LOS RECOVECOS DE LOS IMAGINARIOS Y DE LAS CONSCIENCIAS Parte VIII(8)
José GaxiolaLópez
@GAXILO
La imagen, la imaginación y el imaginario están altamente correlacionados. La noción de
imagen es el origen de lo imaginario entre los historiadores, como lo subrayó J. C. Schmitt,
en “Imago: de l’image á l’imaginaire” del rol que las imágenes psíquicas, de la memoria, de
la lengua, de los materiales, del ambiente físico, etc., han jugado igual en el pensamiento,
funcionamiento y la transformación social. Se nombra “imagen” a una variedad de objetos y
de sujetos; a) imágenes graficas; esculturas, arquitecturas, plásticas y diseños. b) imágenes
verbales; metáforas, dichos, consignas, lemas, descripciones, poemas, narrativas. c)
imágenes perceptuales; sombras, apariencias, formas, especies, proyecciones, reflejos. d)
imágenes sensoriales; sonido, gusto, tacto, olor, de orientación. e) imágenes mentales,
sueños, recuerdos, ideas, apariciones, fantasmas, arquetipos. f) imágenes de sujetos; gorde,
alte, baje, guape, male, buene, buchone y varios estereotipos creados sobre las personas como
las que Lombroso usó para describir criminales, los nazis para identificar arios, hoy usadas
para discriminar. g) imágenes falsas; sobre productos, personajes, marcas, empresas y otras.
La imaginación es un acto individual para idear, crear mentalmente imágenes dada una
información recibida del presente o en la memoria o, percibida a través de los sentidos para
representar algo o alguien, proyectándola a la realidad, sea a través de una expresión artística,
un pensamiento racional, una expresión, un juicio o un sentido sobre algo o alguien. C. S.
Peirce dividió a las representaciones en tres categorías; a) la semejanza, como la fotografía,
el modelo, la maqueta, el cuadro, b) la causal-metonímica, como el agua que representa la
relación entre el hidrogeno y el oxigeno, y c) la convencional, el trono, el cetro, las medallas,
etc., son de las que hay más construidas socialmente. En todas, la imaginación esta presente,
así como el imaginario. Las ciencias sociales y las humanidades las estudian, al menos, en
seis vertientes en relación con el imaginario: 1. en la creación artística, 2. en la narrativa
(oratoria o literaria), 3. en los arquetipos inconscientes y sus signos, 4. en el funcionamiento
de las sociedades, 5. en la historia social y, 6. en la religión y su simbología.
No voy a tratar todas esas posibilidades, cada una ha creado una intimidante cantidad de
obras y, hay bastantes especialidades que las estudian de; la física, la biología, la química, la
tecnología. Particularmente, cuando este ensayo se refiere al imaginario social. Por ejemplo,
en la óptica, R. Bacon dijo que “la luz del sol ejerce su fuerza sobre los objetos a través del
aire” fuerza que llamó “semejanza, “imagen”, “especies” y “formas”, provocando el accionar
del mundo, ya que actúan sobre los sentidos, el intelecto y en toda la materia para la
generación de las cosas. Vendrán la descomposición de la luz, la teoría del color, que A.
Ciurlizza del IPN me explicó ampliamente. Las teorías de la forma, de la percepción, de los
materiales, y muchas más imposibilitando a cualquiera abordar todas las posibilidades.
Sin embargo, dos que tres lo han intentado porque si la lingüística tiene a F. Saussure y a N.
Chomsky como referentes, la iconología tiene sus dos personalidades; E. Panofsky, algunas
de sus obras; “Idea: contribución a la historia de la teoría del arte”, “La perspectiva como
forma simbólica”, “Estudios sobre iconología”, “El significado en las artes visuales”,
“Renacimiento y renacimientos en el arte occidental” y, “Sobre el estilo: tres ensayos”. Y
a E. H. Gombrich, ver sus obras; “Los usos de las imágen es”, “La imagen y el ojo”, “Arte,
percepción y realidad”, “Imágenes simbólicas”, “Lo que cuentan las imágenes”, “Norma y
forma: sobre el arte del Renacimiento”, “Ideales e ídolos”, “Arte e ilusión” y, “La historia
del arte”. La imagen es principio y fin en “el orden de las cosas” M. Foucault.
E. Panofsky, decía que el espectador identifica las formas relacionándolas con los objetos
conocidos, apelando a su experiencia, al ver algo dice “parece ser tal o cual cosa”. Y cuando
se trata de personas lo hacemos a través de los actos que aquellas realicen o de sus actitudes
manifiestas. Al primer caso corresponden los iconos. Sobre esos significados fácticos y
expresivos se asientan otros secundarios o convencionales, que ya no son de naturaleza
puramente sensible, sino inteligible. Como son las diversas formas sociales del saludo, de
vestir, etc., . La combinación de muchas imágenes produce lo que antes se llamaba invenzioni
sociaele, Panofsky los llamó alegorías, hoy serían parte de la res significans, del imaginario
social. Él igual se refiere a los valores simbólicos que determinan la selección de imágenes,
historias y alegorías sobre las que se manifiesta “la actitud básica de una nación, un periodo,
una clase, una creencia religiosa o filosófica” de manera consciente o inconsciente.
E. H. Gombrich, en sus trabajos usa de la filosofía de Karl Popper las ideas de “esquemas”,
“hacer y hacer coincidir”, “corrección, ensayo y error”, “conjeturas y refutaciones”. Dice
Gombrich, que cada artista hereda esquemas o imaginarios investidos en la realidad por la
fuerza de la convención. Estos esquemas, más las técnicas y las obras creativas precedentes,
son los puntos de partida desde los cuales el artista comienza su proceso de ensayo y error.
Él utilizó las herramientas psicológicas para entender cómo los artistas vieron y construyeron
sobre las tradiciones heredadas. Con la dialéctica de hacer y combinar, esquematizar y
corregir buscó fundamentar el desarrollo artístico en verdades, mas que en lo que consideraba
moda o vacíos, el “zeitgeist” y otras abstracciones, logrando su obra referente en el arte.
El imaginario, es ese cemento que une a la sociedad para mantenerla dentro de un rango
coherente a una totalidad social psíquica impuesta sobre sus miembros, sin que estos la
cuestionen, aunque la sientan y sepan su existencia. Está en la consciencia, digamos
subterránea, escondida en la memoria, en la sabiduría colectiva, regulando sus interacciones
a diversos niveles. Es casi un invariante del tiempo largo, que resiste al cambio brusco. Hay
varios imaginarios reveló J. Le Goff, porque las sociedades funcionan a ritmos y contextos
diversos. No tenemos una sola herencia. No actuamos en un solo sentido, ni vivimos todos
de la misma manera al interior del mismo territorio, hay pues imaginarios diferentes en
importancia y nivel, unos piden prestado de otros modos de vida, como la modernidad que
nos llega del exterior, así que somos una sociedad compleja y diversa.
Los imaginarios operan como filtros pre configurando la realidad, permiten tomar decisiones,
hacer inferencias rápidas, estructuran lo social con esquemas, modelos, marcos, matrices del
sentido y el pensamiento social construido interpretando significaciones institucionalizadas.
Determinan y crean la percepción de lo aceptado, aseguran su repetición para estabilizar la
vida social, influyendo incluso en las sensibilidades. La producción social del sentido es el
lugar del imaginario, el ámbito en el que se constituye la conciencia individual y colectiva
de la cual emergen miedos, esperanzas y todos los frutos culturales desde hace un millón y
medio de años, mas o menos. Ello permite a los sujetos crear, construir, deconstruir,
resignificar, atribuir valores para anclarlos (o soltarlos) o, de formar expectativas creativas
de nuevas maneras de vivir.
Estos esquemas mentales son independientes de los criterios científicos de verdad, no se
ponen a juicio de las personas, el sentido que expresan es cultural, facilitan que pensemos de
cierta manera sobre cualquier cosa que nos importe. Se aprueban gracias a la convicción, la
fe, la tradición. Dan cuenta de quienes somos, hacia donde vamos, cómo llegamos al presente,
qué expectativas e ideas de reciprocidad compartimos hacia el futuro. Obedecen a herencias,
creaciones, transferencias y/o préstamos, o nacen de nuevas condiciones del presente. Son
garantía de supervivencia, de continuidad, de justificación social, pero pueden cuestionar a
la sociedad, darle toques de anomia o de conflicto, proponerles otras formas posibles de vida,
con figuras que pueden desbordar el orden social. Se sirven de las creaciones estéticas,
literarias, morales, políticas, científicas, símbolos, signos, mitos y leyendas, de la memoria
colectiva, de toda clase de técnicas y practicas sociales para permanecer, perpetuarse o
sobrevivir empleando todas esas producciones y transmitiéndolas.
Penetrar en el significado de los imaginarios que configuran la concepción de nuestra
existencia es conocer a las imágenes que estructuran a los complejos culturales que orientan
el significado de nuestras vidas. La interacción que se produce entre los seres y la sociedad
es el resultado de la necesidad de juzgar como se construyó lo que les rodea. El imaginario
condiciona las ideas que se tienen del mundo haciéndolo propio a través de sentimientos
comunes influenciados por tales esquemas y marcos de referencia. La iconoclastia moderna
ha consolidado la “imagen sin pensamiento”, un imaginario lúdico que relega el texto,
rechaza valores por el único provecho de la brutalidad de los hechos, de la noticia, de 15
minutos de fama. Quizá sea ésta una de las tareas urgentes para desarticular tal subyugo
mediático de imaginarios que banalizan, que tergiversan, que saturan de símbolos falsos y
degradantes a representaciones sociales sobre nuestra tradición y cultura.
Después de la construcción del imaginario social del agrupamiento y de la familia, las tribus
iniciaron la construcción del imaginario religioso que perdura hasta el presente. Las imágenes
del imaginario religioso representadas en esculturas, cuadros, leyendas y, las metonímicas
como el Arca de la Alianza, el Cádiz, el rollo de la Torah, los ángeles, la cruz, y, las
convencionales como los rezos, letanías, cantos, coros, alegorías, proverbios, adagios y, otras
tuvieron un largo recorrido histórico. Las imágenes de la cristiandad empezaron a aparecer
en el siglo III d. C. Antes se identificaban con signos como el pez, anagrama oculto de Jesús
Cristo, por lo de la multiplicación de los peces o, con las iniciales griegas o latinas, IXZVS,
de Iesus Xcistus Zeus Uios Soter o, INRI, de Iesus Nazarēnus Rex Iudaeōrum, “Jesús
nazareno rey de los judíos”. Las letras alfa y omega, porque Cristo dijo “Yo soy el alfa y el
omega, el comienzo y el fin”. Iniciales y letras adoptadas por el emperador Constantino,
constructor de Constantinopla (Estambul), hijo de Helena, quien con el poder de ser la madre
del emperador se fue a Jerusalén a buscar las reliquias de Cristo en los lugares sagrados. La
corona de espinas, la cruz, el sudario, su cara estampada en el manto con el que lo limpiaron
en su procesión al calvario, el Cádiz, el perizonium y alguna otra. Ella encontró, con la ayuda
de buscadores, la cruz de Jesús Cristo, con los clavos. Años después de su muerte ella será
Santa Helena, la patrona de los arqueólogos.
La imagen de la cruz se convertiría el símbolo de la religión cristiana. Después se crean dos
imágenes de Cristo, la del alejandrino de joven y, la del siriaco ya maduro con barba. Al
final del siglo III aparecerán imágenes de María, madre de Cristo. Un siglo después,
aparecerán imágenes alegóricas de la Santa Trinidad al entrar en las iglesias o en el
adoratorio. Existían textos de los santos, evocados en leyendas recogidas por el arzobispo de
Génova, Jacopo della Voragine, en un libro legenda aurea o “libro de oro de los santos” en
el siglo XII. Después irán apareciendo las imágenes en físico de la mayoría de ellos.
En el siglo III d. c. se inició la discusión sobre el uso de imágenes religiosas entre cristianos
y paganos quienes querían seguir adorando a muchos dioses de acuerdo con sus tradiciones
griegas, y los cristianos defendían adorar a solo uno. Pleito que culminó en la época de
Bizancio hasta el siglo IX, cuando los iconoclastas fueron vencidos, estos destruían imágenes
para purificar la iglesia de la idolatría, contraria a la de los iconófilos que buscaban
conservarlas. Toda religión es funcionalmente dogmática divide al mundo en dos; los fieles
y los sacrílegos. En Inglaterra, su guerra civil del siglo XVII fue una pelea por imágenes,
símbolos y rituales religiosos y, contra el ícono del monarca. En ese país, con la reforma se
buscó purgar de ídolos la mente de los pensadores de la época y, la de otros. Antes, en España
y en México, la inquisición jugó un rol parecido, pero más radical e inhumano.
Todo tiene origen en la idea del Dios invisible de la tradición judea-cristiana y, en todas las
religiones antiguas de la Mesopotamia que prohibían las representaciones visuales de sus
dioses. Como los israelitas no vieron su imagen en el Monte Sinaí, tienen prohibido hacerlas
de su Dios. Cualquier adoración a una representación material es una herejía. Moisés pidió
verlo, “mi faz no podrá verla nadie y sobrevivir” respondió. Aunque Isaías y Ezequiel dicen
que lo vieron, con rizos dorados colgando cerca de sus orejas, como las que usan ciertos
judíos. No existe imagen de Dios, se le accede a través de la palabra, de ahí los rezos, las
letanías, pero los creyentes exigían ver la corporeidad material de una imagen de Dios. Esto
no era posible, contaminaba su perfección, no podía estar en un lugar y en un tiempo, es
inmenso para encapsularlo en un contorno condenado a la decadencia y a la muerte, como a
toda materia. En medio de esa discusión aparecen las imágenes de la Cruz y de Jesucristo
como representando a Dios, después otras como “La mano de Dios” de Miguel Ángel en la
capilla Sixtina del Vaticano que es una metáfora nemetónica de su poder. En la antigüedad
grecorromana había representaciones varias; el Fauno, la lujuria; Tántalo, la avaricia;
Belerofonte, la inteligencia; Ganimedes, el alma; Palas, la protección de vírgenes; Minerva,
la prudencia y la sabiduría; Apolo, la verdad; Venus, el amor; Juno, la memoria; Prometeo,
el fuego; Atlas, la astrología; Epeó la cobardía, etcétera. En resumen el imaginario religioso
ha construido y soporta a un conjunto de símbolos, emblemas, milagros y muchas cosas.
Pasando al imaginario cultural, que tiene su hábitat en la danza, el teatro, la escultura, la
pintura, los cantos, la oratoria, la poesía, los dichos, los juegos, los cuentos, las leyendas, la
abstención, los silencios, las astucias, la burla, la ironía, el cinismo, entre otros. La creatividad
en lo creado representa lo imaginario con caracteres específicos que varían según los medios
del creador: el oleo del pintor, el aparato del escritor, las máquinas, el escenario de los actores.
Un cuadro, una sinfonía, un poema, una escultura, una obra de teatro son productos de lo
imaginario, ellos desbordan a los materiales que los constituyen, además de sus atributos e
interpretaciones propias encuentran eficacia significativa en el imaginario social, aunque
distorsionen la imagen como Picasso y seguidores buscando confundir al ojo. Los análisis
del arte en general, de literatura en particular develan problemáticas y realidades de
imaginarios diversos. Esto enriquece la comprensión ya que toda obra escrita o no escrita,
icónica o verbal figurativa son fuente de información. A ello debemos la revalorización de la
relación entre la imagen figurativa, la imagen poética y lo imaginario que logran vislumbrar
referencias, proyecciones no opuestas a lo real, sino en una perspectiva social particular en
la que lo imaginario individual del creador se convierte en un imaginario social concreto,
abriendo la vía para pensar los imaginarios de una sociedad en un tiempo determinado.
Distinguiendo las creaciones literarias que lo definen, lo muestran, lo expresan y lo hacen
sentir. Las palabras, no solo sirven a la imagen, sino que aclaran las cosas y sucesos que
representan con cierto resplandor intelectual como la Genealogía Deorum de Boccaccio
hacia 1360, el primer intento humanista de revisar las fuentes mitológicas o pintar la “última
cena” por Leonardo da Vinci. Igual lo hace Moliere, en 1793, con “El Enfermo Imaginario”,
Johan Huizinga en “El Otoño de la edad Media” de 1919, recurre a la literatura y al arte para
rescatar los sueños lúdicos medievales, así que en muchas el imaginario esta presente; La
Metamorfosis, Orgullo y Prejuicio, Don Quijote de la Mancha, Cumbres Borrascosas, El
Retrato de Dorian Gray, Crimen y Castigo, Los Miserables, El Conde de Montecristo, La
Ilíada y la Odisea, 1984, Cien años de Soledad, Ulises, La Divina Comedia, La Guerra y la
Paz, Hamlet, Moby Dick, El proceso, Rey Lear, Fausto, Los Hermanos Karamazov, El Gran
Gatsby, Pedro Paramo, Noticias del Imperio, Las aventuras de Tom Sawyer, Ulises, Los
cachorros, El Aleph, Rayuela, El Ruido y la Furia, Canaima, y muchas más.
Jean-Pierre Richard analizando “L’Univers imaginaire de Mallarmé ” utiliza constantemente
la palabra imagen para desarrollar su crítica literaria bajo la concepción de que la lectura
literaria es un proceso de identificación de imaginarios únicos, reveladores de lo que
representa la obra. En el terreno de las letras contrario a lo que ocurre en el arte visual, las
imágenes son mentales, psíquicas, poéticas, provocando la constitución de identidades,
encontrando imaginarios, poniendo en juego la representación del espectador, del lector
consigo mismo, con y desde su realidad. O identificarse personajes, como Jean ValJean de
Víctor Hugo; Ana Karemina de León Tolstoi; el Coronel de García Márquez; el Zurdo, de
Elmer Mendoza, entre muchos. Si analizamos lo que ocurre en la sociedad, toda imagen
literaria no encuentra lo imaginario de manera abstracta y absoluta, sino determinada,
reflejando realidades propias o sabidas, de cómo se construyó un sentimiento, una leyenda a
partir de sumas metafóricas y metonimias de la tradición oral, literaria posteriormente donde
hay que revelar lo evidente, imaginarlo. Lo que en principio se trataba de un ensayo histórico
podría calificarse como testimonio sobre sucesos fantásticos de una página del tiempo y/o de
otros silenciados, oscuros y ocultos por silencios impuestos que hoy podrían considerarse
injustos. Las leyendas que permanecen en el imaginario colectivo son el romancero
nostálgico, alegórico de la población, algunos con episodios macabros que recogen
homicidios, fechorías, como en los narcocorridos, o los llamados corridos tumbados, donde
en muchos se desvalora a la mujer y se hace apología del delito. Unas auténticas crónicas
negras. Una instauración de ideas de adoctrinamiento a través de esos imaginarios sociales
instituyentes. Cuidado.
Lo imaginario alcanza un sentido positivo y su significación es realzada cada vez que un
artista crea una obra. Un cuadro, un poema, una novela, son la mejor demostración de lo
imaginario que, sin embargo, conserva mucho de su carácter ficticio. Lo imaginario, muy
próximo del mundo onírico, es la fuente principal para inventar un mundo nuevo. En la
historia de los últimos doscientos años el arte ha tenido puntos de quiebre, rupturas,
vanguardias y escuelas, como el cubismo, el arte pop, minimalismo, constructivismo,
dadaísmo, el futurismo, el surrealismo y otras. Los surrealistas aparecen como los mas
visibles. Desde hace poco mas de 100 años lo imaginario, para este movimiento artístico y
literario era la posibilidad de levantar la prohibición que la razón impuso a la creación. Su
antigua desvalorización, propia del imperio de la razón, la hicieron desaparecer. A. Breton
dijo que con el Surrealismo, se resolvió el problema de la tentativa de oponer lo surreal a la
pareja real-imaginario. El surrealismo sería un aliado del pensamiento plástico, según Pierre
Francastel con esta noción en su libro “La ré alité figurative”. Este pensamiento plástico es
la expresión de las artes y de las literaturas que, según Francastel, sirve de instrumento a los
maestros de las sociedades para divulgar e imponer creencias, la posibilidad a los artistas
para actuar como creadores de imágenes sociales.
Desde hace varios años aparecen festivales de lo imaginario y de los inmateriales en Paris,
con una serie de espectáculos, muestras y exposiciones de lo imaginario en sociedad. El arte,
el folclor, las danzas, los cantos, la poesía, cine, televisión, teatro y la tecnología visual, puro
imaginario se respira en esos eventos. Incluso el bestiario que acompaña a la cultura está
presente, como los Alebrijes mexicanos que ahí se han presentado. Se revisan las narraciones
folklóricas, los mitos, las leyendas y demás formas discursivas con la vasta presencia de
animales reales e imaginados. Vemos resultados de la pluma del escritor, del pincel del
pintor, de la voz y gestos del actor. Intelectuales de diversas áreas hacen circular imágenes,
fomentan la imaginación y el pensar en el imaginario socio-cultural en las relaciones de lo
real con la imaginación en la construcción de imaginarios, para salir del determinismo
simplista descriptivo entre arte y sociedad. Discuten la información y el arte a través de esa
red compleja de imágenes que es necesario decodificar, que se llama imaginario. Descubrir
un mundo nuevo en el discurso explicito del cine, que me tocó atestiguar, para llegar a una
realidad más profunda, escondida, participativa de lo implícito en la sociedad. Se reconoce
lo imaginario producido por los artistas como fuente nutriente de los demás fenómenos
sociales, porque el rol que juegan a menudo de mensajeros o de pioneros, precede al
surgimiento de los comportamientos, de las representaciones, de las tecnologías y acciones
diversas. Edgar Morin, en “Le ciné ma et l’homme imaginaire. Essai d’anthropologie
sociologique” piensa al cine como un fenómeno social y no simplemente estético, que la
imagen manipulada proyectada en la pantalla ordena un imaginario de ilusiones en el
espectador, que lo cotidiano no puede satisfacer. E. Morin propone una antropología y
sociología de lo imaginario que conduzca al corazón de los problemas contemporáneos.
En algunos existencialistas apologetas del espíritu humano, el cual existe por sí mismo y sin
casi nada que lo condicione, la fenomenología y la “razón” tuvieron nuevas vías para
manifestarse en relación a lo imaginario, gracias a Bachelard, Freud, a Jung, Lacan, Durand,
Castoriadis y seguidores, estableciendo vínculos entre las obras de la imaginación literaria y
de las artes, así como de diversas manifestaciones de la imaginación en la psique individual
que lejos de mutilar y censurar las fantasías y la proyección de los deseos, sirven para inspirar
y guiar. Las imágenes mentales y verbales que parecen ser inciertas y metafóricas, no son
solo visuales, implican todos los sentidos para formar ideas, arquetipos, criterios y decisiones
preconfiguradas, incluso en los ciegos y sordos. Muchos esquemas mentales no se pueden
probar aún así confiamos en ellos, porque la confianza es un valor imaginario. Imágenes
mentales que no son estables, ni permanentes como las reales, todos vemos distintos tonos
de verde, pero decimos que tal o cual cosa es verde, todos sentimos el frio aunque no lo
vemos. El concepto silla puede ser desde una silla común hasta la imagen de una presidencial,
como en la que no se sentaron ni Pancho Villa ni Emiliano Zapata. Igual con las imágenes
oníricas que no son visuales, como la de patria, justicia, solidaridad, etc. Es tarea de la
filosofía y de la ciencia descifrarlas o, desacreditarlas para revolucionar la consciencia, que
lo empezaré a tratar en la siguiente parte de este ensayo.
José GaxiolaLópez@GAXILO
México, 26 de febrero 2024.
Cumpleaños de Aura
