Los Recovecos de los Imaginarios y de las Consciencias
(Parte XIII) (13)
José GaxiolaLópez
@GAXILO
Durante un milenio tuvimos a el alma como la explicación de todas nuestras acciones, deseos
y temores. Un desalmado era de lo peor, un ser del demonio, del averno. Aún hay gente así.
El milenio que le siguió corporizamos al alma, la ubicamos en nuestro cuerpo, especialmente,
en el corazón. Dogma que imperó hasta el siglo XVII, gracias a la influencia de Aristóteles,
aceptado por galenos y por la iglesia. Corazón y alma explicaban nuestros afectos,
comportamientos y pensamientos. El alma abandonaba el cuerpo, con la muerte, aún se cree.
Eso de que andas como alma en pena, es otra manera de decirte zombi.
Por el siglo XVIII, al realizarse más disecciones de cadáveres para estudios anatómicos,
descubrieron a esa masa gelatinosa llamada cerebro. Y la cabeza le quitó los atributos al
corazón; del pensamiento, la memoria, los recuerdos, las ideas, la razón y de cosas que pasan
por la cabeza. Shakespeare pregunta en “El Mercader de Venecia”; ¿Donde nace la pasión,
en la cabeza o en el corazón? Galeno, discípulo de Hipócrates, descubrió unos fluidos que
circulaban hacia la cabeza y de esta al cuerpo a través de unos tubos (los nervios) para
producir la conducta y la personalidad del Ser, según la cantidad y naturaleza de tal fluido.
Él cuidaba a los gladiadores del Coliseo Romano, se aventó la hipótesis de quien tuviera
mayor fluido sanguíneo, era más agresivo en el ruedo y, quien tuviera demasiada bilis (que
descubrió) era lerdo. De ahí viene el adjetivo sangrón usado para los malhumorados.
Pero la cabeza, como representante del alma no tuvo la misma suerte que el corazón, que
siguió y sigue representando a las pasiones, la amistad, el amor y el sexo. Tiene una imagen
color sangre y una forma universalmente reconocida. Se pensó que ahí residían estados de
ánimo como; la melancolía, la nostalgia, la tristeza, el pesimismo y la depresión. Por un
tiempo se usó el sangrado para curar esas patologías. Pero la cabeza, representando al alma
y al pensamiento no encontró entre miles de cabezas humanas diferentes, una imagen que
resumiera una idea de lo que se procesaba dentro de ella. Y se inventó el concepto; Mente.
El cerebro, fue definido como la casa de la mente. Galeno identificó ventrículos en el para;
la razón, la memoria y el sentido y, en la interacción de tales ventrículos estaba la inteligencia,
según Galeno. Siglos después R. Descartes puso al cerebro en la revelación, señalando que
está compuesto de dos partes y, para no conflictuarse con la iglesia, situó a el alma en aquel
punto más parecido a una esfera, la figura perfecta según Descartes. Punto conocido como
glándula pineal o epífisis. Pensó que ahí estaba el comando nervioso de nuestro cuerpo. Hasta
la fecha no se ha encontrado ese punto central, pero dio origen al enfoque localizacionista de
las funciones cerebrales. Los alemanes F.Gall y J.Spurtzheim creadores de la frenología
afirmaron que en el cerebro estaban, no solo nuestras facultades también los valores morales.
Aparece la teoría de la localización de las tareas cerebrales, Pierre-Paul Broca su primer
representante quien localizó el área (de Broca) que afecta el habla, denominando al síndrome
como afemia (hoy afasia). Desde entonces enjambres de buscadores de puntos del cerebro
relacionados con roles específicos del cuerpo han proporcionado teorías, técnicas, enfoques,
pistas y paradigmas sobre muchos aspectos funcionales de cerebro, actualizando el primer
mapa publicado al respecto en “American Phrenological Journal” de marzo de 1848.
Del cerebro se identificó primero su forma, olor, color y consistencia, luego que consta de
dos partes, se relacionó a la inteligencia con la materia gris, que la corteza cerebral está
constituida por capas de neuronas que según su localización explican las funciones del cuerpo
como; la visión, la audición, la memoria, el aprendizaje, la movilidad de las extremidades.
Después al intervenir a pacientes con lesiones cerebrales los neurocirujanos concluían que
las áreas dañadas controlaban a las actividades afectadas. Se hacían cirugías con el paciente
despierto para constatar diversas reacciones. El pionero fue W. Penfield, desde 1958 los
neurocirujanos han recogido datos sobre los efectos de la estimulación eléctrica directa en
ciertos puntos en la corteza somatosensorial (franja en la parte superior del cerebro) que
produce en el paciente sensaciones en partes del cuerpo. El localizacionismo de las funciones
cerebrales ya se auxilia de aparatos tecnológicos con éxito y lo encontrado en la cirugía se
presta a la verificación experimental. Sin embargo, las cuestiones complejas del
conocimiento, la creatividad y la consciencia siguen sin develarnos su lugar en el cerebro.
A partir de los años setenta del siglo pasado las ciencias cognoscitivas o cognitivas han tenido
grandes avances. Constituidas inicialmente como un grupo de ciencias para estudiar el
proceso del conocimiento se convirtieron en estrategia multidisciplinaria para estudiar al
cerebro. Cito unos logros; el Parkinson es un trastorno de la sustancia nigra; la depresión
implica un desequilibrio de serotonina; el Alzheimer en la forma de las placas de B-amiloides
en las neuronas; la esclerosis múltiple a una pérdida de mielina en los nervios periféricos. La
función del hipocampo es recordar lugares y orientarnos entre ellos, también participa en la
imaginación del futuro. Que la corteza visual puede ver, que el hipotálamo puede regular el
apetito, que la ínsula puede sentir repugnancia, que la amígdala puede sentir miedo, que el
cálculo y la toma de decisiones son funciones de la corteza prefrontal. Que la pituitaria
influye en el sistema endocrino. Caminamos a condición de que el corazón, los pulmones, el
cerebro y otros órganos cooperen. Se ha estimado la cantidad de neuronas en el cerebro y sus
conexiones eléctricas. Y su capacidad de almacenar información de 10 a la 14bits en unos
cuantos centímetros cúbicos. Se sabe que el daño en la parte frontal del cerebro hace que
unos sujetos sean más débiles que los normales. A. Damasio “El Cerebro creo al hombre”.
Por ello el golpe en la barbilla entre los boxeadores provoca el nocaut.
Durante mis estancias en Boston, tuve la fortuna que participar en el seminario de ciencias
cognitivas organizado por el MIT y Harvard. Así continue mis imaginaciones sobre la
complejidad y la racionalidad iniciadas en Europa. Eran los noventa del siglo pasado, al
seminario acudían los científicos y filósofos de prestigio interesados en la cognición y en el
funcionamiento de cerebro. Unos tres serían premios nobel. Se discutieron aspectos de la
robótica, la mecatrónica, la inteligencia artificial, las extremidades biónicas, chips para la
visión, algoritmos sobre el lenguaje y la traducción simultánea, el fenómeno doppelganger
origen del Metaverso, las maquinas “inteligentes” como las expendedoras de productos y los
cajeros automáticos, así como prototipos de implantes de chips en el cerebro para el auxilio
de la movilidad. Ahí traté al recientemente fallecido D. Dennet uno de los participantes del
seminario. El seminario dio origen a decenas de especializados en áreas del cerebro.
Las ciencias cognoscitivas además concluyen que los trastornos psiquiátricos son orgánicos
y responsables de las llamadas enfermedades mentales. Y con respecto a la mente, a su idea
y el rio de tinta gastado en torno al concepto concluyeron que debería abandonarse, por
superficial y a la vez riesgosa, desde el punto de vista médico. En concreto, la Mente no existe
dijo J. Bruner “En Búsqueda de la Mente” que fue una idea construida para facilitar
entendernos al hablar de lo que albergamos en nuestra cabeza. Pero desde el conductismo
radical nos dimos cuenta de que no era nada. Y L. Wittgenstein, H. Putnam, H. Dreyfus, J.
Searle, J. Fodor, T. Nagel, M. Bunge aceptan que la mente no existe, a pesar de los muchos
escritos sobre ella, sostenerla en el presente es una ruta equivocada. No se necesita como
concepto puente para referir al pensamiento, la inteligencia, el conocimiento, la creatividad,
la subjetividad, la creencia, la consciencia, la percepción, la imaginación, la memoria, la
emoción, la intención, la voluntad, la resiliencia, el libre albedrio, el sentido común, el de
orientación que pasan en el cerebro. Los considerados casos de acción mente sobre el cuerpo
resultaron ser del cerebro sobre resto del cuerpo.
La consciencia humana es de los últimos grandes misterios de la ciencia. Muchos filósofos
dicen que nunca llegará a develarse. Decimos decisión consciente, de hábitos inconscientes,
de sensaciones experimentadas conscientemente, de que tal o cual sujeto es un inconsciente.
Quien niega a la consciencia no puede haber sentido su pérdida al dormir o, bajo los efectos
de la anestesia; tampoco haberse arrepentimiento ni cuestionado por actuar de cierto mal
modo. Yo tuve un tío con una pierna amputada, decía que sentía hormigueos en ella, le
pregunté si olía el pie. No estoy loco, sé que no está ahí, respondió, pese a su vivencia estaba
bien consciente de su inexistencia. Otro caso es el ciego que siente a través del bastón.
Algunos han negado que la consciencia exista, otros como C. McGinn “The Problem of
Consciousness” han afirmado que posee una estructura oculta que se extiende más allá de la
fenomenología y de la fisiología y que dicha estructura no nos permitiría tender un puente
sobre ese abismo desconocido, dejándola fuera de nuestro alcance para siempre. Aunque
reconoce los estados conscientes, niega que puedan ser entendidos por nuestra limitada
epistemología ¿Cómo supo? T.Nagel “The View from Nowhere”, “Brain bisection and the
unity of Consciousness” sostuvo que no hay manera de pasar al nivel subjetivo de la
fenomenología partiendo de la fisiología. Y escribió “fundamentalmente un organismo posee
estados conscientes sí y sólo si existe algo que sea como ser ese organismo, algo que sea
como para ese organismo”. La artificiosa expresión “existe algo que sea como ser” es
ambigua en el mejor de los casos y muy absurda en el peor de ellos, además impertinente
para el problema de la consciencia. M. Bunge en “Mente y Cerebro”. J. Fodor “La
Modularidad de la Mente”, “Connectionism and cognitive architecture”, “Representations”
duda de que alguien llegue a desarrollar algún día una teoría sobre esta conectividad cerebral
y de que el cerebro sea la base de la consciencia. Los sólidos, los líquidos y los gases pueden
explicarse a partir de cosas que no son ni sólidos ni líquidos ni gases. La ilusión de que la
consciencia es la excepción proviene del hecho de no haber sabido hasta ahora comprenderla.
Puede que haya motivos para pensar que la consciencia no se puede explicar, pero existen
razones para pensar que sí se puede. Aún hay pensadores que vehementemente sostienen que
la consciencia es algo genuino, que está ahí y es muy especial, de que no es una ilusión.
W. James pensó que sería absurdo suponer que el impresionante descubrimiento de S. Freud,
la inconsciencia y la consciencia, sean artificios que no juegan ningún papel en el modo que
funciona nuestro cerebro. Hay a nuestro alrededor muchos datos que evidencian los
beneficios que la consciencia proporciona, aun cuando podamos malinterpretar dichas
evidencias. Si bien es cierto que hay ciertos hechos brutales carentes por completo de
justificación, sus características en la consciencia podrían ser memes troyanos egoístas.
J. Jaynes en “The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind” postula
que la consciencia humana moderna se originó en la unificación primitiva del pensamiento
que era “bicameral” por fenomenología dual debida a la especialización hemisférica del
cerebro. La consciencia para Jaynes sería una especie de metáfora del mundo, una operación
de analogías basada en el lenguaje, no solo en su sentido de comunicación oral, sino plasmada
en símbolos materiales de operaciones modernas, como el comercio, la política, la narrativa
y una noción del otro. Reconoce la imposición producida por la cultura sobre una estructura
funcional previa en la consciencia. H. Jerison de acuerdo con esta concepción en “Evolution
of the Brain and Intelligence” dijo que la arquitectura neuronal subyacente dista de ser tabula
rasa en el momento de nacer, también se construye de las interacciones del cerebro con el
mundo hay que considerar para explicar la labor consciente.
Para Vigotsky la consciencia no es una entidad abstracta ni metafísica, sino es el resultado
de las transformaciones dialécticas de la materia. Es la propiedad de la materia más altamente
organizada; el cerebro que se desarrolla en el contexto de las relaciones sociales (trabajo,
lenguaje, religión, etc.) enriqueciendo su capacidad porque el sustrato material del cerebro
está dotado de una enorme plasticidad y adaptabilidad que permite que las experiencias
socioculturales generen nuevas conexiones cerebrales entre las distintas zonas corticales.
L.Naccache, S.Dehaene, P.Kerszberg y J.Changeaux proponen que la consciencia emerge
con la atención, por la cual los procesos modulares pueden movilizarse, estar disponibles
para el de trabajo de la memoria amplificando la consciencia intencionalmente de arriba
abajo. Sin embargo, los humanos pueden hacer distinciones como discriminar, caras
masculinas de femeninas, sin estar atentos. G.Tononi “The Neuorology of Consciousness” y
colaboradores proponen la hipótesis de que la consciencia es de integración cortical con
capacidad de información, especialmente en el área parietal posterior. Pero la integración
requiere la sincronización de las neuronas, como sugirió C. Sherrington “Man on his Nature”
confirmado W.Singer “Formation of cortical Cell Assemblies” y otros. Se trata de condición
obvia complejamente necesaria para la integración se necesita que el sistema actúe en
holismo. Por tanto, la vinculación de los procesos que tienen lugar de forma concurrente en
diferentes subsistemas del cerebro es sólo el equivalente funcional a la unidad del cerebro.
Para A.Damasio y K.Meyer “Convergence and Divergence in a Neural Architecture for
Recognition and Memory” es una creación temporal de patrones neuronales que describen
mapean, representan, modelizan como insistieron los primeros ecólogos hace un siglo, los
animales hacen mapas de su entorno inmediato. La persona mayor que de pronto pierde la
vista se mueve en su casa usando el mapa de la casa en su cabeza. La consciencia es una
actividad acentuada con la cognición. Necesita del conocimiento, sin embargo, este precisa
poco de la consciencia. Buena parte de nuestra actividad cognitiva, incluidas las decisiones,
es influida o determinada por conocimientos adquiridos de la vida cotidiana de manera
inconsciente en un 90%. Transitamos entre hipótesis y metáforas, sólo si estas son refutadas
somos conscientes de su falsedad, verdad o utilidad. Cuantas veces nos ha pasado que algo
fuera de lugar capta de pronto nuestra atención consciente. O no encontramos las llaves, los
lentes u otra cosa y de repente aparecen. Son señales de que procesamos inconscientemente
lo percibido. Podemos decir lo mismo de nuestras acciones diarias, la mayoría aprendidas
por repetición hasta que sucede lo inesperado o una remembranza. La consciencia se
constituye de capacidades perceptivas, cognitivas, representativas y motoras enlazadas, que
explican la diferencia entre ver y mirar; la que hay entre oler y olfatear, la que existe entre
oír y escuchar, entre entender o no la adaptación, así como el sentido de orientación.
Cuando queremos saber si alguien nos pone atención lo pellizcamos o le damos un codazo,
si queremos asegurarnos de que una persona no está en coma, lo picamos. La consciencia se
manifiesta reaccionando o mostrando sensibilidad. La mayoría de los animales se percatan,
están alertas para identificar a menazas o discriminar oportunidades de alimentación. Se
percatan de su entorno, pero no de lo que sienten, perciben o hacen, a diferencia de los
humanos adultos normales que no nos percatamos de nosotros todo el tiempo, realizamos
acciones inconscientemente, nos perdemos en ensoñaciones, nostalgias o en pensamientos
profundos. Pero si podemos ser conscientes de lo que sentimos, hacemos y del entorno.
La autoconsciencia es percatarse de la capacidad biofísica de uno mismo ante situaciones
ambientales riesgosas. El autoconocimiento no es mirarse en el espejo, para saber que somos
diferentes a los demás. Normalmente se da por supuesta, de tal forma que tendemos a olvidar
que cuando estamos distraídos o ausentes no nos percatamos de nosotros y puede constituir
un grave obstáculo para la realización de una tarea especializada. Una persona inmersa en
una tarea, que no se detiene a reflexionar sobre lo que está haciendo o pensando, que se olvida
de sí misma, no es autoconsciente. Alguien que atribuye sus percepciones o pensamientos a
objetos raros externos desconocidos, como los ovnis, carece de autoconsciencia y lo mismo
sucede con alguien que “oye voces”, atribuye sus sueños a los espíritus o afirma comunicarse
con los muertos. Hay casos patológicos la autoconsciencia que degeneran en inadaptación.
egocentrismo y la paranoia que oscilan entre la búsqueda de aprecio y la fuga de la sociedad.
Practicamos la mismisidad o la introspección al analizar nuestras incapacidades, aptitudes y
talentos, o en asuntos morales de examen de consciencia. La introspección perdió su atractivo
cuando comprendimos que no observamos nuestros procesos cerebrales del modo que vemos
al mar. Un individuo consciente recuerda correctamente parte de su pasado reciente; puede
imaginar (aun equivocadamente) parte de su futuro, puede ser consciente de sus saberes. La
consciencia no sólo sirve para controlar nuestra conducta sino también para comprender la
de los demás. Es también producto de la interacción social: soy más consciente cuanto más
espero o temo que mi comportamiento sea observado y juzgado por mis congéneres. No
podemos ser conscientes de los procesos mentales de los otros porque no compartimos sus
cerebros. Sin embargo, podemos llegar a conocerlos de forma indirecta, a través sus actos,
recubrimientos, movimientos corporales y de sus palabras. Todo ello impulsó la evolución
de la consciencia humana y los estados refinados de cognición.
De manera que el proceso consciente es neurobiológico, fenomenológico y cultural,
haciéndolo una fuerza distintiva de la vida interna del individuo proyectada a la comunidad.
Esta lucidez biológica, psicológica y social provee a la consciencia de las características más
preciadas y sorprendentes como; la libertad de acción, la empatía, el goce estético, el
imaginario y el sentido común. Por ello, se erige como epicentro de la persona y la cultura.
Donde los vínculos entre cognición, consciencia, conducta y emoción se hacen patente.
Algunos sostienen que sus atributos pueden modificarse con diversas técnicas buscando
“revolucionarla”. W. Calvin “A Global Brain Theory”, “The Cerebral Symphony: Seashore
Reflections on the Structure of Consciousness”, afirma que se requiere reconocer el proceso
neurobiológico sobre el que opera para poder hacerlo, se supone que él no plantea una
reducción de la consciencia y el comportamiento a una estructura de procesamiento cerebral.
O lavado de cerebro. Él considera que existen “códigos cerebrales” equivalentes al código
genético, los cuales permiten la reproducción y la selección de actos cerebrales. Los códigos
se copian y compiten entre ellos, lo que hace del cerebro una maquina copiadora darwiniana,
La consciencia desde las teorías de Freud se trabajó en la teoría del Celo, fue abandonada
porque servía a muy pocas cosas, ni para el amor y, la consciencia es mucho más. Otra teoría
que se exploró fue la de la Dificultad, pero no siempre estamos solucionando problemas, ni
tomando decisiones, igual se abandonó. Otro enfoque que perduraba hasta hace unas décadas
era el enfoque modular de Fodor para explicar lo que supuso módulos cerebrales, igual una
consciencia especializada por funciones. La descripción funcional y mecánica de los módulos
hace pensar en la burocracia, nada más que no hay un centro de autoridad y la especialización
no es congénita. Otra idea sobre la que se trabaja es que la consciencia emerge como el
aspecto subjetivo del procesamiento cerebral jerárquicamente complejo en la neurobiológica
dada la conectividad dinámica de información nerviosa del cerebro. Significa que hay niveles
de organización cerebral constituidos de manera piramidal, el número de sus componentes
es mayor en los niveles inferiores mientras la integración de la información es mayor a
niveles superiores donde están la abstracción, la imaginación, la ética, por decir unos. De ahí
se dan órdenes a la parte inferior del sistema nervioso. Una guía administrativa del cerebro y
la consciencia. Dijo K. Popper hay niveles de consciencia “El Cuerpo y la Mente”.
El esquema piramidal se pretende ligar al enfoque modular de la función cerebral
relacionando consciencia con la aptitud, aspectos que surgen de esa jerarquía funcional del
cerebro por la eficiente conexión entre sus módulos, sostienen. No es necesario que todos los
módulos del cerebro se activen durante el procesamiento consciente, sí que se encuentren
disponibles en tanto algunos de ellos se van activando sucesivamente como un enjambre,
dando lugar a secuencias de operaciones conscientes, como la conducta voluntaria, el libre
albedrio, el sentido común entre otras. Este funcionamiento jerárquico progresivo da origen
a la consciencia plena, según Popper y, donde se adquiere la capacidad ética.
La estrategia de investigación sobre la consciencia con auxilio de tecnología y algoritmos
retoma la idea del cerebro como un ordenador, buscando relaciones neuronales y regiones
cerebrales donde pueda residir la consciencia, múltiples evidencias indican que las funciones
cerebrales superiores requieren de la conexión e intercambio de información neuronal. D.
Dennet argumenta en “La Consciencia Explicada”, “Tipos de Mentes”, “Bombas de la
Intuición”, “El Ojo de la Mente” que es posible imaginar de qué modo esas actividades en
el cerebro semejan experiencias conscientes. La manera de imaginarlo consiste en pensar en
el cerebro como si fuera una especie de ordenador. Por cierto, sin consciencia, hasta hoy.
En resumen, pensamos y sentimos con nuestro cerebro, la Guillotina se inventó para
decapitar el pensamiento peligroso. B. Mussolini encarceló a Antonio Gramsci, diciendo
“debemos impedir que su cerebro funcione durante 20 años”. Y el imaginario siempre será
plural, la consciencia será individual.
José GaxiolaLópez @GAXILO, en el día del maestro mexicano, 15 de mayo 2024
