Los Recovecos de los Imaginarios y de las Consciencias
José GaxiolaLópez @GAXILO
parte III
En los albores del siglo XX, el evolucionismo en las ciencias sociales y las humanidades seguía
presente pero acompañado con teorías contrarias, complementarias, hibridas y de otras. Aquí abordaré
autores con ideas para los imaginarios y/o de las conciencias. Emile Durkheim, según su libro “La
división del trabajo en la sociedad” de 1893, la mecánica de una sociedad sencilla, con tecnología
tradicional regulada y repetida de generación en generación, con gran semejanza entre sus miembros
hay un orden social bajo un corpus sancionador. En tanto, que una sociedad compleja tiende al
capitalismo, con intensidad en demandas morales recíprocas, una división social del trabajo moderno
especializado. En la primera los vínculos entre las personas, las familias y los grupos son espontáneos,
no planificados, mientras que en la otra los lazos son formales, legales y contractuales. En ambos hay
una solidaridad social, que puede ser mecánica u orgánica. Solidaridad, como comportamiento social
constitutivo de un partido político que llegó al poder en Polonia.
Más tarde en “Las reglas del método sociológico” de 1895, reflexiona que hay maneras de actuar,
pensar y sentir fuera de la conciencia individual. Estas conductas o pensamientos no solo son
exteriores al individuo, sino que están dotados de potencia imperativa y coercitiva que se imponen a
aquél, quiéralo o no. Hay un orden de hechos dotados de una fuerza de coacción impositivo. A veces
el carácter de la coacción no es reconocible, pero determinante, por el prestigio de determinadas
representaciones que denominó “representaciones colectivas” como actos de voluntad que nacen y
dan origen a un orden social renovado a perpetuidad. Tales representaciones están diseñadas para que
se acepten por el colectivo y son distintas a las que puedan tener los individuos.
La actividad caracterizada por la acción, la sensibilidad por la pasividad y la inteligencia por la
representación. Durkheim sigue a Kant, toda idea es una representación y todo conocimiento del
mundo se compone de representaciones, así como la vida social motivada por nuestras acciones y
percepciones de las cosas. Las representaciones, las emociones y los apegos colectivos no son
causados por la conciencia individual, sino por las condiciones en que nos encontramos como
miembros del conjunto social. Por ello Durkheim se aleja de la propiedad material y de lo ideal para
explicar a la sociedad, trata por la eficacia social de las representaciones. Eficacia en lo que la gente
puede esperar de sus interacciones sociales, dentro un marco de convenciones, expectativas y
actitudes adecuadas en las respuestas de cada persona y de las instituciones de su entorno social.
La institución para Durkheim son un conjunto de elementos que sirven en la regulación, en la
retroalimentación y al control social para asegurar la cohesión, el consenso y, la solidaridad. Como
hecho social es superior al acto individual, refleja una conciencia colectiva, en casos, la identidad
social. Son un régimen de creencias, de prácticas, de formas, de normas, de símbolos que unen a una
comunidad por la que todos se adhieren a ella como si fuera cemento. Equivale a las grandes ideas
con pretensión de ser imperturbables o prácticamente incambiables para que la acción individual y
colectiva se cumpla naturalmente. Este imaginario no ofrece al espíritu resistencia, como no se siente
contenido por nada, se abandona a ambiciones de quien cree posible construir, o reconstruir al mundo
con sus fuerzas, a la medida de sus deseos. Durkheim, dice que subordina sin deliberación la
trascendencia social, la reciprocidad de las dilataciones y las autonomías. Él llamó “conformismo
lógico” uno no se aventura sin peligro en la encrucijada de las fuerzas antagónicas. La existencia de
una verdad reconocida para toda una comunidad define de forma específica intereses y conformidad
institucional “Las representaciones mentales de los individuos tendrán por contenido a las colectivas”,
Durkheim plantea que el individuo está sujeto al cambio continuo mientras la representación colectiva
permanece como condición necesaria para la realización individual y servir de fin a la moral. Las
instituciones de la sociedad siembra en nosotros semillas vigorosas, nuestra mejor parte (o la peor) es
encarnación de la colectividad.
Los imaginarios de Durkheim discurren sobre las maneras de obrar, de pensar y de sentir. Presentan
rasgos del existir independientes de las conciencias individuales. Y estas conductas o pensamientos
están dotados de fuerza imperativa-coercitiva que se le impone al individuo, quiera o no, conformando
sujetos con prácticas sociales llamadas por Durkheim de “integración lógica” en imaginarios, como
los que construyeron mexicanos religiosos que se persignan en automático al pasar por una iglesia.
La continuidad al planteamiento de Durkheim de las representaciones colectivas dio paso a los
imaginarios de las “representaciones sociales” en la psicología social de Serge Moscovici.
Durkheim en su análisis de “Las formas elementales de la vida religiosa” de 1912, distingue entre
sociedades sagradas y seculares donde las representaciones en lo religioso posicionan lo imaginario
como relevante para la comprensión de la sociedad. Lo sagrado, las creencias y sus prácticas están
aisladas de lo profano. Y sobre ellas recae un sentido de lo inaccesible, de lo vedado en la vida
cotidiana, pero imaginadas. Y para comprender la religiosidad en una cultura es necesario conocer
los ritos, los símbolos de lo sagrado, la motivación de estos y su rol comunitario. En Durkheim,
interpretamos que lo imaginario encuentra materialización simbólica a través de la religiosidad, donde
su sustrato sólo puede constituirse desde y para lo social mediante las representaciones colectivas que
propuso. En 1925 Maurice Halbwachs en una reseña del libro de Marc Bloch “Los Reyes
Taumaturgos” subraya que la noción de “representaciones colectivas” ha sido muy útil para plantear
el problema del fenómeno taumaturgo. Desde entonces la representación se convirtió́ en una
herramienta imprescindible para análisis social, mucho de lo que conocemos de las sociedades no es
real sino sus representaciones. Esta noción circunscrita en el comienzo al mundo de las religiones, a
las creencias, se extendió́ a toda la producción del saber sobre las culturas.
Para encontrar los imaginarios sociales en Max Weber, hay que escarbar en tres de sus obras, en “La
ética protestante y el espíritu del capitalismo” de 1905, “Sobre la sociología de la religión” de 1921
y, en su obra póstuma “Economía y Sociedad” de 1922. Él explica el surgimiento y consolidación
del capitalismo a partir del trasfondo teológico moral calvinista. El cuerpo es un instrumento que tiene
que estar siempre bien cuidado para trabajar ampliando los bienes que Dios ha puesto al cuidado de
los humanos. Weber consideró que los conflictos de clase no eran tan relevantes como se creía y
otorgando a las ideas, a la visión del mundo y a los valores, un mayor impacto en cualquier desarrollo
social. Weber pensò que los valores de verdad y libertad no pueden subsistir sin lucha, deben
argumentarse, justificarse ante adversarios. En el siglo XIX tales valores se reconocían y el objetivo
del intelectual consistía en obrar de manera que se impusieran, fueran ley. Y las concepciones que se
repartían el mercado funcionaban con el mismo mecanismo, matizando el alcance general de
determinada moral y política.
Weber definía la dominación como “la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de
determinado contenido entre personas dadas” resaltando que ésta debía estar amparada, justificada y
al recurrente consentimiento en el ejercicio de la autoridad. Distingue tres tipos de dominación en
bases a las creencias y a su legitimidad que puede ser; de carácter racional creyendo en la legalidad
de ordenes estatuidos y los derechos de mando de los llamados a ejercer autoridad; de carácter
tradicional, creyendo en la santidad de las tradiciones que rigen desde tiempos lejanos legitimando a
los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad, por usos y costumbres; de carácter
carismático por la entrega extraordinaria a la santidad, al heroísmo, a la ejemplaridad de una persona
y a las ordenanzas por ella creadas o reveladas. Todas procuran acceder en la conciencia de los
dominados el carácter legítimo de la opresión que ejercen. Por tanto, el orden social se mantiene
incuestionable en la medida en que aparezca en el imaginario de los dominados revestidos de
legitimidad. Y el imaginario culto a la autoridad viene de ahí. He de recordar que la heteronomía debe
encontrar condiciones en cada explotado en la medida que la estructura social hace prácticamente
desdeñables las posibilidades de los individuos al saber y de querer. Una estructura social para instalar
pasividad, respeto a la autoridad, obediencia, etc. Con instituciones para poner topes y obstáculos,
canalizar las aguas en una dirección, obrando con severidad contra manifiestos discordantes.
Lo religioso en Weber está en el politeísmo de los valores. Apela al pluralismo causal como objetivo
central en la armazón de tipos ideales que describen acciones objetivamente posibles vinculando lo
religioso con el mundo social, aunque en dicha relación haya afinidades y tensiones. La religiosidad
en Weber está en los cultos, en la formación religiosa motivada por sacerdotes en la esperanza de
salvación al servicio una ética racional expresada en la cultura y, en el auto perfeccionamiento. La
creencia, es siempre colectiva, se realiza y se legitima al tornarse pública y oficial, al afirmarse y
ostentarse, en lugar de ocultarse, como lo hace el ritual ilegítimo de la Santa muerte o de Malverde.
En estos casos se busca la normalización de la transgresión, que consiste en colectivizar una mala
práctica al hacerla pública, delegada y sincronizada, que se autoriza a sí mismo a hacer lo que hace.
Weber desarrolla su sociología de la religión bajo la hipótesis de que la racionalización social de las
imágenes del mundo está estrechamente vinculada al conflicto de interés y a las transformaciones de
las estructuras de poder. Por ello tal racionalización es consecuencia histórica de los conflictos
sociales. Weber usa 4 criterios para determinar el grado de racionalización de la imagen del mundo,
cuanto más; a) se supere la concepción mágica; b) se desarrolle el punto de vista ético, ligado a la
libertad y a la responsabilidad individual; c) se lleve a cabo su sistematización; d) se diferencien las
esferas de valor ligadas a los distintos tipos de discursos del saber. En estas condiciones, la
legitimación del poder ya no puede apelar a las imágenes tradicionales del mundo para justificarse,
la situación de privilegio de unos y el deber de obediencia de otros. Un desplazamiento de la
producción a la circulación, de la economía a la política, del poder a el dominio.
Él analiza la relación de condicionamiento recíproco entre la economía y las formas de relación social.
Weber sostiene que son los intereses, no las ideas los que gobiernan la acción de los seres. Las
imágenes del mundo constituidas por ideas actúan como guías que determinan las vías por las que los
intereses se mueven. Y las ideas solo pueden tener una eficacia si se alían con los intereses. Esta unión
es la base de las instituciones sociales, del orden institucional que además requiere la creencia en su
legitimidad por sus miembros. Un orden legítimo presupone ideas acopladas con los intereses, esta
integración permite la justificación de las ideas y la eficacia de los intereses. En Weber el orden
consiste en mantener que las imágenes del mundo jueguen un papel activo en la formación social.
Por acción debe entenderse (un hacer, un omitir o, permitir) siempre que el sujeto de la acción enlace
a ella un sentido objetivo con los medios correctos. La acción social, es una donde el sentido del
sujeto referido a la conducta de otros, orientada por éstos bajo la racionalidad de medios afines. Nada
de que el fin justifica los medios. Los criterios de eficacia, eficiencia y efectividad los controlar, para
una racionalidad valorativa que concibió constituyente de la acción burocrática. En Weber el grado
de efectividad de una acción y su logro ideal racional está en la distancia entre ambos. Es el grado de
visión al que llegó la sociedad en la lógica de su ejercicio institucional. Una acción políticamente
desorientada influye negativamente en la lucha política, en la distribución o atribución de los poderes.
El sentido de la acción reflexiva en Weber arranca cuando se hace social y tiene sentido para el otro.
Como la cooperación en la vida social; voluntaria o coercitiva. Parecido a Durkheim encuentra ese
proceso que va de formas coercitivas de cooperación a formas voluntarias. Está comprobado, no
puede haber sentido para un sujeto si no hay efectivamente sentido para otros, ni significado social e
institucionalidad de tal significación. Poco importa que se diga que este sentido nunca nos es accesible
cuando especulamos sobre la sociedad, que lo único que podemos hacer es reproducirlo, reconstruirlo
o “deconstruirlo” (en J. Derrida). Sabemos que hay acciones sensatas sin intención de sentido en el
orden cotidiano, en el discurso ordinario como actos y frases hechas que se transforman en actos
premeditados, gestos, ritos eternizados por la estereotipación mágica dice Weber en movimientos
impensados (anudar o cortar) o en lógicos (unificar, separar, transferir).
La implantación de una racionalidad en Weber centrada en la eficacia normativa, es decir, burocrática,
que tanto preocupó a F. Kafka en sus obras por restringir la acción de los sujetos a marcos que sofocan
al individuo y al cambio social, por confinar la esfera de lo íntimo al dominio político. Es el régimen
de una burocratización radical vislumbrado de manera sombría por Weber. Porque no se ejerce la
autoridad sin ira ni apasionamiento, “donde la cabeza fría y clara logra dominar en las decisiones
responsables”, ni tenemos tomadores de decisiones en base a la racionalidad, como él recomendaba.
Sino se cifran según las condiciones de institucionalización para asegurar la correspondencia
inmediata a la norma de un acontecimiento, incluso subjetivo, (esperanzas, expectativas, temores,
etc.) que permitan modelos económicos-social fundados en la alta probabilidad de una “relación de
causalidad inteligible”, dice Weber, entre las posibilidades genéricas y las expectativas subjetivas de
prácticas que no tienen como principio las probabilidades. Hace ver que el modelo de la acción
racional no puede ser considerado como una descripción antropológica de una práctica social, porque
la gente no posee la información completa para apreciar la racionalidad de sus acciones.
En Weber, las reglas institucionales proporcionarían fundamentos para imaginarios que funcionarían
como causa primaria de un acontecimiento, de una relación social. En Weber lo imaginario individual
encuentra su correspondencia en un imaginario social encarnado en las instituciones que vislumbran
un posible trayecto de un comportamiento social por su relación estrecha ciertas imágenes sociales,
que funcionan como proyecciones de la realidad. Mediante una construcción imaginaria compartida
de los intereses y la racionalización en; la adquisición de roles, de funciones, de autoridades, de
normas reguladoras de la vida social los humanos se autogobiernan. Sí la soporta una democracia
política, hay alta preponderancia de elementos emotivos e imaginarios en ella. La masa, dijo E.
Canetti, acorde a sus estratos sociales piensa solo en el hoy y hasta mañana.
Para C. Marx una de las representaciones del mundo emana de la falsa conciencia individual que
contribuye y refrenda el orden social. Después Sigmund Freud contemporáneo de Durkheim y Weber,
elabora sus dos teorías psíquicas; la primera, preconsciente, inconsciente, consciente y, la segunda,
ello, yo y superyó, buscando explicar la relación cuerpo-alma en el comportamiento humano y, la
psiquis imaginaria. James Williams consideró al inconsciente gran descubrimiento de la humanidad.
Y serviría para explicar el imaginario como compensación ilusoria de la carencia de lo real, que
alumnos y seguidores de Freud como G. Jung, J. Lacan y otros desarrollarán. Destacando a la psiquis
humana como fuerza independiente de su base biológica para explicarla y, a la sociedad.
Freud atribuye un papel esencial a las imágenes en el funcionamiento de la psique, por su carácter
simbólico son intermediarias entre un significado inconfesable en el inconsciente, y un significante
confesable en la consciencia. En Freud las fuerzas que determinan nuestro ser inconsciente no pueden
figurar en nuestra consciencia. Una realidad que aparece duplicada en el sueño, custodio que reduce
la censura de la mente en el estado de vigilia y tolera descensos al umbral de la conciencia. Es sostuvo
Freud, síntoma y desciframiento del significado de sus imágenes la remisión de causa-efecto. De
desenfreno de la libido, siempre sexual en Freud, lleva a fantasías y a otras imágenes con la relación
simbólica de la culpa. Por eso la culpabilidad siempre es preferible a la angustia. La angustia en sí
misma está en la teoría de Freud está ligada a una pérdida, a una transformación del yo.
Freud estudioso de la mitología griega, que de alguna manera observé en libros, signos, figuras dentro
de su estudio-museo en Viena, además de su famoso diván. Tal mitología está en su producción
científica como la relación narcisista del tercero mediador del sujeto como imagen de dominio por
medio de la cual su deseo puede realizarse simbólicamente. También está en sus obras Edipo y otros.
El símbolo o signo considerado por Freud como efecto exaltado hace accesible su sentido más allá
de cualquier reducción de sus condicionamientos sexuales, morales o biográficos.
Freud hace una distinción de dos tipos de representación en el psiquismo: la de la cosa y la de la
palabra. La primera consiste “en la investidura, de imágenes directas de cosas, o derivadas de
aquellas” que han quedado en la memoria, placentera o no, relativas a las cosas. La segunda está en
la creación de significaciones, de sentidos en la búsqueda de satisfacer el deseo. El deseo sexual en
Freud es el motor de la pulsión y la fuerza que se pone en juego en el flujo incesante de la imaginación
radical. El deseo como el anhelo que pone en acto la satisfacción a través de la realización alucinatoria
que admite darle cuerpo de imagen a la percepción para generar representaciones y crear símbolos,
anotarlos en el imaginario social como norma de reproducción, de convivencia y supervivencia.
Sería Carl Gustav Jung el primero que ve a la imagen como síntoma de salud psíquica. En C. G. Jung,
todo pensamiento descansa sobre imágenes, denominadas por él arquetipos, que son esquemas
funcionales que modelan el pensamiento inconsciente y hacen funcionar a la consciencia. Forman
parte de lo que llamó “inconsciente colectivo” como contenidos mentales reprimidos de naturaleza
universal. Al ser percibidos por cada conciencia individual presentan variaciones sobre algún tema
fundamental, pueden convertirse en conciencia social. Algunos constituyen etapas en el camino del
autoconocimiento, otros se van presentando en el proceso como arquetipos: de situaciones, de lugares,
de medios etc., que simbolizan distintos tipos de transformación. Para Jung, el conocimiento de los
efectos del arquetipo sobre uno mismo está en los esfuerzos para lograr las metas hacia la cual tiende
nuestra naturaleza, siendo la imaginación activa el modo para lograrlo.
En Jung, el mito pone de manifiesto determinadas estructuras y parámetros del alma, es una
representación consciente del arquetipo, que constituye el centro energético del inconsciente
colectivo. Jung realizó la exploración del imaginario buscando más allá de sus límites geográficos,
viajó a Kenia, a Uganda, a la India. Descubrió que la textura íntima de muchos sueños de
occidentales era de contenido comparable a los mándala rituales de la India y del Tíbet. Para Jung él
soñar con su ascenso de imágenes tiene un carácter prospectivo de actividades conscientes futuras.
Algunos han encontrado soluciones a problemas en el sueño. La noción de libido en Jung a diferencia
de Freud es energía psíquica neutral (sexual, creativa y destructiva).
La función mediadora del símbolo expuesta por Jung pertenece al mundo donde la creación simbólica
es continua por incesantes metamorfosis de la libido. Lo imaginario solamente afirma su modo real
de existencia si tiende hacia un término necesario. El signo de Freud es como síntoma y el símbolo
es el arquetipo de Jung. El símbolo en Jung es multívoco, no puede ser nutrido a un efecto dependiente
de una causa única. El símbolo remite a un contenido, pero no a uno solo. Lo que Jung denomina
“arquetipo” es un “sistema de virtualidades”, “un centro de fuerza invisible”, “un núcleo dinámico”,
“elementos de la estructura misteriosa de la psique”. El arquetipo es una estructura organizadora de
imágenes, que desborda las configuraciones individuales, biográficas, locales y regionales.
Jung refiere al imaginario cultural afirmando que “la fantasía creadora dispone del espíritu primitivo,
olvidado y sepultado desde hace mucho tiempo, con sus imágenes que se expresan en las mitologías
de todos los pueblos y épocas”. El conjunto de esas imágenes es como reservorio simbólico en el
inconsciente colectivo, heredado para todo individuo. Por ello las imágenes mitológicas es normal
que surjan de modo espontáneo y coincidentes en todos los rincones de la tierra, en todas las épocas.
De ahí que sea perfectamente natural que nos relacionemos con fantasías míticas alejadas cronológica
o étnicamente y sean parte de nuestra conciencia colectiva.
Jacques Lacan (veremos de él en la parte IV) es quien más ha desarrollado el tema imaginario,
obviamente recogiendo aportes de Freud, de Jung y de Claude Levi Strauss, para quien la conducta
individual tiene sentido en el marco del lenguaje. Hay una gran cantidad de prácticas que tienen que
ver con el lenguaje y que solo las comprendemos desde su práctica, dijo C. Levi Strauss, quien refiere
lenguaje dice sociedad, la lengua se convierte en interprete de la sociedad y, el humano se constituye
como sujeto a partir de la capacidad de hablarlo, leerlo y entenderlo para inscribirse en un grupo
social determinado. De manera que la historia oral, los refranes y dichos se convierten en imaginario
social del mundo subjetivo donde nos paremos. Particularmente en México, donde el albur y el doble
sentido de la palabra es parte de nuestra cotidianidad.
La lingüística saussureana influye la antropología de Lévy Strauss en su idea de “eficacia simbólica”
y el énfasis estructural del parentesco. Lo simbólico es deducible del lenguaje como lo plantea
Ferdinand de Saussure en sus escritos. Lévi Strauss proporcionó los medios para la ruptura instaurada
por Durkheim del empleo del pensamiento mitológico como objeto, en lugar de ponerlo en
funcionamiento, como lo han hecho los mitólogos indígenas, para resolver mitológicamente sus
problemas. A la tentativa de Durkheim por “explicar la génesis del pensamiento simbólico” Lévi
Strauss dijo “Los sociólogos y los psicólogos modernos resuelven ese tipo de problemas apelando a
la actividad inconsciente del espíritu; pero en la época en que escribía Durkheim, la psicología y la
lingüística todavía no habían alcanzado sus resultados fundamentales. Lo cual explica por qué
Durkheim se debatía en lo que consideraba antinomia irreductible (un progreso considerable del
pensamiento de fines del siglo XIX): el carácter ciego de la historia y el finalismo de la conciencia”.
Protesta Lévi Strauss contra las lecturas que alojan al mito en la “estupidez primitiva” relacionando
en forma directa las estructuras de los sistemas simbólicos con las estructuras sociales, con la
distribución espacial de la aldea, no olvidar que las acciones mágicas son fundamentalmente
mundanas, dominadas por la preocupación de asegurar el éxito de la producción, la reproducción y
la supervivencia orientada hacia fines prácticos, vitales y urgentes. Su ambigüedad reside en el hecho
de que se ponen al servicio de los fines reales y totalmente irreales que se engendran en situación de
desgracia (colectiva), como el deseo de sobreponerse a la muerte, a la desdicha por una catástrofe,
una lógica fuera de toda intención consciente, por un cuerpo y una lengua estructurados y
estructurantes creadores de actos simbólicos que no debería llevarnos al relativismo cultural.
Según Lévi Strauss en su obra “Antropología Estructural” de 1961, cuenta que los humanos vemos
el mundo a través de categorías de pensamiento o entendimiento. Que los mitos nacen de la necesidad
de crear instrumentos para procesar problemas, inventar una estructura de imágenes que confiera
sentido al resto del mundo. Sucesos que se escapan al racionamiento lógico y cuya explicación basada
en creencias, superstición, o moralidades sustentan reglas sociales que nacen de la inventiva del
humano. A su vez, las leyendas se sitúan de forma imprecisa entre mito o suceso verídico que le
confiere la singularidad que poseen. Si las contamos en el tiempo y lugar familiares a una comunidad,
el relato aporta cierta verosimilitud. Diremos como Saussure, “el sujeto alucina su mundo” a través
de la palabra y de la lengua, aunque sus satisfacciones ilusorias e imaginarias no pueden ser de todos
los órdenes. Y Lévi Strauss, inicio la idea de que la sociedad se expresaba como “algo estructurado y
organizado como un lenguaje” según la teoría de Saussere. Y nació el estructuralismo social.
México, 8 de diciembre de 2023.
José GaxiolaLópez @GAXILO
