Los Recovecos de los Imaginarios y de las Consciencias. Parte XI


Por José GaxiolaLópez
@GAXILO


La creencia de que la consciencia humana es maleable ha sido un imaginario muy importante para
los políticos del último siglo, se han buscado fundamentos para lograrlo con la esperanza de alcanzar
una sociedad distinta o que una mejor es posible. El psicoanálisis ha tenido efectos en la psicología
de las colectividades al analizar aquellas dos clases de sujetos que la han influido; El Líder (político,
espiritual, empresarial) y El Capo (jefe de cartel, el ladrón-justiciero). Ofrece además una explicación
del papel del super-yó en una sociedad represora. El super-yó internaliza las normas desde cuando
por primera vez el Ser intentó hacer algo que molestó a la autoridad. Desde entonces tenemos pautas
internas para reprimirnos antes de cometer infracciones, delitos o a deseos no permitidos. Es el origen
de la agresividad que, ante obstáculos a nuestros deseos, se puede reaccionar violentamente, primero
verbalmente y después físicamente, violencia que igual se torna en contra nuestra sea por el contrario
o por una figura de autoridad. También el sentimiento inconsciente de culpabilidad nace frente a
deseos no admisibles por el super-yó.


En “La agresividad en psicoanálisis” J. Lacan la considera dentro de la noción freudiana del instinto
de muerte como “la aporía con que tropezó el pensamiento”. Para Lacan la rutina agresiva necesita
ser comprendida como un desarrollo de experiencias, unas irreversibles e irreductibles, cuyo rasgo
empieza revelarse en el discurso “se desarrolla en y por la comunicación verbal, en una captura del
sentido. Sentido que se manifiesta como tal, a la intención del otro.” Hay palabras más hirientes que
otras, hay discursos que motivan la agresión en una comunidad o del grupo. Está investigado, es
usado incluso como técnicas de motivación, son famosos los gritos en el rugby neozelandés y en otros
deportes. En México, tenemos una rica agresividad discursiva, hasta en cierta música.


Noción de agresividad introducida al psicoanálisis por C. Jung como; representación inconsciente (de
los padres) y, posteriormente en los arquetipos del inconsciente colectivo. Hay que poner atención en
el sentido de la agresividad en ciertos símbolos y síntomas, dijo Lacan, incluida la imagen corporal.
Lacan, afirmaba que la función formadora de la agresividad en el sujeto no puede ser reducida a lo
biológico, ya que los instintos son conformados a partir de “matrices sociales” e imaginarios. Hay un
conjunto de imágenes a atender desde la clínica; sea en la forma que juegan los niños; en los adultos
la forma de vestir, de hablar, de tatuarse, sus modas o ritos como el de la santa muerte. En el
argumento de Lacan hay que; a) situar la agresividad como vivencia intencional, irreductible a un
instinto; b) embutir la noción de este imaginario manifiesta en el cuerpo del sujeto. Lacan destaca un
conjunto de imaginarios desencadenados por una violencia muy agresiva en una sociedad: castración,
mutilación, desmembramiento, dislocación, destripamiento del cuerpo, ahora muy difundidos. La
agresividad y la violencia deben ser entendidas a partir de su función imaginaria. Son parte de un
paisaje teñido de sangre, lleno de cruces, cenotafios y de imágenes grotescas.


La violencia manifiesta, anuncia el terror y la tragedia, con un efecto ineludible en la decadencia de
la moral y la ética del sujeto y de su comunidad, los expone a la vulnerabilidad por miedo, les niega
otras posibilidades de existencia. Y cuando opera como regla de convivencia, de interacción, de
símbolo y cultura, está lista para acceder al poder. Se habla de narco-poder y de paz-narca como
conciencia de dominio racionalizada que organiza la vida de los individuos y mantiene el orden. Al
naturalizarse es recurso físico y simbólico para establecer un nuevo imaginario, otra moralidad,
retorcer la escala de valores para regir la vida. Construye identidades locales o regionales, donde para
moverse hay que hacerlo con mapas y códigos de riesgo. En viaje reciente a un estado considerado
violento, en café con uno de los intelectuales de la localidad, me preguntó si yo consideraba que, en
su estado la violencia ya llegó al imaginario social. Por lo que se sabe, se ve, se lee y se escucha, le
dije que sí. Y ya no solo por masculinidad como cosa de hombres. Hay estudios sobre criminales
describiendo que la mayoría de ellos fueron cebados por una mujer. Poniendo en duda el mito de la
madre y a la lógica de la autoridad patriarcal en su formación. Además, ya hay “Buchonas”.


En la constitución de este imaginario social se avalan y legitiman prácticas violentas, antes permitida
solo para la autoridad y a su brazo armado, pero ya está en el pensar colectivo en algunas comunidades
mexicanas donde piden ayuda a los criminales sobre varios asuntos, por el hostigamiento policial, por
el hartazgo, dado el desánimo provocado por una autoridad formal ineficaz. Así que este imaginario,
está junto con otros atributos geográficos del lugar que dominan, además cristaliza sentimientos de
vergüenza, de inhibición y de desánimo. entre muchos de sus convivientes en desigualdad ante ese
control focalizado que afecta la subjetividad de los niños y jóvenes.

La definición del Líder para la psicología se basa en el estudio del ego (individual o colectivo) y del
narcisismo exacerbado en algunos de los seres, hombres la inmensa mayoría. Se han presentado
repertorios de respuestas, inventarios de características de tal sujeto, una tipología de liderazgos y de
su impacto en las colectividades. Hay registros desde Moisés Maimónides (1135-1204) en la tercera
parte de su “Guía de los perplejos” sobre la adoración de ídolos dice que no sólo es algo inútil,
incapaz de dar frutos, sino además contraproducente, pues deja confundido y vacío a quien se entrega
a ellos. En la concepción de Maimónides, las promesas y las amenazas, medios de orientación por los
lideres, no pertenecen a la idolatría, sino más bien a la imaginación de quien las usa. La promesa de
llegar al cielo, la amenaza de ir al infierno son armas de enseñanza religiosa y de manipulación de la
imaginación de las masas. El multicitado, “El Principe” de N. Maquiavelo. Y de B. Spinoza “Tratado
teologico-politico” igual ofrece guía para construir la virtud imaginativa que motive a las masas.
Igual habla de las condiciones de incertidumbre, de angustia, temor y paupérrimas que socaban la
seguridad existencial individual, como “El coronel no tiene quien le escriba” de García Marques. De
manera tal, que los temas del liderazgo y de la autoridad son casi milenarios.


Citaré la personalidad de tipos de lideres varones estudiados por la psicología. Solo de aquellos tipos
de cuidado. Los liderazgos buenos no los abordaré. La personalidad esquizoide protege al líder de la
regresión excesiva, su aislamiento emocional le hace menos permeable al proceso grupal. Un líder
esquizoide podría frustrar las necesidades de su gente. Estos, generalmente compensan su limitación
con la calidez de sus directivos que le paran y resuelven las broncas. Se caracteriza por la obsesión
que por el lado positivo fomenta la disciplina, la precisión, la claridad y el control. Y un buen proceso
de toma decisiones. Del lado negativo, exhibe indecisiones, lento en la táctica, pierde oportunidades.


La personalidad paranoica representa peligro para las relaciones funcionales del gobierno. Por
disimulo silencioso, intriga inconsciente de sus colaboradores y simpatizantes ataca impunemente a
sus oponentes, por sospechas, por rumores, por desinformación que proyecta su ira. Este tipo de líder
con tendencias sádicas presume controlar a la oposición y llega a ser primordial en él. Cuando el líder
paranoide toma el poder y el control, las características que le ayudaron a conseguirlo dañarán a las
instituciones. Sus percepciones paranoides deformadas de la realidad lo pueden conducir al sadismo,
a la crueldad con los subordinados. Es reiterativo en el mensaje vengativo, forzar a sus oponentes al
sometimiento. Ocasiona pasividad institucional a causa del temor a su autoridad. Se rodea de técnicos
inhibidos, mediocres, sacrificados profesionalmente a cambio de la estabilidad recibida por la
sumisión. Premia con favoritismo y llega reemplazar a la justicia.


De todas las patologías en los líderes, la personalidad narcisista es quizá la más amenazante para las
instituciones. Su desmedido centrismo en él contrasta con su potencial crónico para la envidia. Su
falta de habilidad para evaluarse a sí mismo y a los otros, lo hace incapaz para la empatía con los
demás y sus problemas, los discrimina con facilidad. Su personalidad está regida por necesidades
intensas de poder y de prestigio en puestos de autoridad. Busca más la admiración que el compromiso
con las necesidades sociales, fomenta un culto a sí mismo, afecta estructuras, roles, jerarquías, normas
y funciones. Intensificando la dependencia de él por los que lo rodean que saben lo importante para
él demostrarle admiración, la adulación se convierte en constante en la comunicación con él, con la
debida reverencia. No puede tolerar el éxito y la gratificación de otros, ni acepta a los más calificados
o informados que él, los concibe como amenazas, incluso llega a ofenderlos.


El narcisista, tiende a juzgar a la gente en base a impresiones superficiales de su conducta, de su
prestigio o consideraciones políticas en vez de las cualidades, la personalidad y saberes. Esta
incapacidad para formarse juicios maduros sobre la gente lo conduce a rodearse de lambiscones y
manipuladores que explotan su narcisismo, los honestos y críticos son arrinconados pudiendo
constituir una oposición silenciosa. Igual sacrifica fríamente cualquier consideración de valor,
traiciona sus convicciones y las necesidades comunitarias por lo políticamente oportuno a su interés.
Las cualidades narcisistas de frivolidad, de incapacidad de juzgar o compromiso con valores son él
evidentes. Son los trapecistas de la política, de las gratificaciones inmediatas y de los actos de
corrupción. Este líder llega a tener a muchos integrados, cooptados, afectivos y fanáticos defensores.
Volviendo a la idea de la conciencia colectiva el asunto es ¿Cómo un ser inepto para sobrevivir, por
sí mismo en sus primeros años, puede convertirse en verdadero ciudadano? Piera Aulagnier, esposa
de Castoriadis, dijo que la mente psíquica inicial sufre una separación notable entre el ser y “el
afuera”, sin la cual sería imposible que el individuo social y humanitario aparezca, ni su capacidad
de formar una comunidad política. A través de esta ruptura a la psique se le imponen pensamientos,
acciones ajenas producidos por el deseo de las primeras autoridades. Así el individuo comienza su
recorrido por la polis desde el mutos (mutación), como Giambattista Vico (1688-1744) llamó a ese
tiempo-espacio del ser donde reside la fantasía con la riqueza para irrumpir en lo social. Para vivir de
acuerdo con un imaginario social.


Esta escisión del “Ser” con respecto a sí mismo es el primer trabajo impuesto a la psique en su
inclusión en el mundo social. La historia de su socialización arrastrará en sus etapas las huellas de su
origen. Las vivencias pasadas se impondrán al presente en relación con los procesos inconscientes de
la psique desencadenados por el super-yó. Y pueden ser obstáculo en las relaciones sociales, ya que
la internalización de lo social no garantiza el consenso, cada cual con sus vivencias juzga y discrimina.
Castoriadis sostiene que la institución de la sociedad implica al mismo tiempo la formación del
individuo social, imponiendo a la psique una organización heterogénea a su estado primario un “Ser”
total. “El deseo de unificación total, de abolición de las diferencias y las distancias”. En lo
inconsciente no existen el tiempo y la contradicción, debido a que “agazapado en lo más oscuro de
esa caverna, el monstruo de la locura unificante reina allí́ como dueño y señor en “Deseo y formación
en la creación social”. Es la omnipotencia del pensamiento, la auténtica soberana del inconsciente de
cada ciudadano. Es a partir de ella por lo que en nuestra mente se mantiene siempre vigente la idea
de una vinculación total y universal entre la pluralidad de objetos e individuos que encontramos en el
espacio público” Castoriadis. Por ello nuestro psiquismo nos hace humanos, en el resto de los
animales obedece a su biología.


La posibilidad del cruce entre psique y sociedad es condición para que tengamos cualquier tipo de
existencia, en ese punto radican los procesos de sentido que permitirán verificar en qué momento es
necesario crear nuevas significaciones sociales, cuando una sociedad tal como es, debe dejar de ser
“la misma” para ser “otra”. Ese proceso de sentido de transformación, de cambio social, es el paso
por el cual la sociedad hace emerger formas nuevas de aquello que para ella le hace más sentido. La
sociedad puede hacer de la psique cualquier cosa, con tal de que le prevea a cambio el sentido de su
vida y de su muerte. La psique será́ forzada a investir objetos, acciones, roles, etc., socialmente
valorizados, a abandonar su tiempo e insertarse en el tiempo público que liga a las significaciones
imaginarias para que prevalezca un nuevo orden y coherencia. Una toma de consciencia para
desarrollar otra realidad.


El paso por esta fase triádica (sujeto, objeto, otro) es el primer esbozo de la socialización de la psique,
aunque precaria y relativa se limita a ser transferida a una figura imaginaria que además de procurar
placer, restablece el sentido perdido por la psique a partir de la ruptura de su estado primario
(monódica). Y aceptar que fuera de él existe un mundo independiente de su voluntad, de sus intereses
y de sus necesidades. Del que no tiene control, sin embargo, imprescindible dotando sentido a su
existencia. En palabras de Castoriadis “A menos que se ignoren íntegramente qué es la psique y qué
es la sociedad, es imposible desconocer que el individuo social no crece como una planta, sino que
es fabricado por la sociedad… sin pedirle una opinión que no puede dar… el reconocimiento del deseo
del otro tan legítimo como el propio, ensenarle que no puede hacer que las palabras signifiquen lo
que él querría que significaran, hacerle acceder al mundo social y al de las significaciones como
mundo de todos y de nadie”. Lo que puede revelarse con dos “profesiones imposibles” que habló
Freud: la pedagogía y la política. Pedagogía no como ciertas “madrazas” del mundo árabe u otras
escuelas parecidas. La función de una paideia democrática será para ayudar al Ser a convertirse en
autónomo capaz de darse sus propias leyes, de autogobernarse controlando su psiquismo inconsciente
del Ser, para crear la actividad permanente de imaginar facilitando la imaginación radical.


Una sociedad es autónoma porque auto instituye su propia ley en actividad constante. La autonomía
individual ayudaría en esto, según Castoriadis constituye una nueva instancia de la psique, un
ejercicio interminable en busca de la libertad, de la verdad del sujeto creando y arraigando sus raíces
a la historia comunitaria. Consiste en la aptitud de impedir que el inconsciente determine sus actos,
de instaurar una relación reflexiva con los imaginarios. La autonomía, junto con la lucidez, señaladas
por él como necesarias para crear nuevos imaginarios de cambio social son características que en el
mundo presente latinoamericano casi ausentes. En el medio intelectual europeo cuya autonomía
individual ligada a la academia y a la cultura en países poco poblados, cuando surgió la idea, eran
posible los prontos consensos, presuponía pobladores compartiendo determinados rasgos comunes
(individual o colectivamente) aunque no eran iguales. Es innegable que los individuos comparten
ciertos rasgos naturales, pero no todos comparten determinados rasgos sociales (clase, raza, etc.). Hoy
tal vez el consenso sea posible en unos de los 47 países-islas como; Bali, Borneo, Islandia,
Madagascar, Nueva Zelanda, Taiwan, Malta, Chipre, Mauricio, Singapur, Sri-Lanka y otros.


Hobbes descubre que la igualdad está en la naturaleza de los seres que los rige y se impone en las
relaciones entre ellos. Lo que afligía a Hobbes era la desigualdad natural y no la desigualdad social.
Rousseau compartió la tesis de igualdad natural, pero no le atribuye las consecuencias destructivas
de Hobbes. La desigualdad social es la fuente de todo mal, perversión y esclavitud, dijo Rousseau en
“El Contrato social”; entiende por igualdad que el nivel de poder y de riqueza sea el mismo; “el
poder, esté por encima de toda violencia y nunca se ejerza sino en virtud del rango y de las leyes, en
cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para comprar a otro,
que ni ninguno sea tan pobre como para venderse”. En tiempos de la modernización globalizada,
consolidando una nueva etapa del capitalismo, los consensos, la autonomía individual, las ideas de
igualdad, el modo de concebir la fraternidad y la libertad desempeñan una naturaleza diferente en
nuestras sociedades. Hay situaciones en las que individuos o colectividades no son tratados como
iguales, somos testigos, lo hemos vivido. Esto no invalida el valor del principio igualitario, su norma,
ni la exigencia de que la igualdad sea reconocida, no solo formalmente, sino que se traduzca en una
realidad. A pesar de que “Todos los ciudadanos, son iguales ante la ley”.


Ante el justo el principio igualitario, se condena por injusto el trato desigual. Admitir la desigualdad
formal y jurídica no significa que ello garantice una justicia suficiente y eficiente. Porque el problema
de la igualdad y la desigualdad asociado a la justicia no se aísla de la realización o emancipación del
sujeto. Hay situaciones para fundamentar la igualdad, como la satisfacción de las necesidades básicas
(alimento, salud, vivienda, educación, trabajo, jubilación) para todos. Así que, la igualdad jurídica,
aun universal, es insuficiente. Teniendo presente las desigualdades reales, la autonomía individual se
torna imposible de realizar en un espectro amplio de la población, mucho menos revolucionar sus
consciencias, crear imaginarios, tal vez se logren ciertos consensos y representaciones sociales
temporales. Es mejor pugnar por abolir las desigualdades dominantes en nuestro contexto; la pobreza,
la miseria, el hambre y la marginación, antes de pensar en la autonomía individual.


Tal autonomía y lucidez se logra en pocos individuos con capacidad para los consensos, para
organizar grupos, formar organizaciones auto gestionables y dirigir a comunidades. Algunos crean y
lideran partidos políticos, encabezan movimientos sociales que querellan lo instituido, desbordan la
vida institucionalizada, producen subjetividades activas, imaginarios radicales para reformar el orden
de gobierno. La naturaleza psico patológica de los lideres narcisistas funcionan en esas situaciones y,
es fácil identificarlos en política moderna de moda: El Populismo (de izquierda y de derecha). Los
liderazgos populistas narcisistas son muy hábiles para zarandear miedos, ansiedades, esperanzas,
identidades y representaciones del grueso de una población impotente para encarar sus contingencias,
aparentemente asentadas, lo que no es extraño que proyecte sus fantasías en ese nuevo tipo de ídolo
que de forma mágica ofrece seguridad, salud, perdurabilidad material y otras hierbas. El arrastre
masivo que provocan sus promesas puede guiar a una tiranía perversa e impondrá ideas en nuestros
cánones internos. Al controlar al país las masas dependerán de su ánimo, lo imitarán, por falta del
conocimiento causal requerido y de crítica para contrastarlo.


La idea psicoanalítica sobre el liderazgo narcisista popular lo trata T. Adorno en “La Personalidad
Autoritaria” donde aborda la socialización de las personas autoritarias y prejuiciosas, ampliando la
visión de sus seguidores en la teoría crítica de la escuela de Frankfurt al explicar las condiciones
psicosociales implícitas en el surgimiento del movimiento fascista alemán a través de las actitudes de
sus protagonistas. Leer a; A. Adler, K. Horney, H.S. Sullivan, Erich Fromm, Arendt y otros que
estudiaron las concepciones y prácticas de la lucha por el poder, la teoría de la motivación, las que
incorporan conceptos neurofisiológicos en el comportamiento y en la lucha por la autorrealización.
Ernesto Laclau, ligado al peronismo, en su obra referente de “La razón populista”, presenta los rasgos
de las lógicas que determinan la formación de identidades populares. En su proyecto de construcción
de una democracia radical revalora al populismo, repelido como lugar irracional y emotivo de las
masas, propone la “racionalidad populista” para repensar las identidades sociales. Para él, constituye
una forma legítima de construir lo político al remitir la reconciliación de la sociedad consigo misma;
en una “práctica gradualista” para simplificar la política como una gestión social racional. Seguidor
de Gramsci, Althusser y de Lacan, Laclau los incorpora al análisis de la hegemonía y en la formación
de identidades para comprender los éxitos y fracasos de las acciones colectivas en el contexto de un
capitalismo globalizado. El populismo, en la práctica se muestra construyendo otra hegemonía. Él
reconoce que “nunca habrá una lógica popular dicotómica que disuelva en un ciento por ciento el
aparato institucional de la sociedad. Y tampoco habrá un sistema institucional que funcione como un
mecanismo de relojería tan perfecto que no dé lugar a antagonismos y a relaciones equivalentes entre
demandas heterogéneas” Laclau, en “La Razón Populista”.


Con su esposa, Chantal Mouffe, en la obra “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una
radicalización de la democracia” critican las crisis de las izquierdas y a la expansión del
neoliberalismo. Para ellos, el reconocimiento del carácter discursivo de las relaciones sociales es lo
que precisamente posibilitaría tomar conciencia de su dimensión contradictoria. Descubren desde otro
posicionamiento intelectual la irrealidad de los aparatos burocráticos ideológicos de Althusser.
Reconocen que en el populismo “puede existir y afirmarse a través de la producción constante de
mitos (o mentiras) sociales”. El mito permite “constituir una nueva objetividad, a través de la
articulación de los elementos dislocados”, el desorden y descontento social frente a la dificultad de la
gente de alcanzar una calidad de vida plena. Laclau distingue niveles de dislocaciones, relacionando
el éxito de los mitos en los imaginarios sociales predominantes con las prácticas sociales de la vida
cotidiana, diferenciando imaginarios en disputa frente a los que se han convertido en hegemónicos y
sedimentados. Así que el populismo es parte del imaginario social latinoamericano, desde el ejemplo
de D. Perón. Sin embargo, lo imaginario no puede fabricar una sociedad “ideal”. Debe materializarse
en relaciones sociales, en instituciones que lo representen y lo comuniquen. Maurice Godelier en “Lo
Ideal y lo material”, dice que “al materializarse en las relaciones sociales, lo imaginario deviene parte
de la realidad social, opera en continuo movimiento en el colectivo, generando cohesión social y en
el sujeto es reservorio de sentido para la configuración de subjetividades”.


El otro fenómeno en el imaginario social es el de la burocratización. La tendencia a la burocratización
en nuestros colectivos ha convertido a la política en una actividad burocrática (como Weber predijo
y Habermas lo confirmó). La gran mayoría de los políticos de los últimos 40 años vienen de las
burocracias. En esa lógica se apropian del espacio público, dominando medios y fines sociales. Ese
pequeño número de burócratas hace pasar sus intereses particulares como interés general. Esa realidad
es tanto social como psíquica. Pensarla o suponerla solo desde lo sociológico o, únicamente bajo lo
psicoanalítico es un despropósito. Tampoco la antropología, ni la etnología logran explicarla. Por lo
cual resulta indispensable conocer cómo es que el sujeto puede constituir una realidad al margen del
poder político bajo la fuerza de otro imaginario, desde su propia imaginación radical, desde su fuerza
originaria. Castoriadis en “Reflexiones Marginales”. Es lo que intenta explicar la psicología social
que considera que la sociedad no es solo el mundo que rodea el sujeto, también su interior morado
por imágenes, representaciones, categorizaciones, arquetipos y demás. Elementos que intervienen en
la cognición de los colectivos, la tensión entre lo individual y lo social, es posible articularlos en la
interacción social que erige al Ser, que internaliza su imagen en la mirada de los otros.


Al iniciar el 1900 aparecen las obras de William McDougall, “An Introduction to Social Psychology”,
otra de Edward Ross, “Social Psychology: An Outline and a Source Book” y, la “Völkerpsychologie”
de Wilhelm Wundt que según él “puede ser considerada como una rama de la psicología (…) Su
objetivo es el estudio de los productos mentales creados por una comunidad humana, por lo tanto,
inexplicables en términos de una conciencia individual, al presuponer la acción recíproca de muchos”.
Adjudica un espacio acotado a la idea de la conciencia. Para él lo más significativo en el humano está
en el inconsciente y en la cultura. De estas raíces aparecerán diferentes corrientes de pensamiento en
la psicología social. Señalo algunas; el conductismo de Floyd Allport bajo las premisas de que el Ser
es su conducta, sus actos en reacción a estímulos externos; su comportamiento es predecible; la
socialización es un aprendizaje. La influencia de Allport sintonizaba con la ideología subyacente al
contexto norteamericano en el que la responsabilidad del comportamiento recae en el individuo. En
“Orígenes sociológicos de la psicología social” de Álvaro, J.L. y Garrido, A.


Las teorías del intercambio social abordadas a partir de la “regla de reciprocidad” que habla de las
motivaciones humanas en termino de costos y beneficios, de medios y fines, así́ como de la
interdependencia que se da entre los individuos que participan en una interacción. Teniendo a G.
Homans como uno de sus exponentes con su “categorización social”. En la Escuela de Chicago
George Herbert Mead va a desarrollar su teoría social de la mente como parte de su psicología social.
Mead caracterizó la integración del individuo dentro del contexto social y la internalización de la
perspectiva del otro en la construcción del Ser. Después aparece la Gestalt bajo la consideración de
que el humano es capaz para realizar actividades constructivas, creativas, recibiendo, utilizando y
manipulando la información. Para la Gestalt, el todo es distinto a la suma de las partes, lo cual acerca
esta teoría a los enfoques sistémicos iniciados por H. V. Foerster “La psicología social como fuente
teórica de la comunicología. Estudia la estimulación como fenómenos interconectados y, a la
percepción organizada por el campo del estímulo.


No quiero dejar de mencionar las principales aportaciones dentro de la psicología social en los
procesos de atribución causal de Heider, la cognición social de Barlett, de Neisser, la disonancia
cognitiva de L. Festinger, el interaccionismo simbólico de H. Blumer y M. Khun, los estudios de
persuasión de C. Hovland y las representaciones sociales de S. Moscovici.


Por último, el socio-cognitivismo propone un paradigma alternativo al conductismo, se fundamenta
en sus teorías en el procesamiento de información en la mente del individuo, aborda los procesos de
apropiación e interpretación de esta. Es el enfoque más próximo para comprender la consciencia y la
inconsciencia. La antropología cognitiva buscó comprender lo imaginario mediante lo que llamó
modelo cultural de la mente. Esquema de pensamiento que vinculan a los individuos y con el medio
que les rodea en su cotidiana sociabilidad, como evidenciaron C. Strauss y N. Quinn en “A Cognitive
Theory of Cultural Meaning”, “Teoría cognitiva del significado y la mentalidad cultural” mediante
las tendencias y temporalidades de significaciones interindividuales en su sistema cultural. En
México tuve la fortuna de conocer y tratar a Rogelio Díaz Guerrero, quien utilizó e impulsó su
enfoque transcultural para los mismos propósitos, diseñando a la vez una etnopsicología mexicana.


Un elemento para considerar si queremos “revolucionar” a las consciencias es tratar de conocer la
estructura sociocognitiva en la población (si es que existe) que debe funcionar a base de imaginarios
salidos del aparato psicogenético que regula las conductas. Tal estructura no se referirá al sistema
neurobiológico, sino a las cualidades psicosociales que sustentan formas de vida individual. Se dice
que hay un exocerebro donde se manifiestan las cualidades de los individuos como un sistema de
acoplado a un mundo interpretado, significado y tematizado. Pues, la realidad existe y la reconocemos
en tanto la signifiquemos desde las posibilidades que traman los imaginarios sociales.
Por José GaxiolaLópez, Mazatlán, México, eclipsado totalmente, el 8 de abril 2024 @GAXILO