida por el consenso. Puede que nos aproxime a posiciones cercanas al solipsismo, pero abre interrogantes para la autorreflexidad (en sentido sistémico) al analista social.

Para Merton, los seres responden no sólo a los rasgos objetivos de la situación, también, a veces, al sentido que el contexto tiene para ellos, las consecuencias de esa conducta son determinadas por el sentido atribuido.

Merton en “The Unanticipated Consequences of Social Action”, se refiere que “las predicciones públicas de futuros eventos sociales frecuentemente no se cumplen porque la predicción ha pasado a ser un nuevo elemento de la situación concreta, tendiendo a cambiar el curso de los acontecimientos inicialmente previsto”.

Merton explica la anomia Durkheim de como un desajuste entre las metas culturales y los medios socialmente legítimos para alcanzarlas. Esto produce diferentes modos de adaptación (conformidad, innovación, ritualismo, retraimiento y rebelión). Como los casos tan comunes del “crimen de cuello blanco y del cuello negro organizados” produciendo anomia por todas partes. Según Merton, los roles sociales pueden tener expectativas contradictorias, generando tensiones sociales, comportamientos complejos y desviaciones agrego yo.

En Merton en “Social Theory and Social Structure” y “Sociological Ambivalence and Other Essays” las definiciones de la realidad social tienen permanentemente consecuencias en la realidad, tanto si se trata de definiciones “verdaderas” (fieles a la realidad) como “falsas” (de apariencia engañosa). De lo que se trata, es que el funcionamiento cotidiano del presente, se ve afectado tanto por definiciones de la situación ajustada a la realidad como por las tributarias de su apariencia engañosa. El estructural-funcionalismo de Merton mantiene la idea de que la sociedad es un sistema con partes interrelacionadas. Que en la vida cotidiana producen efectos simultáneos la realidad y su apariencia, lo enmascarado y su máscara: Efectos independientes, ora paralelos, ora contradictorios. Para él un elemento puede ser funcional para algunos grupos, pero disfuncional para otros.

Pasa seguido en la observancia de la funcionalidad institucional, que por otro lado sostiene que no hay instituciones absolutamente indispensables.

La realidad social se construye, se manipula a través de interpretaciones, de apariencias y no solo hechos. Las consecuencias sociales de cualquiera interpretación originan estigmas, creencias, consejas todo lo necesariamente deseable desembocar en definiciones, normas convivencia cotidiana y de fiabilidad institucional. Desde los gobiernos las políticas públicas para construir, modificar o transformar una realidad que les parece incorrecta, ensayan vías para recomponer “el tejido social”, “modificar las conciencias”, cambiar el “sentido común” todas ellas patinan porque chocan con la subjetividad en la población que analizaré, será tema al analizar la manifestación de las masas, las multitudes, la muchedumbre y de la plebe.

José GaxiolaLópez, @GAXILO, México 20 de noviembre 2024. Aniversario de la Revolución Mexicana, de los intelectuales revolucionarios legitimadores oficiales y, de los hombres de negro en el poder.