ARTE: Realidad Imaginada
Parte 1 de 2
José Gaxiola López
@GAXILO
El reto-propuesta, de analizar el impacto e interpretación de la realidad desde el arte. En el seminario sobre “Donde carajos está la Realidad” participaron pocos artistas. El profesor de arquitectura señaló que el arte ha tenido mucha influencia en modificar, en mejorar a la realidad. Lo que coincidía con Piglia cuando nos propuso el tema. Estuvimos de acuerdo siguiendo las opiniones de un historiador del arte, un sociólogo que investigaba la influencia social del cine. En Princeton, el cine universitario lleva (o llevaba) el nombre de James Stewart, famoso actor egresado de esa universidad.
El arte en Aristóteles es un hacer productivo acompañado de razón y de verdad. El arte en él, sean las artes útiles o las bellas, es por las primeras la posesión de una aptitud con dominio técnico para informar y solucionar y, para las otras son materia para mover las sensibilidades. Del arte dice Aristóteles, “proceden las cosas cuya forma está en el alma.” Y “El arte es forma.” M. Heidegger, en su libro “Ser y Tiempo” toma de Aristóteles los elementos theoria, poíesis y prâxis. La poíesis y la prâxis discurren en la esfera real del Ser. Los objetos de la poíesis son los artefactos que nos relacionan, mientras que la prâxis son los aspectos de su temporalidad. En la poiesis; producir, originar, traer a la presencia sentidos que, para M. Heidegger, es un emerger desde sí para traer adelante lo que se tiene en sí mismo; a diferencia del elaborar artesanal y artístico que poseen su eclosión en el otro, donde se fundamenta su producir, cuando lo observan, lo escuchan o leen. En el pasado, la palabra tekné designaba la producción asociada a la belleza; la póiesis de las bellas artes se llamaba tekné. Heidegger “el arte no se originaba en el sentimiento artístico ni tenía como objetivo el goce estético, formaba parte de la producción cultural”. Finalmente, el nombre de póiesis fue conferido a la manifestación que rige y determina a la poesía.
Desde aquella época los griegos tenían arraigado el sentido utilitario del arte, en virtud del cual las cosas de uso cotidiano proporcionaban deleite a su poseedor y ornamento a su vida. De pueblos, como el de China podría decirse del arte en sus objetos: porcelana, biombos, lacas, mobiliario. Los griegos en su clasificación de las artes tenían las artes inútiles, su división no coincidió con la del medievo de artes serviles y artes liberales. Ni con la moderna de bellas artes y artesanías. Para Aristóteles son artes útiles de las que puede derivarse uso, empleo, provecho distinto o suplementario al de la apreciación del espectador, del oyente. Desde entonces la sensibilidad y la utilidad de las artes son tema.
El arte y su belleza se han discutido por más de 500 años desde la razón, la matemática y, últimamente desde la estética. Parto citando el ejemplo de la concepción pitagórico-platónica de la belleza en el paradigma de la Serie Fibonacci del matemático Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci porque viene de la familia de los Bonacci, figlio di bonacci (hijo de bonacci) y Fibonacci es una contracción. Es una serie numérica que construyó para explicar el crecimiento poblacional de los conejos. Serie también está en las artes, en la astronomía, en las galaxias, en la simetría de la espiral aurea de los caracoles, en varias semillas y frutos. Se emplea en el diseño y ya la utilizan para diseñar tendencias bursátiles. Fue apoyo de grandes artistas en su prospectiva y
para que su visión interior no se excediera, dijo Leonardo da Vinci. Este, también inventor, dirá que no sólo se encuentra en los números y medidas, está en los sonidos, tiempos y lugares. Hacia 1509, L. Paciólo creador de la partida doble, por lo que es considerado padre de la contabilidad, en “De Divina Proportione” propuso las relaciones numéricas de la proporción del áurea pitagórica para uso de pintores y escultores, abonando en las leyes de la belleza en la figura humana.
Crousaz, en su “Traite du beau” de 1715 sostiene que la belleza es algo aprobado por la razón en ideas de; unidad, orden, proporción y regularidad, caracteres de lo bello en la naturaleza. Por esa época algunos ingleses, utilizaron la metafísica para concebir lo bello como; “armonía, orden, proporción, regularidad o uniformidad”. Como resultado de los cambios en la ciencia y la tecnología los ingleses del siglo XVIII mudan de concepción. La belleza será la relación del gusto del sujeto con los objetos de arte. Había nacido la sensibilidad ante tales objetos y la belleza topa en la vida cotidiana. Gusto, sentimiento, placer, serán las palabras e ideas dominantes. Hume en su ensayo “Of the Standard of Taste” publicado en 1757, señala que en la gente difieren mucho sus gustos y/o sentimientos, aunque acuerden en que la elegancia y la sencillez debe buscarse en la literatura. Qué no aplica en el caso de la pintura y/o en la música. Para Hume la belleza es el poder especial de la cosa para producir placer. Y percibir su belleza no es cosa del conocimiento, sino del gusto y del sentimiento. Los sentimientos y pasiones pueden derivarse de la experiencia inmediata, por ejemplo, el placer, la aversión, el miedo, etc. O por la relación entre impresiones e ideas, por ejemplo, el amor y el odio. Por lo que deberían quedar fuera al opinar sobre una obra de arte. No se vale decir de ella “siento tal o cual cosa”. En Hume es te gusta o no te gusta. Y no es cualidad de la cosa, existe en la mente de quien la contempla, la escucha, la lee, de modo que todos la perciben diferente. Hume dice en su obra que el humano busca una norma del gusto que le permita reconciliar diversos sentimientos y pasiones. Sin embargo, no encontró la regla subjetiva del gusto ligada al placer. “Mi gusto es y quien me lo quitará” dice una canción sinaloense, reflejando esta situación. Nota; decir “esto me gusta” no equivale a decir “esto es bello”.
Se precisaba una nueva explicación de los juicios estéticos en los humanos. Esto es lo que Kant intenta ofrecer en su obra “Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime”. En Kant, como en pensadores anteriores a él, el arte está ligado a la belleza. Aunque se reconozca la belleza de la naturaleza no puede compararse con la que el arte debe representar. Los entes de la naturaleza tienen un ciclo, una función y un fin. La obra de arte, es fin en sí misma, dijo Kant. Cuya función es indeterminada. Se constata en muchas obras que admiramos. Sin embargo, la fórmula kantiana no explica eso que atrae, ese llamado que hacen ciertas piezas musicales a mover el cuerpo, pararse ante algunos cuadros y citar libros, que al final de cuentas es lo que le da existencia a la obra de arte.
Kant se propone distinguir lo sublime de lo bello. Lo sublime existe en la representación grandiosa de las pasiones humanas en la tragedia y lo bello en los caracteres de la comedia, de su ejemplo ofrece equivalencias entre lo sublime y lo placentero, lo grandioso y lo gracioso. Mendelssohn, en su escrito “Sobre lo Sublime y lo Ingenuo”, esboza los primeros rasgos de dos formas de lo sublime que después Kant describirá: lo sublime de la grandeza y lo sublime de la fuerza. En efecto, así como hay una inconmensurable grandeza, como la bóveda celeste, hay una intensidad que por su fuerza suscita miedo, como los grandes huracanes en las costas. Aunque por años manifestamos superioridad sobre la naturaleza ahora sabemos de su inmensidad y poderío mostrándonos nuestra impotencia.
El sentimiento de lo sublime es reconocimiento de nuestra limitación: sea por la grandeza, la fuerza y/o por su excelsa belleza somos incapaces de abarcarla, para comprenderla en su conjunto un objeto de arte que nos suscita ese sentimiento, como cuando estamos ante el Guernica, ni los términos que nos ayuden a comparar la quinta sinfonía de Beethoven con otras, que nos ayuden a formarnos una idea exacta del ambiente descrito en la Odisea. Y de aquellas artes bellas cuya influencia y admiración rebasan su geografía y su tiempo. Kant, coincide con Mendelssohn y otros, que lo sublime es un rasgo poco común en los humanos, sólo está en individuos de sensibilidad extraordinaria. Unos lo atribuyen a la divinidad, otros a la virtud humana, al genio en unas personas y, en otros a la impronta de su heroicidad e integridad de carácter recordados como ejemplos de humanidad y del sublime sentimiento del respeto.
El principio básico que rige en la vida virtuosa, dice Kant, es el “sentimiento de la belleza y la dignidad de la naturaleza humana”. Kant en esto reconoce la influencia de Rousseau dijo “Rousseau es el Newton del mundo moral”. Newton nos hizo ver el orden y la regularidad del mundo físico, Rousseau descubrió en la diversidad humana la unidad de una naturaleza y condición compartidas. Rousseau, en su discurso sobre las artes y las ciencias en 1750 en la Academia de Ciencias de Dijon, Francia, buscó responder a: ¿El florecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a mejorar las costumbres? Rousseau planteo el problema discordante del progreso, concluyó que la ciencia y el arte no han contribuido realmente a mejorar las costumbres, sino más bien a extraviarlas. Esta paradoja, aún actual, llevó a Kant a sondear el trasfondo de las artes y la ética en los humanos.
Kant se separa de la idea de los filósofos británicos de que la belleza y la cualidad moral son propiedades de los objetos percibidas por un sentido moral y de la belleza del sujeto. Para Kant dichos sentimientos son actitudes o “temples de ánimo”. La percepción de lo bello engendra un deleite plácido, reposado y armonioso de todas las facultades del sujeto. El sentido de belleza lo explica analizando las dotes femeninas diferenciando las virtudes de la mujer bonita y de la mujer bella. Kant hace observaciones sobre el aspecto externo de la mujer para pasar a las consideraciones íntimas del ánimo y los valores que representa. La mujer bonita o guapa, posee los atractivos de las facciones regulares y una figura bien proporcionada. La bella además de poseer tales rasgos expresa una confianza en su perfil moral y simpatía. Si bien la bonita seduce, la bella agrada, conmueve, provoca apego y afecto. Para Kant la inteligencia femenina se encuentra a la par que la del varón y a la bella no le hace falta nada para discutir de igual a igual con el hombre. Mas allá de las femmes savantes de Moliere, Kant reseña a dos mujeres inteligentes francesas: Madame Anne Lefebre Dacier que tradujo al francés, la Iliada, la Odisea así como otras obras grecolatinas. La Marquesa Emile de Chátelet tradujo al francés y divulgó las obras de I. Newton, además escribió sobre ciencia y filosofía. Para Kant la erudición de la mujer no es especulativa, sino de sentimiento conectado con las emociones morales que resaltan su valor afectivo. Kant, (en el Konigsberg de aquella época era la Atenas, del Báltico) tenía dos amigos que entre otros temas criticaban sus ideas sobre el arte y la belleza. J. G Hamann, filósofo y teólogo, precursor de la filosofía del lenguaje, criticó la demasiada crema en los tacos del racionalismo de Kant sobre el pensamiento estético. En Hamann la subjetividad estética en el individuo se articula y constituye desde el lenguaje, que para él tenía un origen divino. Lo dice en Su “Aesthetica in nuce”, de 1762. Como teólogo, la belleza la explica por su imitación a la naturaleza, creada y revelada por la palabra de Dios, que además debe reflejarse en el artista. J. G. Herder, también filósofo y teólogo, además médico, aunque compartía ideas con Homann (ambos considerados fundadores de la estética), Herder sostuvo que el lenguaje tenía origen genético, no divino. En sus obras; “Ideas para una filosofía de la humanidad”, “Fundamentación de la estética” y “sobre la Literatura alemana reciente” mantuvo largo enfrentamiento con Kant, revaloró la literatura popular despreciada por los racionalistas y sostuvo la tesis de que el arte de cada país refleja la personalidad del mismo. Para él, la lógica del lenguaje, de la belleza y del arte no es la de la razón, sino la capacidad individual de sentir y de construir mundos imaginarios con lo que él llamó “la fuerza oscura en el alma humana” respondiendo con ello a la “Critica del Juicio” de Kant. C. Menke, de la escuela de Fráncfort, elabora sobre las ideas de Herder su libro “La Fuerza de la Estética” y revalora la influencia de aquel en lo que hoy consideramos “Derechos Humanos”. Así que entre la Razón y la Divinidad Herder abrió otra ruta para el pensamiento.
En esta nueva concepción la obra de arte no será juzgada por la razón sino el sentimiento, pues su finalidad es gustar, emocionar, cautivar. En esta “oscura subjetividad” del sentimiento y de la sensación, la explicación de la belleza no requiere del raciocinio porque pertenece a nuestro natural orden afectivo sea por costumbre o por capricho, porque aporta placer a los sentidos y satisfacción al alma. Aunque se seguirá reconociendo la belleza surgida de la inteligencia, de la ciencia y de la reflexión erudita que busca ser útil. Desde la sensibilidad, el arte es garantía de identidad, de continuidad para realzar valores culturales de un pueblo. Leer a G Lukacs, “Historia y conciencia de clase Estetica” a J.H. Balfe y M.J. Wyszomirski, “Art, Ideology and Politics”, a S.C Dubin “Aesthetic production and social control”. El arte ofrece conocimiento del mundo espiritual, hedonista y recreativo dice V. Karbusicky, en “Interaction between reality-work of art-socity” igual al servicio de la religión, al estatus social, arte y como realce estético de recreación y pasatiempo.
A. Gerbrands en “El Arte como elemento de cultura en Africa” afirma que las artes son esenciales para perpetuar, cambiar y enaltecer la cultura. Demostró que refuerzan, comunican, sustentan valores culturales, a la vez que adornan y enaltecen el entorno. Que pueden reforzar la moral de los grupos, crear unidad y solidaridad (son roles de las esculturas y estatuas públicas; los blasones, insignias, logos, uniformes y símbolos). También puede considerarse indicador de posición social y, como mercancías capaces de aumentar el poder y el prestigio del propietario (arquitectura, joyería, cuadros, etcétera).
Las imágenes visuales creadas por los artistas nos permiten aprender cosas acerca de nuestra y otras culturas, historias y valores. A veces los artistas cuestionan determinados valores. Otras veces animan a imaginar y a soñar. Al tiempo que deleitan nuestros sentidos ponen a nuestra disposición objetos con múltiples funciones socioculturales. La glosa artística es medio al servicio de “la acción, la creación y la vida de una cultura” dice F. G. Chalmers en “Arte, educación y diversidad cultural” y está presente en el arte conmemorativo, en el arte político y en el religioso. En la actualidad en el llamado arte de la naturaleza y/o medioambiental.
A.C. Danto en “The Transformation of the commonplace” aborda el arte como denominación social, que tanta influencia tiene en la modificación de los espacios públicos en las ciudades. J. Wolff en “The Social Production of Art” sostiene que las formas de expresión artística cine, literatura, pintura, jazz y rock, son depositarias de significado cultural, donde el público y otros actores no artistas intervienen en la producción de estas obras, sometidas al gusto, preferencias, ideas y concepciones de quienes influyen en el mercado de las mismas. El disfrute y la experiencia estética están socialmente fundamentados, dice Wolff.
J. Berger en “Ways of seeing” (modos de ver) muestra que la posesión de obras de arte tiene una vinculación directa con el estatus social de los individuos. A partir del Renacimiento la relación entre la pintura al óleo y la propiedad, puesto que el tamaño, el tema y su exhibición de las pinturas en el entorno de la propiedad constituyen signos de riqueza, poder político y prestigio social. P. Bourdieu en “La Distincion”, “El sentido social del Gusto” y “Las Reglas del Arte” describe la utilización del arte como forma de capital cultural, concluye que la participación cultural vinculada al arte incrementa el poder y el prestigio de los individuos. Sus afirmaciones se han confirmado por estudios realizados en sociedades no occidentales, donde el estatus social, lo mismo
que en occidente ha estado relacionado con el consumo del arte y la participación en el mismo.
E. Dissanayake en “What is Art for?” (¿Para qué sirve el arte?) identifica varias funciones facilitadas por el arte. 1) refleja el mundo natural del que forma parte. 2) Es terapéutico, porque “integra sentimientos contradictorios y perturbadores…, evita el tedio y permite la participación…ofrece ilusiones consoladoras; promueve la catarsis de emociones perturbadoras”. 3) Posibilitar “restablecer … la trascendencia, el valor y la integridad de la sensualidad y el poder emocional de las cosas, en contraposición con la indiferencia general de nuestra vida práctica rutinaria y sin horizontes”. 4) Ha sido calificado de “esencial” porque ejercita y entrena nuestra percepción de la realidad. En muchas culturas, puede poseer “la facultad exclusiva de prepararnos para las
embestidas de la vida” al fijar nuestra atención en cosas que deberían preocuparnos. 5) Atrae nuestra aplicación en problemas generales que nos afectan individualmente. 6) Ayuda a ordenar el espacio natural y contribuye al orden. Dissanayake recuerda que puede desacostumbrarnos, en el sentido de que puede optar por formas inusuales en nuestro entorno, modificando hábitos como el de oír cierto tipo de música por otra. 7) El arte ofrece sensación de trascendencia o intensidad a la vida humana que no puede obtenerse por ningún otro camino. 8) El arte es un medio de ponernos en contacto con los demás, es un medio de comunión y a la vez de comunicación.
E. L. Lankford en “Aesthetics; Issues and Inquiry” afirma que el arte es valorado por muchas razones, entre otras por la experiencia placentera que proporciona, por su valor en la economía individual o grupal, por su impacto emocional, por su utilidad en la crítica social y por su influencia política. También es valorado por la capacidad que tiene de embellecer espacios, de sorprender, de inspirar, de estimular la imaginación, de informar, de contar historias y de referente histórico (como en las ruinas arqueologías, los petroglifos, la pintura y escultura rupestre, tumbas y monumentos); por la clarividencia al mostrar la condición humana en muchas obras literarias y otras; por sus logros técnicos; por la interpretación del espíritu de culturas particulares; y por
el estatus que puede proporcionar a su dueño.
J. K. McFee en “Cross-cultural inquiry into the social meaning of art” y en “Art in society” atribuye al arte funciones que actúan a diversos grados, individual o grupalmente y en combinación subjetiva y objetivamente influyendo en las experiencias de las personas. El arte objetiva, en el sentido de que a través de el, los valores, las emociones, las ideas, las creencias y las supersticiones pertenecientes al mundo subjetivo se vuelven sensorialmente tangibles, hasta el punto de que pueden ser vistos y sentidos. El arte realza y se utiliza para enriquecer la celebración y el ritual en los acontecimientos humanos. El arte también discrimina y organiza; confirma rangos y roles le describe a la gente la otredad y significado de quienes son los otros. El arte comunica. Las artes de una misma época se influyen mutuamente, están condicionadas por los mismos factores sociales, técnicos y por los materiales. Me refiero a un arte particular. Querer demostrar el absurdo de que una corriente literaria aplicable a la música o a la pintura porque son de la misma época, es una necedad. Aquí, como en todas partes, no es solo la forma las diferencia, también la materia, una cosa es trabajar con colores, otra con sonidos y una más con palabras. Las notas, los colores, las formas y las letras no remiten a nada que les sea exterior y universal para todas las artes. Merleau-Ponty demostró en su “Phénoménologie de la perception” que la sensación desnuda carece de significado como lo hizo Hanson desde la neurociencia. Pero hay cosas que habitan en ellas como el sentido, la alegría, la tristeza, y el ritmo que los críticos de las artes buscan como sombras, brumas, climas, para explicarlas.
El procedimiento elemental del arte consiste en sustituir el objeto por su imagen. Y captaremos, concebiremos al objeto a través de su imagen. La imagen neutraliza nuestra relación real y concepción original del objeto por esa intermediación. La imagen no engendra, como el conocimiento científico una concepción, no comporta el “dejar ser”, de Heidegger. La imagen muestra un dominio sobre nosotros, una pasividad fundamental necesaria para apreciar el arte en ella. Pasividad visible en la magia de la ópera, del teatro, de la poesía, de la pintura. En la medida en que sitúa al arte por sobre la realidad y nos hace imaginarla, desprendiendo elementos que conjuntan como las sílabas y entonación de un verso que se impone a nosotros al escucharlo. Igual sucede con la música su sonido y ritmo se impone al cuerpo, las articulaciones se abandonan del yo en una oscura claridad. Ni el hábito, ni el reflejo, ni el instinto se mantienen ante esa “fuerza obscura”. El automatismo de la marcha o del baile al son de la música es un modo de ser en el que la conciencia se paraliza, juega absorta ante la imagen de ese arte. El tipo de movimientos y los gestos, poco importan. No hablen, no reflexionen, admiren en silencio son los consejos de la sabiduría frente a la belleza, a lo sublime.
Si el arte consiste en sustituir el ser por la imagen, el elemento estético es la sensación. Ver esa realidad representada con datos elemental, creativa e intelectualmente elaborados, ya sea musicalmente, pictóricamente y en la prosa que la puede volver realidad imaginada. Por esto, esos cuadros, esa música, esas estatuas que representan alguna cosa, esos poemas que reconocen la sintaxis, la puntuación, la entonación corresponden a la esencia del arte, porque han expulsado los objetos del mundo de los sonidos, de los colores, de las palabras, en que ellas nos introducen a la representación, a la des encarnación de la realidad por la imagen a captar. En la imaginación, nuestra mirada va hacia afuera, pero la imaginación modifica y neutraliza a esta mirada. Podríamos retener ese arte cerrando los ojos. El mundo real aparece entre paréntesis. La realidad no sería solamente lo que ella es, sino que tiene su doble, su sombra, su imagen y semejanza. Es una de las razones por lo que el arte es valioso. Como se dijo en líneas anteriores el arte nos introduce en la oscuridad de un destino, a veces muestra la irresponsabilidad que sopla con liviandad e impunidad. El arte libera, hacer gozar, sea con una novela, una pieza musical o un cuadro. La realidad imaginada es interesante en el sentido que atrae, al sujeto está entre las cosas como parte del espectáculo, exterior a sí mismo, queriendo transformar su yo-espectador en yo-actor.
Contemplar una imagen en un cuadro, en la visión de lo representado, en saber que el objeto no está allí. El cuadro no nos conduce, por lo tanto, más allá de esa realidad dada. A una detención del tiempo o un retraso del mismo, la paradoja de un instante que dura sin porvenir. No se trata solo la duración de la obra en tanto que objeto o en la permanencia de los libros en las bibliotecas, de las estatuas en los espacios públicos ni de los cuadros en los museos. Sino en el instante que dura infinitamente, eternamente como la sonrisa de la Gioconda a punto de desplegarse, pero todos sabemos que no se desplegará y nos cuestionamos porque sonríe. Es la utopía, el porvenir eternamente suspendido que flota alrededor de su postura fija, diciéndonos, tú porvenir no llegará jamás.
José GaxiolaLópez @GAXILO México, 20 de enero del 2026
