QUIEN CONFUNDE AL BUEY CON LA VACA, A LA HORA DE LA ORDEÑA SE DESENGAÑA
Por: Roberto Montoya Martínez
LO DIJO MONTOYA. En su gustada sección MERCADO DE LÁGRIMAS, presenta un episodio más de NINGUN JOROBADO VE SU JOROBA. De la autoría de Susana Horia. LA CASA DE LOS CORRIOSOS, perdón, FAMOSOS, no está pasando por su mejor momento, pues sus niveles de audiencia, lejos de aumentar, disminuyen. Un elenco predominantemente compuesto por influencers de poca monta en su mayoría, poco morbo y pleitos simulados, terminó por fastidiar al público, que espera con ansia y frenesí a LA GRANJA VIP. No todo lo que brilla es oro. Échense este trompo al’ uña.
Hay una frase popular que viene como anillo al dedo para describir lo que está ocurriendo con La Casa de los Famosos México: “al confundir al buey con la vaca, a la hora de ordeñar se desengaña”. Y es que la cuarta temporada del reality de Televisa se está desengañando, pues parece estar perdiendo aquello que alguna vez convirtió al programa en un fenómeno televisivo: el interés del público.
Aunque sería aventurado hablar de un desplome absoluto, sí existen señales de alerta. El pasado 4 de agosto, por ejemplo, La Casa de los Famosos México fue superada en audiencia total por dos apuestas de TV Azteca: MasterChef registró 1.88 millones de espectadores, Survivor 1.75 millones, mientras que el reality de Televisa obtuvo 1.74 millones, de acuerdo con cifras atribuidas a HR Media. Y aquí está lo interesante: Azteca, con sus realities “burrieles”, como dirían algunos, está encontrando una respuesta que Televisa no necesariamente está consiguiendo con su producto estelar.
La explicación podría estar en algo muy sencillo: el público necesita motivos para sentarse frente al televisor. No basta con encerrar a un grupo de celebridades, repartir nominaciones, provocar discusiones y esperar que de ahí salga un fenómeno.
En esta edición, buena parte de los participantes no ha conseguido generar el mismo nivel de identificación, simpatía o rechazo que sus antecesores. Y dentro de ese grupo hay que mencionar a los influencers de medio pelo que, en principio, parecían destinados a convertirse en los grandes motores de la temporada. Sin embargo, terminaron siendo llamarada de petate: mucho ruido al principio, pero poca pólvora para mantener encendido el interés del público.
La apuesta por figuras provenientes de las redes sociales tenía lógica sobre el papel. Se suponía que sus millones de seguidores se convertirían automáticamente en espectadores. Pero una cosa es acumular seguidores en internet y otra muy distinta tener el carisma, la personalidad y la capacidad de generar televisión que exige un reality de encierro. Y cuando los seguidores digitales no se traducen en audiencia televisiva, queda claro que las métricas de las redes sociales no necesariamente son sinónimo de éxito frente a la pantalla.
Las dinámicas tampoco parecen estar ayudando demasiado. El formato, que en sus primeras temporadas consiguió mantener al público pendiente de alianzas, traiciones, romances y enfrentamientos, corre ahora el riesgo de sentirse repetitivo. El espectador ya conoce la receta y, si los ingredientes no cambian, termina por buscar otra cosa.
Y ahí aparece TV Azteca. La televisora del Ajusco ha conseguido poner presión con sus propios realities. MasterChef y Survivor ya dieron muestras de que pueden plantarse frente a la todopoderosa Casa y arrebatarle audiencia. Además, Azteca prepara el regreso de La Granja VIP, cuya segunda temporada está programada para septiembre, con nuevos participantes y una estrategia evidente de competencia directa.
El asunto se vuelve todavía más curioso porque La Casa de los Famosos México llegó a ser una auténtica locomotora de audiencia. En temporadas anteriores demostró que un reality de encierro podía convertirse en conversación nacional. Pero una fórmula exitosa también puede desgastarse cuando se pretende repetirla hasta el cansancio. Y es precisamente ahí donde aparece el otro problema: el reality de Televisa terminó siendo deslactosado.
Tiene pleitos, pero no siempre convencen. Tiene personajes, pero no todos consiguen conectar. Tiene estrategias, pero algunas parecen previsibles. Tiene polémicas, pero no necesariamente producen ese efecto de “mañana tengo que ver qué pasó”. Hasta Galilea Montijo tuvo que llamar la atención de los habitantes por lo que consideró un desempeño decepcionante antes de una gala de nominación, en una señal de que incluso desde la conducción existe preocupación por la manera en que se está desarrollando el juego.
El gran peligro para Televisa es pensar que el nombre La Casa de los Famosos garantiza automáticamente audiencia. No. Lo que garantiza audiencia es una buena temporada. El público ya aprendió a distinguir entre un reality que ofrece entretenimiento y otro que simplemente llena horas de televisión.
Por eso, si Televisa quiere recuperar el terreno perdido, tendrá que dejar de confiar únicamente en la marca y comenzar a preguntarse qué está fallando dentro de la casa. Porque mientras unos creen que basta con meter famosos para obtener rating, otros están demostrando que hasta los realities que parecían “burrieles” pueden dar la sorpresa.
Y quizá esa sea la moraleja de esta temporada: no hay fórmula infalible cuando el público deja de encontrar razones para quedarse. Al confundir al buey con la vaca, a la hora de ordeñar se desengaña, y en televisión, cuando se pierde la audiencia, recuperar la confianza cuesta mucho más que conseguirla. Los golpes de realidad suelen ser muy dolorosos.
LA CASA DE LOS PIOJOSOS, perdón, FAMOSOS ya no pega ni con chicle bomba. -mientras MASTER CHEF 24/7 intenta terminar su temporada con dignidad, el show que se supone, es el reality estrella de Televisa, anda volando bajo. Las alertas ya se encendieron, y la empresa debe hacer algo al respecto, a menos que LA GRANJA VIP les ponga el último clavo en el ataúd. No tienen de otra. O la beben o la derraman
