Los Recovecos de los imaginarios y las consciencias.

(Parte XIV y última)
José GaxiolaLópez @GAXILO


La difícil tarea de imaginar los diferentes procesos cerebrales de la consciencia que podrían
explicar cómo ajustamos inconscientemente nuestra conducta, incluidos el comportamiento y la
atención, imaginemos a alguien que sincroniza su trabajo con el sonido y tal vez con algunas
imágenes. Podemos apelar que en ello existe una especie de flujo de la consciencia. José Ángel
Espinoza “Ferrusquilla” al ampliar su casa en Mazatlán, los albañiles oían cierta música, me
platicó que les propuso oír otro tipo de música que él les pondría en su equipo de sonido,
aceptaron, así que en combinación de los rayos del y la brisa del mar, empezaron a disfrutar el
sonido de los violines de Vivaldi, al día siguiente pidieron más música y por un mes escucharon
a Bach, Mozart, Beethoven, Chopin y demás, produciendo en ellos cierto placer, dijo el “Ferrus”.
¿Cómo fue posible que tales sonidos produjeran un cambio en su gusto musical sin afectar su
trabajo? Parece imposible. Recientemente al reparar mi casa, los albañiles realizaban sus rutinas
maquinalmente al ritmo de su música y cantando. Es obvia la ilusión de los tecnólogos que ese
flujo de consciencia pueda reproducirla un robot, o algún artefacto de la inteligencia artificial.


En “A Cognitive Theory of Consciousness” Bernard Baars establece lo que considera “amplio
consenso” de que la consciencia es producto multidisciplinario de especialistas asociados y
equipados con una memoria de trabajo, cuyo contenido es transmitido a todo el sistema con un
sentido funcional (donde casi todo puede estar en contacto con casi todo), también anatómico
(distribuido por todo el córtex y otras áreas del cerebro). Es tentador suponer que los especialistas
deben modelarse como construcciones de tejidos conexionistas de uno u otro tipo. Dice Baars
que, a pesar de las diferencias de perspectivas, formación y aspiraciones, aquel consenso gira en
torno a la visión compartida de cómo debe residir la consciencia en el cerebro. Coincidiendo en
que no hay un punto en el cerebro que se corresponda con la glándula pineal de Descartes. Gerald
Edelman en “The Remembered Present; a Biological Theory of Consciousness” sobre los
circuitos del cerebro afirma sobre el modo en que ellos pueden llevar a cabo tareas de
discriminación, construir memoria, coordinar secuencias, resolver problemas y ejecutar las
actividades humanas, pero no sabremos si los circuitos de reentrada son la manera correcta de
concebir la neuroanatomía funcional hasta que no los hayamos forjado sobre un diseño cognitivo
completo. Edelman muestra a detalle de qué manera diferentes preguntas deben responderse
antes de poder afirmar que disponemos de una teoría completa de la consciencia.


Los neurofisiólogos han identificado mecanismos en las neuronas como los receptores NMDA
(proteínas que reciben señales glutamato y glicina en ellas) y las sinapsis de Von der Malsburg,
(cuáles neuronas corresponderían a cada objeto posibles a cumplir la función de la conectividad
entre células). Dichas puertas podrían permitir la rápida formación de ensambles transitorios,
superponerse a las redes sin el requisito de que se produzcan alteraciones de la memoria a largo
plazo. H. Flohr en “Brain Processes and Phenomenal Consciousness” dice que los neuro
anatomistas han seguido completando el mapa de las conexiones del cerebro, mostrando no solo
qué áreas permanecen activas en qué circunstancias, también cuales son las contribuciones de
cada área en la consciencia. F. Crick en “A Framework for Consciousness” dice que los ramales
que nacen en el tálamo se dirigen hacia todas las partes del córtex, encajan perfectamente en el
papel de faro exaltando diferencialmente áreas especializadas y reclutándolas para los objetivos
del momento. La formación reticular en el diencéfalo y el tálamo, conocidos por el rol que juegan
en la tarea de despertar el cerebro (del sueño, o responder a una novedad o una emergencia).


El neuropsicólogo Michael Gazzaniga, leer sus “Relatos desde los dos lados del Cerebro”, ha
aportado abundantes datos provenientes de ciertos déficits neurológicos el caso de los pacientes
con el cerebro dividido, afirmando una idea del pensamiento como coalición de acciones semi
independientes. Que algunos, mal llamaron pensamiento paralelo. En estos casos una incisión de
la comisura del cuerpo calloso del cerebro desconectó los hemisferios, adquiriendo memorias
dobles e independientes, igual una doble personalidad, lo que supone una dualidad funcional, por
ejemplo, en una acción pueden dar instrucciones contrapuestas entre sí. La concepción
neurológica de integración funcional servirá para poner en claro la identidad de la consciencia;
es decir, la identidad personal ha de considerarse basada en la integración funcional de
subsistemas cerebrales, una hipótesis específica bastante flexible, como para ser aplicada a
variedad de casos. ¿Tendrá que ver con nuestras indecisiones?


El Parallel Distributed Processing (Procesamiento Paralelo Distribuido) dentro de la IA
aproxima la modelización cognitiva con la neuronal, sus elementos son sus nodos en redes
paralelas conectados de manera semejante a las redes neuronales del cerebro. Al comparar la IA
(Inteligencia Artificial) conexionista J. Haugeland, en “Mind Design: Philosophy, Psychology,
Artificial Intelligence” apoya la idea. Se siguen mapeando las conexiones del cerebro con
hipótesis sobre el papel que jugarían diversas áreas en la consciencia. Baars elaboró el Extended
Reticular Thalamic Activating System (Sistema de Activación Talámico-Reticular Extendido).
D. Norman y T. Shallice en “Consciousness and Self-Regulation”, el modelo “Sistema de
Supervisión de la Atención” que localizan en el córtex prefrontal concediéndole la particular
responsabilidad de la resolución de conflictos. Los lóbulos frontales del córtex, la parte del
cerebro que más ha crecido en nosotros conocidos por su participación en el control a largo plazo,
en la organización y en la secuencia de la conducta. En las neurociencias, la psicología cognitiva
y otras áreas siguen produciendo modelos en el mundo académico de las ciencias cognoscitivas.


Tenemos un conocimiento cada vez más extenso del funcionamiento de los circuitos neuronales,
su sincronización vinculada a los ritmos de activación de las neuronas. Sabemos que, comparado
con el de otras especies, el cerebro humano tiene un mayor número de áreas cerebrales
especializadas en su corteza por un tipo de neuronas de gran tamaño. Sin embargo, los
investigadores del cerebro insisten en que aún no se tiene un buen modelo de la consciencia
porque no se ha resuelto el problema de cómo encajarlo en el cerebro. Aunque hay consenso en
el único lugar en el cerebro capaz de albergarla es todo el córtex. En enero la revista Nature
publicó un avance de investigación “Consciousness: the future of an embattled field” sobre
conceptos de capacidad simbólica como la representación, la abstracción, la figuración,
facultades que se cree ayudaron en el desarrollo exponencial del cerebro y la conducta social, los
científicos concluyen que la consciencia está en varias partes, no en un lugar particular del
cerebro, mucho menos como modificarla. Hallar una localización anatómica para el control de
una actividad es una cosa, pero localizar de donde surge la orden, es distinto; quien lo intente
estará persiguiendo sombras, J. Fuster en “Prefrontal Cortex in Motor Control”.


Sólo podremos explicar a la consciencia tomando en cuenta que lo importante no solo es la
actividad neuronal sino el cómo esta actividad se da en interacción con el contexto. Y que las
propias acciones en esa relación dirigen nuestros pensamientos, ideas, imágenes, eventos o
problemas del ambiente en el que estamos alojados viviendo con las cosas que nos rodean y nos
proveen de significados. La consciencia individual tiene un asa externa, que engrana y
complementa la función cerebral enlazándola con engranes ajenos, con los memoriales del
mundo. De modo que la consciencia depende de la interacción entre el cerebro, el cuerpo y el
mundo. Con el entorno real, el virtual y el artificial. Entre ellos del imaginario. Los recuerdos
personales y las creencias enraizadas de la colectividad son procesos íntimos y subjetivos que las
personas atesoran como parte de su identidad formada por las historias, nociones, valores,
lugares, ideas, rituales, conductas, hábitos y demás de la cultura.


Una de las utilidades de la historia reside en la construcción de una memoria colectiva en relación
con la memoria episódica personal, pues aprender la historia de tu país, región y comunidad
implica alimentarte del simbolismo social que se convierte en parte de tu visión personal o
colectiva. La memoria histórica equivale al conjunto de acciones y recuerdos colectivos del
pasado compartidos por una comunidad y que los evoca periódicamente. El sentido del término
“rememoración” de Walter Benjamín liga la memoria personal con la colectiva en esa recreación
que permite el encuentro de un pasado implícito en tiempo presente. Hay que reconstruir y
apreciar el pasado para aprender de él, para reconocer errores y no cometerlos, para labrar un
mejor futuro. Para sedimentar y cristalizar el valor personal, cultural que el valor humano no
caiga en la regresión. Así, los criterios de identidad política tienen un componente de memoria
colectiva sometida a exaltaciones, deformaciones u ocultamientos por diversos grupos de poder.
J. Dewey, ha dicho que la experiencia humana se hace humana por la existencia de asociaciones
y de recuerdos filtrados por la red de la imaginación, de manera que respondan a las exigencias
emotivas. Las cosas en que la imaginación pone mayor énfasis cuando remodela la experiencia.
Dewey comprende la consciencia, igual que W. James, como flujo en movimiento y no como
una estructura interna, percibe la particularidad cualitativa que define la experiencia humana, que
marca un registro diferenciado en relación con los otros.


Así que la ciencia no domina la totalidad de la realidad, ni siquiera de la experiencia humana,
como cree Evandro Agazzi, con quien compartí oficina en la Universidad de Génova. Leer su
“Logiche moderne”. La totalidad de la experiencia está terciada sensorialmente. De la
formulación cartesiana “pienso y luego existo” ¿Se puede existir el humano, sin pensar? Si, pero
en Coma. Descartes al decir “cogito” evoca a la meditación y su “res cogitans” la interioridad.
De la que Gadamer dudó. Agazzi señala que ningún elemento de conocimiento consiste en una
sensación aislada, tampoco en una multiplicidad desordenada de sensaciones, sino en unidades
de múltiples variaciones organizadas. Señala la presencia de la dimensión unificadora que Platón
y Aristóteles llamarón eidos y forma, que la Gestalt recogió.
Imaginar no es demostrar que el cerebro pueda ser inducido a tener experiencias normales. En el
escenario de la realidad virtual no oímos, ni vemos, ni actuamos como donde, nos parece oír, ver
y actuar. En un simulador de vuelo no se lleva un avión verdadero. Lo mismo ocurre con nuestro
pensamiento imaginativo, en lugar de experimentar, creamos una manera de estar desconectados
de lo real. De manera que el imaginario se relaciona con la consciencia al alimentarla de
diferentes imágenes. Incluye la perspectiva acotada de los objetos por mi vista, mi tacto, mi oído,
mi olfato, que así los represento conscientemente, invitándome o no a actuar, a que mis
emociones y vivencias pueden ser independientes de la manera en que los objetos me rodeen.


Stevan Harnad en “Consciousness: An afterhought” enfrenta este problema postulando que las
representaciones mentales están enraizadas ascendentemente en los niveles neurocognitivos: en
el básico en forma de representaciones icónicas propias a las proyecciones sensoriales de los
objetos; en un nivel intermedio de representaciones categóricas aprendidas de los rasgos
invariantes del objeto y por ultimo las superiores, propiamente simbólicas que describen
relaciones causales o de igualdad del tipo X es Y.


Al citar los qualia, Bertrand Russell dijo que los conocemos de forma directa de las cosas, Henri
Bergson contaba los qualia entre los datos inmediatos de la consciencia. Según la neurociencia
cognitiva, los qualia son procesos cerebrales, desde mi punto de vista producto de las cualidades
de la imagen. Hay una diferencia entre un color y la correspondiente radiación electromagnética,
así como entre sensación térmica y calor, entre la sonoridad y la amplitud de onda de su sonido.
Ahora sabemos que las diferencias radican en sus cualidades, que al final eso quiere decir
etimológicamente qualia. Los qualia pretenden explicar la subjetividad en términos objetivos de
la percepción, de las apariencias y de la variedad de versiones. J. Locke (antes, Robert Boyle)


bautizó a los colores, los olores, los sabores y los sonidos como cualidades secundarias,
distinguiendo de las primarias, como el tamaño, la forma, el movimiento, el número y la solidez.
Las cualidades secundarias son el poder de las cosas para provocar ideas en los observadores,
ineludiblemente ligadas a determinada clase de indagador. Podemos decir que las cualidades
secundarias encantan antes de ser sospechosas. Una joven podría ser encantadora sin que nadie
la encontrara como tal, o la hubiera observado antes, no podría ser sospechosa hasta que alguien
sospechara de ella. Así que una verdad sospechosa, de cualquier forma, tizna.

Las categorías básicas de nuestros espacios cromáticos, olfativos, sonoros y demás han sido
formadas por presiones selectivas, como antes señalamos sobre el gusto, de modo que de las
imágenes tiene sentido preguntar para qué sirve determinada categorización, discriminación o
preferencia. Existen motivos por los cuales rechazamos ciertos olores y aceptamos otros,
preferimos ciertos colores a otros, ciertos sonidos nos molestan más que otros. De este modo nos
gusta la comida picante, los postres, la música discordante o un agua ardiente.


M. McLuhan proclamó que el medio es el mensaje, que es más verdad quizás en los casos de
imágenes relacionadas con la consciencia que en cualquier otro foro. Lo que pretende la
mercadotecnia moderna a través de las imágenes, es vender cualidades de los productos, de los
servicios, de las organizaciones y de los políticos en campaña. Sin embargo, cuando tomamos un
buen vino no queremos información sobre su composición química, sino la sensación que
provoca o representa. Muchas de nuestras preferencias se basan en tendencias configuradas en
nuestra consciencia, aunque su real valor haya desvanecido hace años. Igual la mercadotecnia
hace que seleccionemos objetos por la marca, sin importar sus cualidades.


Las cualidades de las imágenes se refieren a aquellas sensaciones aparejadas a la experiencia
subjetiva, algunas teñidas de placer o de su ausencia, otras oscurecidas de dolor o malestar,
sombreadas de bienestar o de todo lo contrario, por la angustia y el sufrimiento, por lo
pauperizado o la esperanza. Si las experiencias subjetivas van acompañadas de imaginarios, del
habitus y de las representaciones sociales la cuestión va más allá de la manera en que una
experiencia cualquiera puede adquirir cualidades sensoriales concretas, por ejemplo, el sonido de
un chelo o de un saxofón en el túnel solitario de noche en el metro de París. El diseño neural que
propicia tal imagen me proporciona percepciones sentidas, una experiencia pura e irrepetible,
que ahí queda a la Marcel Proust de un “Tiempo Recordado” y reclamado como parte de la
consciencia del sí mismo, del yoismo, de la mismisidad.


Los psicólogos sociales proponen el contexto social de la consciencia. Algunos de ellos han sido
radicales mostrando a las personas como trozos de plastilina, a merced de cualquier estimulo
ambiental o Circo Althusseriano. Se han ido de bruces, no han tenido en cuenta que la vida
consciente es cerebral, que el cerebro está activo siempre, aún sin estímulos sociales. El cerebro
individual modifica sus relaciones sociales porque controla el comportamiento a través del
aprendizaje bajo control: de uno mismo y del entorno social. Además, confunden al simplificar
los hechos y sus condiciones ambientales, caen en el voluntarismo de revolucionar consciencias.
De modificar la consciencia mediante una acción directa en el cerebro para cambiar la existente
en las personas. Es posible manipular el cerebro de un individuo, pero de una población, es
imposible concluir que una acción externa masiva sobre los cerebros de una comunidad puede
producir cambios en su consciencia. El tipo de consciencia que imaginan estos promotores se
debe a su ingenuidad (recordar a S. Bannon con D. Trump) de construir un entorno cuya función
es afectarnos de la manera que lo hace nuestro entorno habitual.


No es fácil establecer que conductas expresan procesos conscientes y cuales no, su asociación a
escala filogenética, a los diversos niveles de consciencia capacidad y expresión, que no permiten
postular en que grado tal intervención puede afectar la capacidad consciente de cada uno en el
colectivo. Parece que la corteza cerebral no necesita inspectores, toda vez que está incrustada en
el ciclo pensamiento-acción, que se adapta continuamente al entorno, interno y externo. Tampoco
se necesita un concepto etéreo como el de “consciencia social” para intuir como se comporta la
sociedad. Esto significa que no somos autómatas al servicio de una corteza cerebral rígida y
predeterminada desde el exterior. La corteza posee una capacidad infinita para combinar
elementos en innumerables redes corticales representando el mundo y para lidiar con el. Ahí
reside el potencial de nuestra corteza para aprender del pasado, forjar el futuro, potenciar la
libertad, que es la nuestra. No para recibir la libertad desde una entidad mítica-política en la
consciencia, porque la corteza cerebral delibera y dota al individuo de más libertad consciente.


La consciencia en nuestro tiempo está siendo bombardeada por lo que R. Dawkins llamó memes
en “El Gen Egoísta”. Al igual que los genes se propagan al saltar de un cuerpo a otro. Los memes
son unidades de transmisión cultural propagándose, saltando de un cerebro a otro, por imitación
o como doppelganger en la búsqueda en el mundo de los semejantes, del mito de nuestro doble
en alguna parte. Leer de Noami Klein “Doppelganger”. Dawkins invitó a que consideremos el
riesgo que su evolución. Ya los tenemos en todas las redes sociales obedeciendo leyes de la
selección natural, pero son tipos diferentes de replicadores evolucionando en medios y a ritmos
distintos. Provocando en muchos cerebros un estercolero en el que las larvas de las ideas de otros
se renuevan, antes de enviar copias de sí mismas en una especie de desbandada informacional,
incluso con órdenes perniciosas. Como el de invitar al suicidio o al martirio por una causa. Como
los que invitan al odio y al racismo, los que coartan la tolerancia y la libre expresión, los referidos
a conspiraciones y la inmensa mayoría con falsa información.


Algunos llegan a manipular a colaborar en su divulgación a pesar de considerarlos inútiles, pero
chistosos. Muchos de los que se replican lo hacen a causa de la simpatía, el acuerdo o estima que
sentimos por ellos. Algunos buscan buenos propósitos en temas de salud. Otros no podemos
comprender porqué se extienden y porqué los toleramos a pesar de los problemas que causan,
como la odiosa publicidad invitando a consumir. Somos el vehículo ideal para los memes de un
amigo, un desconocido, un enemigo en potencia que abrumará nuestra memoria y desquiciará
nuestras ideas como un parasito, o un virus. Lo bueno es que tenemos una capacidad limitada
para tolerarlos y albergarlos en nuestra consciencia. ¿Quién se acuerda de los memes de antier?
Sin embargo, hay granjas que los replican y extienden a la velocidad de la luz. Saltan
promiscuamente de una persona a otra, de una red a otra, invaden los medios de información
serios y la administración pública, luciendo su bendición, la imposibilidad de ponerlos en
cuarentena. Pareciera que no hay manera de pararlos, de dar marcha atrás como la mierda en la
cañería. Lo grave es que en manos totalitarias adoctrinan a personas con poca buena información.


La consciencia de la libertad, del libre albedrio, la responsabilidad ética son fenómenos de
implicación cortical cognitiva en el establecimiento de objetivos, de acciones para lograrlos en
beneficio de quien los establece, no de causas ajenas. Es verdad que, cuando hay una atención
selectiva, la categorización, las creencias hacen una distinción porque la consciencia está
presente. No obstante, la fijación de objetivos puede estar sujeta a influencias inconscientes o
externas, particularmente en casos de hábitos, representaciones sociales o imaginarios, esas
influencias pueden afectar las opciones de decisión. De cualquier modo, la experiencia consciente
de la libertad no deriva de ser consciente de finalidades concretas sino de su potencial en el
desarrollo individual. La libertad de actuar es de hecho potenciada por el conocimiento adquirido
por experiencias, por educación, también por la conducta moral y emocional. Tal vez incluyan
algunas creencias sociales aumentando nuestra libertad y la de nuestros camaradas.


En “The Neurophilosophy of Free Will”, Henrik Walter plantea los componentes del libre
albedrio: 1) la capacidad de elegir entre alternativas 2) la capacidad de actuar en función de
razones, intenciones, deseos o creencias y 3) la capacidad de emprender actos y acciones. Muy
parecido al concepto de autonomía individual que vimos en partes anteriores. Así que la
autonomía, la voluntad y el libre albedrio tienen niveles de operación factible y sutilmente
diferentes. Desde el punto de vista libertario tradicional existe un mínimo irreductible de
experiencia humana acerca de la elección moral, en el que no operan las causas. Esto se logra en
actos conscientes de voluntad guiados generalmente por principios reguladores racionales y,
habitualmente contra la fuerza del intenso deseo natural. Desde el determinismo se argumenta
que la experiencia subjetiva de posibilidades genuinamente abiertas resulta equívoca, ya que
fríamente operan influencias causales que no dependen de la voluntad, determinando no solo la
elección que realiza, sino el acto mismo de voluntad, y así el ser no elige ni actúa libremente.


Y sobre la responsabilidad moral, se aduce que cuando está asegurado el determinismo causal en
diversos sentidos adecuados de responsabilidad que justifican la afirmación de que cuando una
gente es libre de obrar de modo distinto a como lo hace, es moralmente responsable, en el sentido
correspondiente de lo que hizo. En este sentido haber hecho libremente algo que es malo en algún
sentido; en contra de alguna prescripción trascendental y categórica cargada de interdicción, es
Ser es merecedor de vituperación, condena y castigo, en consecuencia, es responsable, bajo la
suposición de que se actuó en iniquidad, y con libre albedrío.


A la gente le preocupa tener libertad de elección, pero parece tener ideas equivocadas al respecto,
no vota porque todos son iguales, porque siempre gana el gobierno. Por el “Miedo a la Libertad”
descrito por Erich Fromm ante un totalitarismo en ciernes. La subjetividad y la intuición los
alejan del real significado, los persuaden para ver el libre albedrio “real” el “práctico”, el que
“manifiesta” la imagen. Es lo que reclama la teoría de las versiones múltiples, distribuidas y
aceptadas en varios cerebros que una vez bien informados deben discriminar y ajustar sus
reacciones, algunas de bajo nivel, como al encontrar a alguien y sonreírle, saludarlo o caminar
por el lugar adecuado para no chocarlo. Otras relacionadas con acciones deliberadas acumuladas
por arreglos donde los sujetos pierdan toda convicción, ya no ven las cosas como antes, ven todo
diferente, curtidos a tal ideología, creencia o habitus.


Igual se provoca una idea vulgar de la consciencia. No tenemos que tratarla como magia de
verdad sino admitir la realidad de la consciencia como un fenómeno cerebral y reconocer que el
vulgo no tiene una idea sensata acerca de ella y lo podemos marear demagógicamente con tal
palabra. Del mismo modo, la idea del valor a lo que una imagen manifiesta o declara, provoca
una especie de aislamiento mágico con respecto a la causalidad, a la cualidad (quali) de la
imagen. Desgraciadamente, una rama de las ciencias cognoscitivas sostiene que el libre albedrio
es una ilusión provocando conflictos desde el punto de vista moral y legal, ya que sostienen que
nadie es realmente responsable, que nadie merece ser ni castigado. Ha sido la opinión entre
jueces, abogados y otros en los juicios para distinguir entre quien es responsable de qué , quién
debe ser eximido de culpa porque no tenía libre albedrío en el momento en que actuó́. Varias
veces la estrategia de defensa para criminales ha sido ¡hazte el loco y nos encargamos! A lo mejor
la ciencia está mal enseñando que nadie es responsable de nada, que no hay bases para distinguir
actos dignos de elogio u otros condenables. ¡Todos estamos programados! ¡Nadie es culpable!
Solo hay mal cableados. Hemos oído la disculpa ¡se me enredaron o cruzaron los cables! Kant
llamó a este de argumento “subterfugio mezquino”.


Los casos de personas que ya no igual las cosas, pasa por la ideología en la medida en que las
ideas se entiendan como imágenes, como signos grabados y proyectados en la consciencia, como
real iconología. La mayoría de los políticos mexicanos han hecho ambas cosas, repudiando ídolos
adorados en un momento cambiándolos por un modelo rival, abrazándolo, visualizando idolatría
mística. La imagen repudiada es estigmatizada como artificial, ilusa, vulgar, irracional. La nueva
es honrada con títulos de razón e ilustración. Hay un fetichismo de una retórica iconoclasta, que
se vuelve contra los que la usan, coloquialmente se queman políticamente. La ideología y el
fetichismo no pueden ser apropiadas como instrumentos teóricos para una operación quirúrgica
del “otro” político, pero las sueñan del dictador. T. Adorno y la Escuela de Frankfurt llamaron
“imágenes dialécticas” o contradictorias. El problema con la imagen dialéctica depende, observa
Raymond Williams, en “Marxism and Literatura” de distinguir el proceso social real y de las
distintas formas ideológicas o representación social que parecen expresarlo. Esta distinción
restablece el cisma iconoclasta que las imágenes dialécticas son genuinas y verdaderas, en
oposición a las falsas y cosificadas de la ideología y el fetichismo. Necesitamos entender en los
jeroglíficos sociales ambiguos sus aspectos auténticos e inauténticos, desenredarlos a petición
del imaginario que invoque el proceso esencial en una revolución de las consciencias a la deriva.


José GaxiolaLópez @GAXIOLO
El día del aniversario del IPN, México, mayo 2024