BITÁCORA INQUIETA
LA IDENTIDAD
El país que quiere reconocerse… sin perderse en el intento
JESÚS OCTAVIO MILÁN GIL
LA FRASE QUE ABRE
Hay derechos que no se ven…
pero cuando faltan, todo lo demás se desordena.
La identidad es uno de ellos.
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EL ANUNCIO: CUANDO EL ESTADO QUIERE NOMBRARTE
La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, no habló solo de tecnología.
Habló —quizá sin decirlo en esos términos— de poder.
Porque nombrar, registrar, identificar…
es una de las formas más antiguas de ejercerlo.
Bajo la visión del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, la CURP Biométrica no es un trámite más:
es la aspiración de convertir la identidad en llave universal.
Una sola clave.
Un solo rostro.
Un solo registro.
El sueño del orden.
O su riesgo.
De acuerdo con información pública de la Secretaría de Gobernación, el proyecto forma parte de la estrategia para consolidar la CURP como documento principal de identidad en México.
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LOS ARGUMENTOS: CUANDO LA IDENTIDAD SE VUELVE DERECHO
En el papel —y en el discurso— los beneficios son claros:
1. Identidad única y verificable
México arrastra, desde hace décadas, un problema estructural: registros duplicados, errores administrativos, identidades fragmentadas.
La biometría promete resolverlo con precisión casi quirúrgica.
2. Acceso más eficiente a servicios públicos
Programas sociales, salud, educación, banca…
todo podría concentrarse en un solo identificador.
En teoría, menos filas.
Menos intermediarios.
Menos corrupción de ventanilla.
3. Combate a la suplantación de identidad
En un país donde el robo de identidad ha crecido de forma silenciosa, los datos biométricos —huellas, iris, rostro— son más difíciles de falsificar.
4. Inclusión social
Millones de mexicanos aún viven en una especie de invisibilidad administrativa.
Sin identidad formal… no existen para el Estado.
Y lo que no existe, no recibe derechos.
Aquí, la CURP Biométrica se presenta como herramienta de justicia.
Como reconocimiento.
Como puerta de entrada.
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EL FONDO: CUANDO EL CONTROL SE DISFRAZA DE ORDEN
Pero toda herramienta que ordena…
también puede vigilar.
Y ahí empieza la otra historia.
1. El riesgo de concentración de datos
Un sistema biométrico centralizado convierte al Estado en el mayor custodio de información sensible de la población.
No nombres.
No direcciones.
Sino cuerpos.
El problema no es solo quién tiene los datos…
sino qué pasa cuando se vulneran.
México no tiene el mejor historial en protección de datos.
Filtraciones, hackeos, bases expuestas… no son excepción, son antecedentes.
Y los datos biométricos no se cambian.
No se reemplazan.
No se cancelan.
Si se pierden… se pierden para siempre.
2. Vigilancia y control social
La línea entre identificación y vigilancia es más delgada de lo que se admite.
Un sistema que conecta identidad con servicios, movilidad, salud y beneficios…
puede convertirse en un sistema de seguimiento.
No por diseño inicial.
Sino por evolución política.
Hoy es acceso.
Mañana puede ser condición.
Y después… control.
3. Exclusión digital
Paradójicamente, una herramienta que busca incluir puede terminar excluyendo.
¿Qué pasa con comunidades sin acceso tecnológico?
¿Qué pasa con adultos mayores, zonas rurales, población indígena?
La biometría exige infraestructura.
Y México no es homogéneo.
El riesgo no es menor:
crear ciudadanos de primera (registrados plenamente)
y ciudadanos de segunda (parcialmente visibles).
4. Dependencia absoluta del sistema
Cuando todo depende de un solo identificador, el error deja de ser administrativo…
y se vuelve existencial.
Un fallo en el sistema puede dejar a una persona sin acceso a salud, apoyos o trámites.
En un país con fallas estructurales en plataformas digitales, eso no es un escenario hipotético.
Es una posibilidad.
No es una hipótesis: es un patrón documentado en múltiples bases públicas del país.
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EL DATO QUE INCOMODA
México tiene más de 126 millones de personas.
Centralizar la identidad biométrica de todos no es solo un reto técnico.
Es un acto político de escala total.
Y en contextos así, la pregunta no es si el sistema funcionará…
sino quién lo controla, cómo se regula y qué límites tiene.
Porque donde no hay límites claros, el poder crece sin resistencia.
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LA PARADOJA: DERECHO O HERRAMIENTA
La narrativa oficial insiste:
la identidad biométrica es un derecho humano.
Y lo es.
Pero también es una herramienta.
Y toda herramienta depende de quién la use…
y para qué.
El mismo sistema que garantiza acceso
puede condicionar libertades.
El mismo registro que protege
puede vigilar.
El mismo dato que incluye
puede excluir.
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LO QUE FALTA (Y ES URGENTE)
Si la CURP Biométrica quiere ser justicia social…
no basta con tecnología.
Se necesitan tres pilares que hoy no están completamente garantizados:
1. Marco legal robusto y específico
No generalidades.
No promesas.
Reglas claras sobre uso, almacenamiento, acceso y sanciones.
2. Órganos autónomos de vigilancia
Que no dependan del gobierno en turno.
Que puedan auditar, sancionar y transparentar.
3. Derecho real a la protección y eliminación de datos
Aunque sean biométricos.
Aunque implique rediseñar el sistema.
Porque el ciudadano no puede quedar indefenso ante su propia identidad.
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EL SUSURRO FINAL
Hay algo profundamente humano en querer ser reconocido.
En tener un nombre.
Un registro.
Un lugar en la historia administrativa del país.
Pero también hay algo profundamente peligroso
en entregar todo lo que somos
a una sola llave.
La CURP Biométrica puede ser
el inicio de un Estado más justo…
o el principio de un Estado que lo sabe todo.
Y entre esas dos posibilidades
no hay diferencia técnica.
Hay diferencia política.
—
COLOFÓN
Un país no se mide por cuántos puede registrar…
sino por cuánto es capaz de limitar el poder
sobre aquellos a quienes ya identificó.
